Cómo abrir los ojos a la libertad a través del arte y la política


Entiende la política como arte y el arte -siempre- como una manifestación política. Por esa razón cubrió con catorce mil salvavidas fluorescentes el  Konzerthaus de Berlín en febrero de este año como una forma testimonial y urgente de llamar la atención sobre los refugiados que tratan de llegar a Europa como pueden. 

 

"A Europa no le importan los refugiados", dijo el artista y activista político Ali Weiwei, resignado. Por eso el año pasado recreó la imagen del niño sirio Aylán Kurdi, quien con tan sólo tres años llegó ahogado a las costas turcas escapando de los bombardeos. Su cuerpo muerto 

apareció tirado sobre la playa. Ai Weiwei imitó la pose del niño, en el mismo lugar.  

Irritante y polémico, Weiwei aprendió la libertad gracias a su padre y ambos, gracias al arte. El 25 de noviembre llegará a Buenos Aires donde hará la primera exposición importante de América latina. 

Su tema es siempre la realidad, vista desde el lugar de los más débiles. La conciencia social planetaria lo mueve por el mundo, primero filmando y después presentando su documental Human Flow (2017), que retrata la realidad de los refugiados en campos de Irak, Grecia, Jordania, Gaza, Pakistán, Bangladesh y Kenia. Gran parte de su producción -objetos, instalaciones, obras en papel, wallpapers y material audiovisual son los que compartirá en la Fundación PROA a partir del 25 de noviembre, en lo que será el suceso cultural más esperado del año.

Entender la crisis de los refugiados es el gran objetivo de la producción, que también tiene una "aproximación y reconocimiento personal" de Weiwei en relación a este asunto, ya que, perseguido por el Gobierno chino, su familia vive exiliada hace más de una década.

"Ellos (los refugiados) son transparentes, no son nadie y nadie los reconoce ni siquiera como refugiados. Gastan una vida entera como nadie; ellos simplemente no existen y no tienen identidad", describió el artista. También en el mismo sentido dirige el estreno de su pelicula Human Flow (flujo humano) que debutó en el Festival Cinematográfico de Venecia.

La libertad tiene precio para Weiwei. Le costó ganarla y le implica años de su vida mantenerla. Su oposición al gobierno chino le trajo consecuencias graves: fue encarcelado, le negaron el pasaporte, fue espiado (en diversas entrevistas contó que llegó a contar veinte cámaras y micrófonos en su casa de China. Ahora vive en Berlín y viaja a China una vez por año a visitar a su madre.

Roots and branches (raíces y ramas)

-Para mí la expresión artística está siempre relacionada con la lucha política. No hay división entre ambas. Crecí en una sociedad muy politizada: mi padre y toda mi generación realizaron muchos sacrificios. Por eso creo que, como artistas, tenemos una responsabilidad mayor: debemos intentar hablar en público de forma exitosa, o de comunicarnos en forma efectiva con las personas.

¿Qué hizo entonces Weiwei, cuando se sintió asediado por las cámaras del gobierno? Se filmó a sí mismo y publicó sus videos en Instagram. Les dio su propia medicina. 

"El activismo digital y las redes sociales son como el agua o el aire. Entran en nuestras casas. Eso significa mucho para nuestras vidas. Si el agua estuviera estancada de una sola forma, nuestras vidas estarían en peligro. Por eso las redes sociales son fundamentales para alguien como yo, que no tuvo libertad personal ni de expresión. Se trata del ejercicio de nuestros derechos como seres humanos", dice.

"La vida le da definición a mi arte. Y la memoria, la historia. Seguir a mi padre, por lo que él había luchado. El único miedo que podría tener es perder la posibilidad de comunicarnos los unos con los otros.

En Berlín tiene un estudio de arte. No habla alemán, pero tiene entre 30 y 40 personas que trabajan para él y que contribuyeron a exponer sus obras en museos de prestigio como el Tate Modern, en Londres, y además fue uno de los diseñadores del Estadio Olímpico de Pekín, conocido como el "Nido de Pájaro".


En la empresa de retratar este drama, Weiwei cuenta que fueron más de 900 horas de grabación, muchas de las cuales formarán parte de futuros lanzamientos. "Human Flow" fue presentada por primera vez este año en la 74ª edición del Festival de Venecia.

"La curiosidad que me estimuló a producir el documental fue entender cómo las personas eran forzadas a dejar sus casas y cómo es el tratamiento hacia ellas, pues muchas veces no reciben ninguna ayuda", explicó de la obra que incluye testimonios filmados en países como Grecia, Turquía y México.


Lunes, 13 de noviembre de 2017