Ley Justina: un precedente y un avance peligroso
Enrique Esteban Arduino
El autor es ingeniero en Construcciones. Cuenta con un MBA, con especialización en Marketing Estratégico y Finanzas. Integra el directorio de la Fundación Club de la Libertad.


Ley Justina: un avance peligroso

Conceptualmente peligrosa la Ley de Trasplantes que aprobó el Congreso argentino. Pretender disponer del cuerpo de terceros por ley y obligarlo a tener que manifestar su voluntad en contrario es mínimamente perturbador y hasta invierte la carga de la prueba. 

Más aun cuando un legislador a boca suelta sale a amenazar a los ciudadanos, que a los que se manifiesten en contrario les denegará la prestación del servicio de trasplantes. 

Fascismo en estado puro. Esta ley abre la puerta a situaciones sumamente peligrosas e incontroladas para el ciudadano. Pensemos que pasaría en una caso que pese a la ley actual una persona de todos modos no encontrará donante compatible y corriera serio riesgo de muerte o discapacidad permanente, cuando existen muchos potenciales donantes vivos compatibles que no están dispuestos a donar y cuentan con dos órganos como el que se necesita (riñón, corneas, ablación parcial de hígado, etc.) y funcionan perfectamente. 

Así como los padres de la niña Justina reclamaron una ley que avasalla el derecho de propiedad de cada individuo y de la sociedad toda, basándose en la aplicación lisa y cruda del altruismo comptiano, el sujeto de esta suposición podría exigir una ley que vaya más allá, que obligue al no donante que sea el poseedor del órgano que solucionaría el problema a donarlo compulsivamente, a confiscarlo (aunque la confiscación esté expresamente prohibida en nuestra Constitución), aún a riesgo de que signifique una disminución de la calidad de vida o tener un riesgo futuro de muerte que no tendría si no hubiese sido obligado a donar. 

¿Ciencia Ficción? ¿Alarmismo infundado? No lo creo. Una sociedad donde la correción política y los reclamos de igualdad de resultados impuestos por ley es campo fértil para un rápido crecimiento de propuestas de este tipo, más cuando el primer paso, el que más cuesta, ya fue dado con la Ley Justina. 

La nefasta idea de proclama que donde hay una necesidad hay un derecho, permitiría una ley de este calibre donde se justifique el derecho del necesitado aunque se castigue al obligado a satisfacerlo, por o en contra de su voluntad. Como Pandora, Argentina destapó una caja de sorpresas de consecuencias inciertas. Evidentemente, el futuro es nada claro. 

Viernes, 6 de julio de 2018
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