Los recortes son simbólicos y el gradualismo empieza a pasar factura
Ornella Tirabosco
Periodista. Entusiasta de la formación y del marketing. Generadora de contenidos escritos y audiovisuales. Productora general y ejecutiva. Activista de la libertad. Nacida en Corrientes (Argentina), reside en Asunción


Ayer, el Gobierno publicó en el boletín oficial la aprobación del decreto 632/2018, que busca recortar gastos en el Estado. Se congelan las contrataciones de personal, los gastos de movilidad y viajes al exterior, con la idea de lograr una reducción de $25.000 millones a modo de ajuste en el sector público.

En el decreto también se describen otras medidas como la prohibición de implementación de convenios de asistencia técnica, y un recorte en bonificaciones, premios, viáticos y gastos de los vehículos de uso oficial.

Si bien se nota la buena intención del oficialismo para tratar de reducir el déficit, lo cierto es que no es suficiente y cada vez se genera más desconfianza en el equipo de gobierno. 

Más allá de la herencia recibida, los errores de Cambiemos fueron aumentando y el gradualismo ya está pasando factura, provocando que el mercado no tenga motivos para creer que estamos haciendo mejor las cosas.

"Las medidas tomadas para reducir el gasto público están bien orientadas, pero resultan insuficientes para reducir el gasto público en la magnitud necesaria como para dominar la situación fiscal. Por otro lado, no se observan medidas de reestructuración del estado, son más bien recortes de gasto, que no están mal, pero deberían estar incluidos en un plan integral de reforma del estado", opina el economista Roberto Cachanosky con referencia a qué medidas debería tomar Cambiemos para revertir la crisis.

A su vez, agrega que el decreto "no trata el tema de los llamados subsidios sociales. Hay mucho para recortar en este rubro. Por ejemplo, el kirchnerismo dejó 1 millón de beneficiarios más de subsidios por invalidez, sin que haya habido una guerra, un terremoto o un tsunami. Los planes ?Argentina Trabaja' y ?Ellas hacen', son solo subsidios para que los piqueteros vivan del trabajo ajeno, también deberían reformularse y ponerles un límite de tiempo".

Aunque se espera un repunte de la economía en 2019, lo cierto es que aún queda mucho por ajustar. Cachanosky da su pronóstico para lo que resta de este año: "Mi visión es que el segundo semestre va a ser recesivo por caída del consumo, el freno a la obra pública que artificialmente se la estimuló durante 2017 y la falta de inversiones. Solo las exportaciones podrían amortiguar la baja en el nivel de actividad."

Lo que está en duda es si el oficialismo se animará a ajustar lo suficiente como para pilotear la crisis antes de las elecciones. "El mayor ajuste pactado con el FMI es en 2019, cuando habrá que bajar el déficit primario de 2,7% del PBI a 1,3% del PBI, entendiendo por déficit primario el déficit fiscal sin incluir los intereses de la deuda pública. Creo que en un año electoral como 2019 no van a cumplir con la meta, pero el FMI no va a hacer problema y le otorgará un waiver (especie de permiso que da el acreedor para incumplir alguna cláusula o cuestión en particular) a Argentina. Luego de las elecciones se verá", analiza el economista.

"Hasta las elecciones no habrá inversiones de relevancia y el consumo se mantendrá estancado", vaticia Cachanosky

Como cierre, prevé que "hasta las elecciones no habrá inversiones de relevancia y el consumo se mantendrá estancado" pero que "hay posibilidades de que, en 2019, si el tiempo ayuda y no se produce otra seca como la que ocurrió este año en que la cosecha de soja fue muy pobre, haya una mejora en la recaudación". Más allá de las críticas que se reiteran con respecto a la actitud del gobierno frente a un verdadero ajuste, no se pronostica un clima tan pesimista como se puede escuchar según ciertas fuentes.

Miércoles, 11 de julio de 2018