Paraguay pierde la memoria y vota sin apostar a un auténtico cambio
Antonia Bogado Rodas


Letargo social y olvido: dos protagonistas de estas elecciones

No es la primera vez que se dice que la sociedad paraguaya no tiene memoria, o si la tiene, ésta es de muy corto plazo. A días de las elecciones, esta situación vuelve a ser una preocupación para una República que no termina de consolidarse.

Digo que no tenemos memoria, porque nos mostramos totalmente pasivos ante la candidatura de personajes nefastos, que ya bastante daño han causado a este país; y como si eso fuera poco, éstos se posicionan en los primeros lugares en las encuestas. 

Si bien las firmas encuestadoras carecen de credibilidad, basta con ver la cantidad de personas que reúnen en sus actos de campaña para darnos cuenta que la misma mafia política que nos gobierna, volverá a ocupar cargos relevantes en el próximo periodo. Es realmente penoso que no existan opciones considerables para las próximas elecciones, tanto el partido oficialista, como otras grandes fuerzas de la oposición, presentan en sus listas a candidatos cuya honorabilidad, honestidad e idoneidad son más que cuestionables. Y lo que es peor, muchos de estos candidatos fueron en reiteradas ocasiones artífices de pisotear la Constitución y la debilitada institucionalidad de nuestro país. 

Las elecciones serán el 22 de abril

Y es que es justamente la falta de memoria de nuestro pueblo lo que ha impedido el pleno desarrollo de las instituciones características de una República.

 Siempre cometiendo el mismo error, cayendo en el bipartidismo, en el fanatismo enceguecedor, en creer en la oposición por la simple oposición, sin que se analicen verdaderamente las propuestas, ideas y condiciones personales de las personas que pretenden gobernarnos.

En todo este tiempo de dizque "transición", no hemos sido capaces de consolidar un sistema democrático como tal. Transición que se caracteriza por la mala calidad de la representación política, la cual ha sido conformada por gobernantes que se han encargado de degradar y pervertir a las débiles instituciones republicanas que poseemos. 

Es más, yo diría que no existe la democracia en Paraguay, el sistema que tenemos se asemeja más a la cleptocracia, sistema conocido por el abandono de todo sentido de los valores y principios de la democracia convirtiéndose en una caricatura que sustenta un gobierno de ladrones y corruptos, que a una democracia propiamente dicha.

En todo este tiempo nos hemos olvidado de reclamar la necesaria reforma política. Es preciso un cambio en el sistema para poder introducir mecanismos de competencia efectivos. Porque si bien en Paraguay tenemos un "sistema de elección democrático", muchos de los corruptos y crápulas de siempre, aseguran su puesto respaldados en el sistema conocido como "lista sábana". 

Repetimos todo el tiempo que queremos un cambio, pero ese deseo no se refleja en las autoridades que ungimos para gobernarnos. Claro que ese cambio no se materializa únicamente en las elecciones, las elecciones por sí mismas no implican democracia. Pero sigue siendo un elemento necesario para la misma.

Con una reforma política, con una sociedad activa, partícipe y que cumpla el rol de contralor de sus autoridades, se podrá garantizar una mayor eficiencia en el manejo de la cosa pública y sobre todo una distribución equilibrada del poder.

Tenemos que recordar también, que es el pueblo quien a través del sufragio ejerce el poder público. Es el pueblo el que tiene el poder de elegir a sus gobernantes o representantes políticos. Y ha sido ese mismo pueblo, el que durante todo este tiempo ha elegido a autoridades sin ninguna integridad ética y sin absoluta capacidad para gobernar, administrar o legislar. Por lo mismo, va siendo hora que hagamos un mea culpa y asumamos la responsabilidad de haber hecho malas elecciones durante estos años e intentemos revertir ese error para evitar la total decadencia de nuestro país. En algún momento hay que despertar del letargo social en el que vivimos.

Es hora de ser protagonistas de la construcción del Estado de Derecho y de una verdadera República. La sociedad tiene que ser la principal oposición racional al gobierno, manifestar su disconformidad o su apoyo haciendo uso de su libertad de expresión.

Las próximas autoridades deberán afrontar grandes desafíos aparte de los que de por sí, por citar algunos ejemplos, deberán llevar a cabo importantes negociaciones como la revisión del Anexo "C" del Tratado de Itaipú. También tendrán que elegir a casi la mitad de los miembros de uno de los poderes más importantes y cuestionados de nuestro país, el Poder Judicial. Y ante esto, asusta la falta de idoneidad de varios candidatos con serías posibilidades de ser electos para ejecutar tales tareas, aunque existen honrosas excepciones, no son suficientes en un sistema de mayorías.

Tristemente, por cómo están dadas las cosas, se vaticina que la corrupción y la inseguridad jurídica serán nuevamente las protagonistas del próximo gobierno, como efecto de un inexistente Estado de Derecho. Y es que no se puede esperar un panorama distinto, desconocemos en absoluto la importancia de la consolidación del Estado de Derecho, para que consecuentemente, funcione el sistema institucional y disminuya la impunidad. No hemos aprendido como sociedad como funciona la democracia, tampoco lo importante de abogar por la institucionalidad de la República.

Jueves, 12 de abril de 2018
Abogada y coordinadora en Estudiantes por la Libertad Paraguay