Que veinte lúmpenes no arruinen la naturaleza de una marcha
Por: Mariana Rebollo
Profesor de Literatura y Letras

Hace unos años, más o menos, empecé a distinguir la diferencia entre ir a manifestarse e ir a pudrirla. A distinguir y aceptar que podés participar de una movilización convocada por una agrupación, gremio o lo que sea con el que tenés diferencias estructurales (CGT por ejemplo) pero con el que también se puede compartir una causa de protesta, y que dentro de ese reclamo en común, vale la unión y la marcha. Todo dentro del marco del derecho.

El tema es cuando sabés (y la experiencia aquí cuenta) que en algunas ocasiones en ese derecho legítimo por el cual vos salís a la calle a pelearla honestamente; se te suma la barra de Cambaceres y diez o veinte más lúmpenes con pista libre para destrozar lo que venga y descontrolarla, más interesados en satisfacer la adrenalina de enfrentarse a la yuta y tirar baldosas que en lograr un avance en algo. 

Y no digo sólo casos obvios de veinte exaltados sueltos pasados de anfetas. Hablo también de los digitados, dispuestos a cualquier cosa, que no miden ningún costo y que funcionan expresamente como fuerza de choque. Entonces ahí yo me retiro. 

Ese reclamo cuenta ahora con gente cuyos métodos y procedimientos consisten en arruinar el éxito del reclamo. Y tienen una capacidad inmediata de provocar desánimo. 

Como cuando dejás de ir a la cancha porque te hartó el folclore del aguante y el show de las barras o pensás dos veces antes de ir a un recital donde parece fija que va a haber un muerto. En el desborde, lejos de la ilusoria y deseada "rebelión popular" o estallido social que llevará al derrocamiento del gobierno burgués y patronal para que asuma una asamblea popular (?), lo único que queda expuesto es que se le dio lugar a la violencia y a los idiotas como representantes de una causa que necesita de otros ejemplos. 

El ejemplo sí es el manifestante que va con su columna de compañeros entendiendo que está ahí no para lastimar y destruir, sino para expresar un mensaje en donde espera que sea escuchado y, en consecuencia, que aquello por lo que reclama se concrete. 

Este manifestante generalmente es sorprendido después por los gases y las corridas cuando el desastre está desatado. El problema es que el manifestante racional cayó en la lógica del violento.Y acá está el otro Big Bang, la teoría del origen de la violencia y una conclusión que me parece (disculpen amigos, lo digo con cierta culpa pero lo creo así) infantil y naif: "La violencia la generan los que reprimen". Otra conclusión no tan naif se ubica desde la inexorabilidad, que no admite factores circunstanciales: "La violencia del pueblo siempre es defensiva"; y finalmente, la gran madre justificadora y sobreprotectora de las conclusiones, que intenta evitar al hijo enfrentarse a sus propios errores, amortiguando la culpa de un hecho aludiendo a que es más grave lo que hizo el otro, como si no se pudiera condenar ambos actos al mismo tiempo: "Es peor lo que ellos están haciendo (la acción que se llevará a cabo o que se promulgó vía Congreso) que un par de piedras y destrozos". 

Ante este tipo de movilizaciones, mal barajadas, donde todas las condiciones están dadas para que salga mal, me permito las siguientes sugerencias que el tiempo y la experiencia creo que me han aportado y que quizás puedan servirle a alguien: 1) De la Gendarmería no esperes nada. Si tienen la orden van a reprimir, acá, en España, en Grecia, en Uruguay o en Australia.Lo de fuerzas que no repriman y responsables etc. etc., andá a discutirlo con Putin. Reprimen bajo una orden y lo mejor que se puede hacer es darse cuenta que tener diez, veinte, cien lúmpenes con muchas ganas de ver un Congreso en llamas probablemente logre que se habilite la orden para que Gendarmería sí, sorpresa, reprima. 

2) Si tenés ganas de verdad que el gobierno no lleve adelante una reforma horrorosa primero tratá de que tu causa no quede deslegitimada por impresentables y violentos. Si no reaccionás con firmeza frente a los desmanes que están haciendo algunos en nombre de la misma causa que defendés, si no repudiás o advertís a otros referentes que te representan, mucho tampoco te estaría importando que la imagen que quede de la causa sea la de los que rompen todo, salvo, claro, que consideres que en el fondo no arruinan a la causa sino todo lo contrario.

 3) Una reforma sancionada se puede modificara través de herramientas legales, sin necesidad de recurrir a batallas campales en el centro de la ciudad. 

Si te sacás de encima a los violentos ¿sabés qué? ¡Hasta vas a tener apoyo masivo de mucha más gente y hasta podría llegar tu partido a ganar (o volver a ganar) una elección! Sería un gesto de responsabilidad por parte de Bergman, de Del Caño, de Pitrola que se desmarquen de las patotas y que condenen los actos de vandalismo, salvo que contemplen que dentro del amplio espectro de "pueblo" y de "revolución" los delincuentes violentos también forman parte. 

Está bien hacer cumplir la ley a aquellos que enfrentamos. A aquellos que abusan de su poder. Y reclamarle a la Justicia que actúe. Ahora, ocupémonos también de qué tipo de personajes se nos están colando en la foto. Porque si el fin justifica los medios, y para lograr ese fin terminamos siendo cómplices de violentos, estamos a muy poquito de ser cómplices o justificadores de individuos capaces de hacer mucho pero mucho daño incluso al futuro gobierno que en nuestro deseo quisiéramos.

Título original: Sobre construcciones y destrucciones

Martes, 19 de diciembre de 2017