La calle es el lugar de las ruidosas minorias
Alberto Mansueti
Abogado y Politólogo Presidente del Centro de Liberalismo Clásico

Mi primer artículo de 2018 dedico a todos los "callejeros" de América latina, los que creen que todo se va a resolver "tomando las calles" a los gritos, con marchas y manifestaciones de protesta. Y "¡No dejes que la calle se enfríe!" Espero que no se ofendan.

Muchos callejeros quieren expresar así su oposición a Gobiernos inspirados en el marxismo, tanto clásico como cultural. Pero la consigna "¡Peuple dans les rues!" se originó en la Revolución francesa de 1789, cuna de todos los movimientos socialistas, desde la Era de la Ilustración hasta nuestros días. El lema se completaba con el grito jacobino de "sans Dieu et sans Roi"; o sea: "Pueblo en las calles, sin Dios y sin Rey".

"Las calles" han sido y son terreno propio de las minorías ruidosas, revoltosas y alborotadoras; desde aquella Revolución que mejor sería llamar "parisina", porque los franceses del interior ni se enteraron.

La oposición efectiva a la izquierda, tendrá que provenir de la derecha; pero de una derecha verdadera, y con conciencia de tal. Es la que apela a la mayoría silenciosa; la que no puede "estar en las calles", simplemente porque está en la oficina o el trabajo, la fábrica, la tienda, el aula de clases, el campo de sembrar y cosechar, la Iglesia; o el hogar, con sus hijos y su familia.

Las izquierdas tradicionalmente controlan las calles, donde ganan; y más hoy en día, contando con tropa numerosa y pagada, que sale de las "oficinas públicas" y los "programas sociales". Y también de las Universidades sale mucha carne fresca y joven, adoctrinada y siempre lista. En "la calle" es donde la mayoría silenciosa pierde, como se demuestra hoy: sus aparentes victorias son anuladas, revertidas, cambiadas al poco tiempo, desde el poder socialista.

Pero desde hace siglos, la mayoría silenciosa inventó un eficaz y noble expediente, para ganar su eterna pugna con minorías ruidosas y revolucionarias de toda laya: es el Parlamento, en el cuadro de la democracia "representativa", basada no en las muchedumbres callejeras, sino en los partidos políticos representativos de sus legítimos intereses, estructurados y organizados, que ofrecen sus Programas de Gobierno, y postulan sus candidatos al Congreso. Claro que los parlamentos y partidos hoy están bajo dominio de las izquierdas; pero ha sido porque las derechas no jugaron, o lo hicieron mal.

Las instituciones representativas están hoy bajo ataque doble. (1) De las izquierdas, con su democracia "participativa y protagónica", ya no representativa. (2) De las derechas malas y bobas, ahora con su política atolondrada y suicida de difamar el método de partidos, y convocar una marcha a cada momento, sin ver que la mera existencia de partidos diversos y opuestos, ya es un límite al ejercicio del poder.

El Proyecto "La Gran Devolución" busca llevar a la práctica el Liberalismo Clásico, hasta ahora encerrado en círculos académicos, y poco visible al público, que hemos traducido en un Programa de Gobierno, muy completo: cinco series de políticas y medidas concretas, "Las Cinco Reformas", y un Plan Operativo o de Trabajo que llamamos "La Salida". Este proyecto, desarrollado en el Centro de Liberalismo Clásico, ha sido el primero en su clase, y hasta ahora el único.

Los liberales hemos practicado siempre un juego político sólo defensivo: los socialistas desde el poder, y los mercantilistas, nos encajan medidas de gobierno y políticas nefastas para la inmensa mayoría; y los liberales nos limitamos a criticarlas a todo pulmón. Es como atajar pelotazos. Y no hemos tenido mucho éxito con ese tipo de juego, a decir verdad; en América latina el marcador muestra que estamos perdiendo.

Porque no hemos hecho el esfuerzo por presentar propuestas nosotros, un conjunto coherente y sistemático de reformas, medidas de gobierno y políticas liberales, capaces de traer prosperidad, seguridad, libertad y justicia a nuestros países, que sea creíble, atractivo, y comunicable de modo asertivo, a fin de revertir los entuertos del marxismo clásico, impuestos desde hace 100 años. Para seguir con la metáfora del fútbol: sería como patear pelotazos al contrario; a eso llamamos "jugar adelante". Es como decir "¡A ver si atajan ellos ahora!"

También estamos firmes en contra del marxismo cultural, y le damos alta prioridad. Pero esa embestida, dirigida desde la UNESCO y demás agencias de la ONU, y operada a través de los Ministerios nacionales de "Educación", de "Salud" y otros superfluos, cuya eliminación buscan Las Cinco Reformas, no puede ser combatida por los medios que quiere la "Derecha Religiosa": con plegarias y lecturas bíblicas forzosas en la "Educación Pública".

Debe ser combatido desde la sociedad civil; y no "en la calle", sino por medio de lo que llamamos Reformas Privadas, Micro-Reformas o Reformas Individuales: en cada escuela, cada Iglesia, cada familia, cada partido político y asociación voluntaria, incluso cada empresa, por parte de la mayoría silenciosa, que hoy se halla inerme y despojada, debido a la aplicación del marxismo clásico en nuestros países.

Para eso necesitamos reformas previas, a nivel de política pública: devolución de funciones, poderes y recursos usurpados por el estatismo, desde el Estado hasta las esferas privadas, desde los Gobiernos hasta los particulares, individuos y familias, Iglesias, empresas, entidades privadas educativas y médicas, Cajas de Jubilaciones y asistencia social privadas.

Somos conservadores y liberales; y en esto hay coherencia, no contradicción. Como conservadores estamos a favor de la vida, el matrimonio y la familia. Y damos enorme importancia a estos temas; son básicos. Pero por esa misma razón, sabemos que la fuerza coactiva del Estado no va a servir para la defensa de valores tan fundamentales. Como liberales, queremos empresas libres, en mercados abiertos, y queremos educación y asistencia médica y social privada, a fin de que cada entidad particular tenga sus herramientas para decidir.

¿Significa esto que una escuela, una Iglesia, una familia, partido político, ONG o equipo de voluntarios, o una empresa, podría decidir, por su propia cuenta y riesgo, y con su propio dinero y recursos, asumir la Agenda LGBTI y el marxismo cultural? Sí. No como ahora, que se apoderaron del Estado para hacerlo compulsivamente, de nuestras funciones, poderes y dinero. Que nos devuelvan primero todo lo nuestro, y luego veremos quién gana. Nos tenemos confianza.

¿Pero no podría ser que el marxismo cultural se termine imponiendo en la sociedad, sólo que por medios privados? No. Es muy simple: si pudieran hacerlo así, no se habrían apropiado del Estado, y por esa vía, de nuestras funciones, poderes y libertades, dinero y recursos.

Liberales y conservadores: la derecha, unida, ¡jamás será vencida! 

Martes, 2 de enero de 2018