Entre chipa guasú y choclotorta: ¿quién es el dueño de la cultura?
Ornella Tirabosco
Periodista. Entusiasta de la formación y del marketing. Generadora de contenidos escritos y audiovisuales. Productora general y ejecutiva. Activista de la libertad. Nacida en Corrientes (Argentina), reside en Asunción


La supremacía cultural de la chipa guasú

Que la chipaguasu es paraguaya, que la choclotorta es un robo, que los "curepíes" son unos chorros... Todos argumentos que se hicieron escuchar durante estas últimas semanas debido al revuelo y la gran indignación que causó en Paraguay el hecho de que denominaran en televisión argentina "choclotorta" a una receta muy parecida a la de la famosa chipa guasu.

Debido a las fuertes críticas, el cocinero a cargo de esta receta tuvo que ofrecer disculpas públicas al pueblo paraguayo por "ponerle otro nombre" a un plato típico. Y tanto escándalo se armó que hasta la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual de Paraguay anunció que patentarán esta y otras comidas: "Evitamos así la apropiación de este conocimiento por parte de terceros (...) y buscamos su protección a nivel intelectual", comentó Leopoldo López, quien lidera esta iniciativa, a un medio local.

Y a este suceso, el fin de semana, se le sumó la frutilla que decora el postre. La banda paraguaya "Tierra adentro" se vio conmovida por un caso de plagio de uno de sus temas por parte de una banda santafesina, quienes no solo utilizaron el mismo nombre de la canción "Viajando voy", sino que presentaron como propio un videoclip idéntico al que originalmente se hizo para acompañar esa composición.

Volvamos a la chipa guasú, ícono de la cultura gastronómica paraguaya. Promoverlo como parte de la cultura nacional es clave en el proceso de construcción de la identidad social, pero prohibir o criticar que un extranjero lo haga es ridículo. Pretender conservar la cultura, pero impidiendo su curso libre, es ridículo. 

No se niega la procedencia paraguaya de la chipa guasú, pero el discurso de ofenderse por "apropiación cultural" es ridículo. La idea de una cultura 100% autóctona es ridícula. El nacionalismo pretende establecer una cultura que hay que "preservar de la contaminación" que provocarían otros aportes fuera de las fronteras. El mundo ya tuvo un Hitler.

La globalización nos ha permitido lograr una fusión de culturas para dar lugar al multiculturalismo. Como dice Alberto Benegas Lynch: "La cultura no pertenece a tal o cual latitud. Es el resultado de innumerables aportes individuales en el contexto de un proceso evolutivo". 

La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. El asunto es que se nos educa con la idea de que la cultura con la que nacemos, o la que está en el contexto en el que nacemos, es el único mundo posible y eso hace que nos creamos superiores al resto con una comida hasta con una canción.

El sueño de una cultura única, pura y especial es, en el mejor de los casos, una fantasía, y en el peor, una amenaza a la vida, la libertad y la propiedad de cada uno de nosotros. La verdadera discusión no está en si la chipa guasú es paraguaya o argentina, o si la sopa paraguaya es más paraguaya que la chipa guasu. 

La verdadera discusión que debemos plantear es ¿cuál es la forma correcta para generar un cambio social? ¿Culturas y comportamientos que diferencian quién es mejor que quién o multiculturalismo para mayor libertad de elección?

Martes, 8 de mayo de 2018
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