El impacto de la tecnología en las ciudades: ¿más "smart" y menos libres?
Marcos Falcone
El autor es politólogo y docente en la Universidad Torcuato di Tella



En un mundo signado por el avance de la tecnología, ¿es posible pensar el desarrollo urbano sin hacer uso de ella? Parece impensable proponer cualquier tipo de reforma que no la incluya. Sin embargo, esta premisa no debería confundirse con la idea de que hacer protagonista a la tecnología de cualquier cambio es algo necesariamente positivo. La tecnología puede ser una oportunidad si se la utiliza con los recaudos suficientes. Caso contrario, puede representar una amenaza a la libertad de los ciudadanos.

La anterior es una de las principales conclusiones que se obtuvieron en el seminario "Smart Cities and Modern Mobility", organizado por la Fundación Friedrich Naumann en la ciudad de Gummersbach, Alemania, entre el 2 y el 9 septiembre de este año. Al evento fueron invitados funcionarios públicos, líderes de ONGs y académicos de alrededor del mundo con el objetivo de discutir las implicancias del uso de la tecnología en el desarrollo urbano.

En un contexto en el que la urbanización se impone y la humanidad asiste al "triunfo de la ciudad", tal como ha sido denominado por el académico Edward Glaeser, el uso de la tecnología aparece como una alternativa positiva para la reforma urbana. Efectivamente, en áreas como la movilidad, la conectividad creciente permite a las ciudades hacer que sus ciudadanos ahorren tiempo en su trayectos, al multiplicarse las aplicaciones que actualizan el estado del tránsito, o tengan más y mejores medios de transporte a disposición, al difundirse el uso de aplicaciones de ride-sharing como Uber. Por supuesto, estos son solo dos ejemplos de una tendencia más abarcativa.

Stegerwaldsiedlung, una ciudad amigable con el medio ambiente

Por otro lado, innovaciones tecnológicas también pueden ayudar a hacer de una ciudad un espacio más amigable con el medio ambiente, sea a través de la instalación de nuevas obras públicas dependientes de sus propios paneles solares, o a través de sistemas que no solo los tienen sino que regulan el uso de la energía de manera eficiente y reducen considerablemente el consumo cotidiano, como los que implementa la ciudad de Colonia en el Stegerwaldsiedlung. Y si de sistemas se trata, incluso la democracia como tal puede verse beneficiada por la tecnología, algo que sucede cuando, por ejemplo, ciudades como las de Buenos Aires y otras integran a sus ciudadanos en la toma de decisiones sobre sus barrios a través de la participación digital.

Pero que la tecnología pueda convertirse a las ciudades en "inteligentes" no significa que al mismo tiempo las convierta en libres. 

De hecho, todas las mejoras que provee la tecnología conllevan el riesgo de la exposición de la privacidad, dado que para hacer uso de beneficios tecnológicos suele ser necesario concentrar un gran número de datos cuya filtración sería violatoria de los derechos individuales. Incluso si ello no sucediera debe tenerse en cuenta que, aunque a veces los datos sean cedidos voluntariamente por los consumidores, en otras ocasiones la confiscación forzosa por parte de los gobiernos de información aparece como una posibilidad real que debe ser advertida por los liberales, sin importar si los fines gubernamentales sean punitivos, impositivos, o de otra naturaleza.

En definitiva, el avance tecnológico provee oportunidades únicas para que las ciudades se vuelvan más eficientes y mejoren la calidad de vida de sus habitantes. Pero para que la tecnología no se convierta en un boomerang, no se debe descuidar la protección de la privacidad de sus usuarios. De otra manera, cualquier mejora que pueda proveer se verá ensombrecida por el siempre acechante Big Brother.

Martes, 2 de octubre de 2018