Mala para las feministas: no hay idioma más inclusivo que el español
Angeles López
Redacción Visión Liberal



No hay idioma más inclusivo que el español. Mal que les pese a las feministas encaprichadas en derrumbar todo lo establecido -lo que hay que cambiar y lo que no- nada en el idioma que hablamos indica machismo, heteropatriarcado, discriminación por género ni ninguna otra calamidad de ese tenor.

Ya desde su génesis el idioma dio muestras de ser así. Su primer formato fue el latín, el idioma hablado en el Imperio Romano. Pero solo fue el punto de partida. Como una mecha que fue surcando los siglos y los lugares, el latín mutó en lenguas vernáculas, con identidad. Así, dejó algo de su simiente en el florentino (que dio origen al italiano) y el español antiguo (que después se multiplicaría en todas sus variantes, incluida el castellano).

Pero esa mecha de oralidad mutó otra vez cuando sucedieron las invasiones árabes y de ahí surgieron más lenguas romances como la aragonesa, la gallega, la castellana, el vasco y hasta la lengua germánica de los visigodos. Finalmente llegó a América en la conquista.

Qué le van a hablar de exclusión al idioma que abarcó tanta historia, tanta cultura, tanta simiente. 

Cuántos libros se escribieron con sus grafías, cuantas clases se dictaron, cuántas conversaciones se cruzaron. En ninguna otra etapa de la historia se ha registrado un ataque tan feroz contra su esencia.

No es un tema lingüístico, es un tema político. Y sectorial. E impregnado de miles de otras consideraciones sociales que ahora explotan como una moda y dejan sus esquirlas en todos los espacios de convivencia.

La lengua o el idioma no se generan por imposición de nadie ni obedece a consignas de pancartas. La oralidad va moldeando su uso. El boca-a-boca va disgregando sus definiciones. Va mutando permanentemente, con la lentitud y los tiempos que una mutación requiere, no a los gritos tras barricadas de odio. Así no se construye un lenguaje. Inclusivo, exclusivo, feminista o como sea, categorías que -por cierto- no existen en ningún idioma del mundo.

Y como pasa con otros temas, la culpa no es está en lo que se dice sino en quién lo interpreta.

Porque si en el cuaderno de comunicados la maestra escribe: "Queridos padres", es muy difícil que la madre sienta que a ella no le comunican nada. Al contrario: el "querida madre" (frase en femenino) excluye al padre, lo deja afuera, ni lo nombra. En el primer caso, (masculino) están presentes ambos. Vaya paradoja, resulta que el género inclusivo es el masculino.

Cómo lo solucionan: proponiendo que la frase se escriba así: "Querides xadres". Después pretendemos que los chicos escriban yendo y no llendo o ahy en vez de hay. Quién respondería a una convocatoria donde se cita a los xadres?

Si las palabras discriminan qué harán las feministas con palabras como "gorda/o", la frase "trabaja como un negro/a" o los miles de vocablos que se usan para desprestigiar, castigar, denigrar, abusar y herir al otro. ¿Las eliminarán? La distinción de género que hace el español no tiene nada que ver con el género sexual. Tiene que ver con su semántica y sus reglas gramaticales.

El lenguaje es inocente. No hace bullying a nadie. No entiende de feministas ni de machistas ni cualquier otro "istas" que lo mal use.

La otra: sustituir vocales (a-o) por un signo digital de correo electrónico (@) o por la impronunciable X ¿hará inclusivo al idioma o hará impronunciable las palabras?

¿Cómo se lee compañer@s?: ¿Compañerarrobas?

La discriminación es social. Siempre. Si en una escuela se llama a una reunión de profesores y no deja entrar a las profesoras, es obvio que no es un problema lingüístico.

¿Quién interpreta que en la frase "es peligroso conducir borracho" solo se habla de hombres? Si no quieren decir hombres y mujeres digan "personas". Si no quieren decir alumnas y alumnos digan "alumnado". El desdoblamiento es injustificado. 

Indica, en todo caso, poco manejo del idioma. Que es vasto y abarcativo, inclusivo y abierto, pero que se lo usa muy poco, pocas palabras para expresar ideas. Leer más es también un ejercicio inclusivo.

Si reemplazar la a o la e por la x o el @ terminaran con la discriminación, valdría la pena el esfuerzo. Pero el machismo es machismo con a, con e, con z y con cualquier otra letra con el que se lo intente disfrazar.

Hablar bien no cuesta nada. Es síntoma de salud cívica y cultural. El español no puede perder su esencia inclusiva porque un grupo de mujeres exacerbadas quiere borrar todo lo instituido. Si lo logran, sería una verdadere pene.

Viernes, 27 de julio de 2018
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