La justicia va de la mano de la equidad, no de la igualdad
Enrique Esteban Arduino
El autor es ingeniero en Construcciones. Cuenta con un MBA, con especialización en Marketing Estratégico y Finanzas. Integra el directorio de la Fundación Club de la Libertad.


La Igualdad no es la nivelación de los desiguales, no implica que haya igualdad de resultados. Pedirla es una profunda contradicción, porque se omite la justicia. Es más importante que todos tengamos suficiente para vivir y desarrollarnos dignamente con nuestro esfuerzo personal y no con la dádiva otorgada por el saqueo al que produce

El concepto de igualdad es difícil de interpretar y aplicar en una sociedad, especialmente por sus gobernantes. Se asigna a una repartición del todo en porciones iguales para todos, limitando sus ámbitos y formas de aplicación, y comprometiendo la capacidad de crecimiento de la misma.

Desde la Revolución Francesa, es muy común que se reclame igualdad y justicia para todos, algo aparentemente lógico y merecido observándolo desde un punto meramente altruista, con un concepto dicotómico de bueno-malo, dado-creado; pero que desde un punto de vista moral es irracional y contraproducente.

En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, Jefferson expresó: "Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables".

Pero "creados iguales" no significa con iguales habilidades y cualidades, cuyas diferencias definen nuestra individualidad; significa con iguales Derechos. La igualdad de derechos conlleva obligaciones para individuos y grupos humanos, sin distinción de religión, raza, sexo o nacionalidad.

Lo anteriormente dicho, no implica que se garantice que todos obtengan lo mismo que el otro, no implica igualdad de resultados pero sí que cada uno recibirá por lo que se ha esforzado. La profundidad y altura del progreso del individuo dependerán de su esfuerzo, perseverancia y compromiso.

Esto garantiza que todos los hombres son iguales ante la ley, la divina según su profesión de fe y la terrena según el lugar donde habite. La igualdad proclamada se obtiene por la aplicación de principios de justicia. Es un reconocimiento de la capacidad de todos los hombres para el disfrute de los mismos derechos y también de una responsabilidad equivalente, de idénticas obligaciones. La igualdad no es la nivelación de los desiguales.

Si pedimos igualdad de resultados, nos encontramos en una profunda contradicción.

Reclamando igualdad con justicia entra a jugar un concepto más amplio y exigente: La equidad, definido según la R.A.E., como: a) Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se me rece en función de sus méritos o condiciones. 2) Cualidad que consiste en no favorecer en el trato a una persona perjudicando a otra.


Según Rand, no es justo quitarle compulsivamente el producido de su esfuerzo a un individuo, es reducirlo a la condición de esclavo. Quien dispone de algo ganado sin esfuerzo debe entender que le ha sido dado quitándoselo a quien lo produjo y se ha privado de disponerlo. No hay justicia.

Ante esta circunstancia no se logra igualdad, se logra uniformidad. Resultados uniformemente iguales, quien se esforzó y quien no, nivelados para abajo, sin posibilidad de crecimiento. ¿Cómo se siente el miembro de una sociedad sabiendo que no es necesario ni importante en ella, que cualquier otro puede ocupar su lugar? ¿Encuentra algún incentivo para invertir, perfeccionarse, crear riqueza, si su esfuerzo por superarse no se valora?

Entendiendo la equidad como no favorecer en el trato a una persona perjudicando a otra, debemos entender que la igualdad como garantía de iguales resultados para todos es totalmente injusta, perjudica a quien se ha esforzado y premia al que no. Se debe aspirar a una igualdad con justicia, a la equidad entendida como dar a cada quien lo que merece en mérito a su esfuerzo.

Citando a Walter Williams: "Lo que es justo se ha debatido por siglos, pero permítame ofrecerle mi definición de justicia social: Yo me quedo con lo que gano y usted se queda con lo que gana. ¿No está de acuerdo? Bueno, entonces dígame cuanto de lo que yo gano le pertenece y porqué".

Evidentemente Williams vive en una sociedad injusta, que privilegia la igualdad antes que la equidad, aun a costa de aprovecharse de sus integrantes.

Si se pretende que todos reciban una parte igual del todo a como sea, aparece la figura de un recaudador y un repartidor, generalmente el Gobierno. Aparece la discrecionalidad. Los incentivos de crecimiento estarán mal alineados.

La verdadera justicia social se logra reconociendo el esfuerzo, perseverancia y compromiso de cada uno de sus integrantes, y solo si esa sociedad es ecuánime. Cuando prioriza asistencia y no asistencialismo, lo creado y no lo dado, si la asistencia la orienta al empleo y no a subsidiar el desempleo, si trata de conservar y promover la dignidad de sus miembros y no convertirlos en serviles esclavos, si atiende en la justa y correcta medida el alcanzar la igualdad ante la ley de quienes no cuentan con las herramientas necesarias para desarrollarse.

La equidad como llave para el desarrollo sostenido no es solo cuestión de políticas públicas. Un profundo cambio de paradigmas institucionales y principalmente personales es necesario. El individuo debe comprender que no es suficiente igualar la desigualdad, es imprescindible que la justicia esté presente en el proceso.

Debemos ser responsables de nuestra propia existencia y de esta manera contribuir a la más importante aportación que hace la equidad al crecimiento y desarrollo de una sociedad: que es más importante que lograr que seamos iguales el que todos tengamos lo suficiente para vivir y desarrollarnos dignamente a partir de nuestro esfuerzo personal y no de la dádiva otorgada por el saqueo al que produce, y del cual, consciente o no, somos responsables.

Miércoles, 14 de febrero de 2018