El negocio de dirigir un sindicato
Bertha María Carrillo
Periodista

El sindicato de los Camioneros es uno de los gremios más fuerte de la Argentina. Congrega aproximadamente a 200 mil asociados y es manejado por un apellido, "Moyano". Precisamente el patriarca de los Moyano, Hugo, ha sido noticia la semana pasada, no solo por convocar a una protesta para el próximo 22 de febrero, sino por el intercambio de palabras, o más bien, acusaciones, con el presidente argentino Mauricio Macri. ¿El motivo? Su presunto involucramiento en lavado de activos y evasión tributaria.

A la advertencia de Macri que ha dicho que "(Moyano) no tiene que ponerse nervioso, tiene que ir a la Justicia y demostrar que tiene todo en orden. Yo di el ejemplo, fui a la Justicia cuando me denunciaron por los Panamá Papers. Y no me puse nervioso, sino que llevé todos los papeles a la justicia para que hiciera su trabajo"; se suma el "acá nadie tiene coronita", espetado por Marcos Peña en relación al controversial dirigente.

Seguro de su poder, juega a desestabilizar a cuanto gobierno se le atraviese en sus prerrogativas de mayores beneficios a cambio del mínimo esfuerzo. 

Ni la dictadura militar ni los sucesivos gobiernos pudieron restar poder al sindicalismo argentino, cuyos dos pilares recaen en: la personería gremial que reconoce un solo gremio por actividad y las obras sociales que da a los sindicatos el manejo de la salud de los afiliados. Saque usted la cuenta de todas las ganancias que genera el negocio de ser líder sindical.

Sin embargo, es en los siete años del kirchnerismo cuando el sindicalismo realmente logra construir poder como una parte vital y decisiva de su coalición política. Hugo Moyano se transformó durante el kirchnerismo en la expresión más relevante del poder sindical argentino en la primera década del siglo XXI. 

Según el historiador Rosendo Fraga, "durante los años del kirchnerismo en el gobierno, Moyano logró una acumulación de poder singular. Su gremio de camioneros se transformó en un gran sindicato de logística, absorbiendo afiliados de diversas organizaciones gremiales; organizó y consolidó la Central Argentina de Trabajadores del Transporte, alineando a las organizaciones sindicales de marítimos y puertos, ferrocarriles, aeronáuticos y autotransporte; articula la central sindical de la cadena agroindustrial, que puede parar la exportación de granos; logró designar a hombres de su sector en todas las subsecretarías de la Secretaría de Transporte".

Pero, además, este personaje que actualmente ha sido salpicado en una denuncia por presunto delito de "lavado de activos y evasión tributaria", como presidente del Club Atlético Independiente, también logró en la Justicia designaciones de magistrados afines en el fuero laboral. Lo mismo en lo político, y con el apoyo de Néstor Kirchner, fue designado titular del PJ bonaerense.

El ámbito empresario y económico no han sido ajenos a su accionar y su familia se ha desplegado en las estructuras de poder sindical y en las empresas que funcionan alrededor de los sindicatos. Fiel a su estilo matón, utilizó como instrumento disuasivo los cortes y bloqueos a empresas bloqueando, en múltiples oportunidades, la distribución de los diarios Clarín y La Nación, y asumió un rol activo en el conflicto entre el oficialismo y estos medios.

Toda una joya que extiende su legado a través de sus hijos, quienes han diversificado el negocio, operando en el ámbito sindical, empresarial, político y legal. Así, asegura copar todas las instancias del poder y extender su legado corrupto por algunos decenios más. 

En tiempos donde el gobierno intenta limpiar su imagen de la corrupción y el nepotismo, invitando a retirarse del servicio público a los familiares de los políticos, cabe la pregunta si en los sindicatos asumirían dicho ejemplo y erradicarían su tradición hereditaria, tornándose órganos efectivamente democráticos y transparentes. Estarían, los sindicalistas dispuestos a dejar su tradición como enjambre que enraíza a familias cuasi mafiosas, en torno a un motín tan jugoso que es liderar y vivir del sindicalismo (y de los beneficios que extraen del Estado). Porque algo es claro, no se puede pontificar agua y beber vino.

Lunes, 5 de febrero de 2018