D'Elía, el discurso de la barbarie que se opone al progreso y la civilización
Pablo Benitez Jaccod
*Licenciando en Relaciones Internacionales y presidente de la Fundación Progreso y Libertad


Las ideas de D'Elia, la antítesis total de la Republica de Alberdi

Juan Bautista Alberdi señalaba una serie de obstáculos a erradicar para que la naciente República Argentina alcance una organización política económica que le permitiese salir de su situación de desierto, atraso material y violencia política. 

En primero lugar era consciente de que los modos y prácticas autoritarias no se erradicaban por el simple hecho de poseer una constitución de libertad, en Sistema Rentístico de la Confederación Argentina advertía que: "no se aniquila un régimen por un decreto, aunque sea constitucional, sino por la acción lenta de otro nuevo, cuya creación cuesta el tiempo mismo que costó la formación del malo, y muchas veces más, porque el destruir y olvidar es otro trabajo anterior. El moderno régimen está en nuestros corazones, pero el colonial en nuestros hábitos".

Ahora ¿Cómo describía Alberdi al sistema político de por aquel entonces? Podríamos señalar que el ambiente político de esos tiempos marcaba que la relación entre personas de pensamiento diferente era violenta ya que identificaban a su circunstancial opositor como a alguien al que hay que negarle todo trato; a menos que piense como el partido gobernante, será visto como a un enemigo permanente. 

El salvajismo, era una marca como modus operandi de ejercer no sólo el gobierno sino también la cultura. 

Domingo F. Sarmiento contemporáneo a Alberdi, incluso caracterizo a los "salvajes" como "ávidos de sangre y de pillaje" y "su amor a la ociosidad e incapacidad industrial"

Por su parte Alberdi advertía sobre la barbarie en la política, señalando que esta puede ser letrada y salvaje. "Destrozar el derecho es su propósito común. El camino de ese fin para la una es la violencia brutal, para la otra es la mentira del respeto al derecho. Los gobiernos que cometen acciones violentas son bárbaros "salvajes", y los que incurren en robos y calumnias son bárbaros "letrados". Uno y otro arquetipo pueden, desde luego, coexistir en un mismo gobernante".

A su vez que remarcaba el alto cinismo por parte de la barbarie para generar confusión, ya que disfrazan su discurso con palabras de adhesión a la república, bajo un falso manto de "ropaje de cultural", es decir que oponen total resistencia a la civilización, al mismo tiempo que la invocan. Un doble discurso el cual Alberdi condena por inmoral.

"Las resistencias son servidas por la pluma más atrozmente que por las lanzas de los caudillos, y las capitales de nuestros desiertos contienen caudillejos de tinta y papel, mazorqueros literarios. Esos enemigos perfumados de toda cultura piden la libertad de la prensa, y asesinan al que la ejercita contra ellos. Gritan contra la barbarie, y su arma favorita de discusión es el fango. Claman por garantías, y aplauden frenéticos la degollación violenta de sus adversarios políticos. Reclaman el orden, y su evangelio es la rebelión".

Esta cita de Alberdi es muy aplicable al discurso de los gobiernos promotores del Socialismo del Siglo XXI. En los últimos tiempos en América Latina se han desarrollado formas de autoritarismo las cuales se legitiman a través de un proceso electoral limpio que respeta reglas preestablecidas en una Constitución busca incrementar su poder a través de la deformación y perversión de las instituciones republicanas, el manejo sin control de los recursos fiscales y las trampas que todo ello permite introducir en procesos electorales.

Se produce una invocación de la "democracia" como voz desnuda, desvinculada de los principios republicanos que efectivamente garantizan las libertades individuales. El lenguaje es ambiguo, invocan la republica pero su accionar es violento. Una vez en el poder en estos regímenes la desnaturalización del otro es moneda corriente, reducirlo a la escala zoológica es su intención. Después de eso podrían hacer del individuo y sus libertades lo que se les antojara.

Volviendo a nuestro país y a la luz de los acontecimientos recientes, cuando uno piensa en las declaraciones de Luis D'Elia quien abiertamente convoca a fusilar a el Presidente de la Nación Mauricio Macri, "A Macri habría que fusilarlo en la Plaza de Mayo delante de todo el pueblo", uno se siente tentado a preguntarse si no estamos frente a la barbarie y los comportamientos totalitarios señalados por Alberdi. Es importante ver la "película" entera y no solo la foto de esta declaración. Es decir, es parte del universo del contenido del "Vamos por todo" cuyos inmediatos antecedentes van desde la firma del Convenio con Irán, el aval al accionar de Milagros Salas y el trato que se le dio al Fiscal Alberto Nismann, entre otros hechos.

No hay ningún ejemplo, ninguno, en toda la historia de la humanidad donde la población haya progresado mediante el salvajismo, la violencia, el desprecio a la vida, a las libertades individuales y el nulo respeto por la propiedad privada. Los seres humanos que viven en sociedades más o menos exitosas se manejan a través de contratos, no a través de la agresión. Aquellos que creemos en la libertad y las ideas originarias de la Constitución Nacional debemos estar alerta ante estas intromisiones en las libertades individuales ya que como sostenía Tocqueville estas en un primer momento parecen minúsculas, pero son las que preparan el terreno para el zarpazo final. Y cuando esto ocurre suele ser tarde para reaccionar.


Lunes, 6 de agosto de 2018