Argentina tiene que ganar dos partidos decisivos en el mismo día
Angeles López
Redacción Visión Liberal

En menos de un mes, exactamente el 21 de junio, los argentinos recibirán dos noticias que definirán su futuro: la primera es que ese día vencen las LEBAC y se sabrá si los tenedores renovarán esos títulos o se pasarán al dólar, provocando otro caos financiero. La otra noticia es que ese mismo día se sabrá si la Argentina ingresa a octavos de final o se vuelve a casa, tras el partido que jugará con Croacia.

A la misma hora que cierren los mercados en Buenos Aires, en Nizhni Novgorod -una ciudad a 500 kilómetros de Moscú- la Selección argentina inciará los 90 minutos de juego y decidirá su suerte: sigue en carrera a la Copa o se despide de Rusia. 

El humor argentino, en el mismo día, puede respirar de alivio o estallar de impotencia. Depende los "goles" que hagan el Banco Central y contra el equipo de Croacia.

A los rivales deportivos de Argentina tampoco les tocan días fáciles. Además de gambetear a Messi, deberán olvidar con la pelota los cimbronazos de un gobierno que muestra señales claras de corrupción. 

Hace apenas quince días dimitió la vicepresidenta de Gobierno y también ministra de Economía Martina Dalic, al ser revelado (a través de la publicación de su correo electrónico) los "favores" que la ministra intercambió para la reestructuración de Agrokor, la mayor corporación croata. Una especie de Odebrecht balcánico.

Tanto que la oposición quiere que se vaya también el primer ministro croata, Andrej Plenkovic. En tema corrupción, Argentina tiene una ventaja: en el Indice de Corrupción ocupa el lugar 39. No es para estar orgullosos, pero al lado del puesto 49 de Croacia es un tanto a favor.

La corrupción, esa plaga globalizada, salpica a Croacia pero no ahoga su economía. De hecho, piensan que de acá a cinco o siete años ya cumplieron todos los "deberes" para adoptar el euro como moneda oficial. Y eso es un golazo.

Porque llegar al euro significa tener los números ordenados en cuanto a déficit fiscal, deuda públicos, precios y tipos de interés. Pertenecer a la Unión Europea (calidad que ya reviste Croacia desde 2013) tiene sus privilegios.

Aunque ninguno de los siete países que deben entrar a largo plazo en la zona del euro -Bulgaria, República Checa, Croacia, Hungría, Polonia, Rumanía y Suecia- reúne todos los requisitos necesarios, según el informe de convergencia de 2018 publicado por el Banco Central Europeo (BCE), Croacia planea hacerlo en el mediano plazo.

La realidad es que a Croacia llegar al euro le puede costar más que ganar la Copa del Mundial. En 2016, según el Banco Mundial, apenas creció un 1,9% y el país vive del consumo (60%) y las inversiones no brillan (apenas el 19% del PBI).

La deuda pública es agobiante y tiene al 20% de la población bajo la línea de pobreza. A Croacia le cuestan los cambios (ocupa el lugar 102 en el ranking de innovaciones), y es quizás una de las razones que explique por qué no hace un gol en la cancha del Euro.

Para entrar en el euro el país candidato debe contar con un déficit público inferior al 3%, una deuda pública no mayor al 60 % del PBI y una inflación no superior al 1,5%.

La inflación en Croacia alcanzó el año pasado del 1,3%, mientras que el déficit público pasó del 3,3% del PIB en 2015 a un superávit fiscal del 0,8% en 2017, según datos oficiales.

En lo que Argentina lleva algunas ventajas es en desempleo. No es que en el país de Macri esté bien, pero en Croacia están peor: según datos de 2017, la tasa de desempleo en Argentina fue del 7,2 contra el 11,9 de Croacia. 

Desde 1961 a la fecha, en el país,  solo hubo tres años de superávit fiscal. Esa costumbre criolla de gastar más de lo que se genera se siente en los huesos de la República. Y la inflación y el déficit fiscal son dos dolores de cabeza que ninguna receta económica. todavía, logró curar. 


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Jueves, 31 de mayo de 2018