Es necesario romper la cárcel mental y ver la perspectiva liberal
Alvaro Tonelli
Secretario General de Jóvenes PRO Santiago. Miembro de Federalismo y Libertad


Interesantes discusiones se sucedieron en el microclima liberal en las últimas semanas que me motivaron a que estructure, en dos partes, las siguientes reflexiones al respecto.

LOS JÓVENES LIBERALES

                                                          ??Gloria a los que no transigen con ninguna especie de                                                                     tiranía y sienten latir en su pecho un corazón puro, libre                                                               y arrogante.

                                                            Gloria a la Juventud Argentina que ambiciona emular                                                                  las virtudes, y realizar el gran pensamiento de los                                                                          heroicos padres de la patria: -gloria por siempre y                                                                        prosperidad''. Esteban Echeverría. "El Dogma Socialista"

Hay algunas ideas a tomar en cuenta en el ambiente de los jóvenes liberales, entre los que me incluyo: una, es que debemos dejar de lado la antiquísima frase armada y usada por todos los partidos políticos que reza ?'los jóvenes son el futuro''. Es imperioso que tomemos conciencia que nosotros somos el presente y que si cualquier otro joven o yo podemos escribir unas pocas líneas acerca de las ideas de la Libertad es porque somos parte de una juventud pujante, de calidad y, muy importante, cada vez más numerosa. 

Una canción que todos seguramente habremos tarareado dice que Javier Milei es el último punk. Discrepo con ello, porque los Milei, los Espert, los Benegas Lynch, los Kaiser, entre decenas de pensadores más, junto a los think tanks, son en realidad la punta de lanza detrás de la cual nos encolumnamos miles de rebeldes amantes de la Libertad. Y es en verdad una rebeldía casi revolucionaria levantar la bandera del liberalismo en esta época de nuestro país y del mundo, en que todo el mainstream y el establishment político, económico, educativo, cultural y social es hegemonizado por una socialdemocracia cada vez más socialista y cada vez menos republicana. Y ante ello nos rebelamos los punks actuales, en mayor número conforme pasan los días, de los que Milei fue metafóricamente el primero en una canción.

Y la cuestión de los números es algo en lo que no puedo dejar de hacer hincapié debido a mis circunstancias personales: Santiago del Estero tuvo su primera Constitución en 1820 con aspiraciones de emular a la de los Estados Unidos, pero décadas de caudillismo y estatismo la tornaron en un terreno árido y hostil, incluso peligroso, para las ideas de la Libertad. 

Hace cinco años personalmente me resultaba impensable encontrar más que a un par de personas que compartan el ideario liberal. Hoy felizmente puedo dejar atrás la sensación de estar sólo en una cruzada, pues me sumo a las decenas de chicos santiagueños y a los miles en todo el país que vivimos guiados por el respeto a la Vida, la Libertad y la Propiedad Privada.

Otra idea de la cual surge una reflexión es la de a qué consideramos un liberal: al respecto sostengo que no debemos caer en dogmatismos y tachar a quienes no leyeron a Mises, Hayek y Rand como no-liberales. Esto porque concibo al liberalismo ante todo como una elección y una decisión moral. Moralmente elegimos como deseable para nuestra vida el desenvolvernos sin vulnerar la Vida, la Libertad y la Propiedad Privada de los prójimos; buscando nuestra felicidad y dejando que los demás busquen la suya sin dañar los derechos de terceros. 

Y tampoco debemos dogmatizar porque el liberalismo, si bien tiene sus principios básicos fundamentales perfectamente marcados, no es algo acabado y estanco. Es dinamismo que está en constante búsqueda de equilibrio, y el equilibrio únicamente se logra al estar abierto a los cambios y a las nuevas concepciones. Hay que recordar que nunca hay palabras finales, todo está sujeto a ser rebatido y superado.

Entonces, cualquier persona puede desconocer todo lo que se teorizó alrededor de la libertad, pero a la vez puede llevar adelante su vida de un modo liberal. Y a todos ellos no podemos y no debemos excluirlos bajo el mote de no-liberales por carecer de ciertas lecturas.

No obstante, quienes aspiramos a que Argentina vuelva a la senda delineada por Alberdi no tenemos excusas. Es una necesidad y un deber nuestro formarnos tanto en el liberalismo como en las otras corrientes de pensamientos, porque son esas otras corrientes las que estamos trabajando para cambiar, y la única forma de cambiarlas cuando estamos sumergidas en ellas, es conociendo tanto sus fortalezas como sus debilidades.

Pero, además, esa formación no debe limitarse a lo teórico de la filosofía o la economía. Es indispensable que a los valores que sostenemos los transformemos en virtudes, practicándolos diariamente en lo que elijamos como modo de vida público y privado. De esa forma podremos ver el fin del desfile de personajes marxistas, por ejemplo, en los medios de comunicación (herramienta esencial en una de las etapas de la difusión de ideas) para pasar a ver abogados, economistas, emprendedores, empresarios, diputados, ministros, maestros y periodistas liberales.

Entiendo que es la faena de una vida entera, pero lo pude entender de otro modo, más esperanzador, en una conversación reciente con uno de los mayores intelectuales del liberalismo argentino quien, basado en los testimonios de sus alumnos, compartió la conclusión de que para cambiar una mente y una vida puede bastar el presentarles a las personas una perspectiva diferente a las que escucharon durante toda su existencia: la perspectiva de las ideas de la libertad. Nosotros en buena medida ya rompimos la cárcel mental de lo políticamente correcto, tenemos ahora que ayudar a que otros también lo puedan hacer.

No hay que temer a lo largo que pueda parecer el camino, debemos tener confianza en nuestra fortaleza. Habiendo conocido a muchos jóvenes liberales de varios puntos del país, puedo asegurar que somos a juventud decidida a cosechar la gloria de ponerle freno a la amenaza colectivista.

EL LIBERALISMO POSIBLE

Los mencionados debates estuvieron en gran medida protagonizados por los liberales jóvenes, pero fueron algo que trascendió hasta a los mayores y más conocidos exponentes del pensamiento liberal nacional.

En resumidas cuentas, esta segunda parte no es más que un llamado a la unidad.

Porque se debe tener conciencia de cuál es el liberalismo posible en este momento histórico: lo cierto es que tomar todas las medidas y establecer los programas, especialmente en materia económica, que a un liberal le gustaría es políticamente impracticable, pues muy probablemente no sería digerido por el grueso de la población. Todo lo cual no implica bajo ningún punto el claudicar en llevar adelante las reformas políticas, económicas, educativas, etc. que son imperiosas para nuestra supervivencia y prosperidad. Hay que plantearnos objetivos asequibles en plazos razonables y comenzar a avanzar.

Pero ningún tipo de avance de la libertad será posible si nos dividirnos entre liberales clásicos, minarquistas, ancaps, liberales conservadores, liberales de izquierda, liberales católicos, liberales libertarios, liberales dentro de Cambiemos, liberales nostálgicos de Menem, liberales pro y liberales anti Trump/Bolsonaro. Si bien es hasta divertido pedir la carta patente de pureza ideológica, no es el momento para distraerse con cismas teóricos. Todos reconocemos la importancia y transcendencia que esas diferencias tienen pero, en las apremiantes circunstancias actuales, son infructuosas para el quehacer político que se requiere.

Pienso que a ninguno de nosotros nos gustaría que se nos comparara con los partidos de izquierda y sus ineptos referentes que los llevan a tener decenas de líneas internas enmarcadas en los matices de una misma ideología.

Es imperiosa la unidad de todos los que creemos en el auto-gobierno y hacemos de la libertad nuestro modo de vida. Y esa unidad tampoco puede estar basada en que nos espanta lo que tenemos al frente: tales aventuras siempre tienen fecha de caducidad, que se dará más temprano que tarde cuando las pujas internas sean más fuertes que el adversario exterior. Más aun cuando los liberales ni siquiera tenemos que perder tiempo y energías en plantearnos un cuerpo de consensos básicos sobre los cuales actuar, pues lo tenemos dado por las ideas que son nuestro motor. Resumidamente en términos políticos podría decir que todos estamos de acuerdo en achicar el Estado a su mínimo indispensable (lo que necesariamente debe traer aparejado una monumental baja de impuestos y contribuciones), en darle toda la Libertad que se pueda al individuo, en el libre comercio, en abolir las leyes que instituyen neo-privilegios y volver a tener una verdadera igualdad ante la ley, en reencauzar al país en el camino delineado por Juan Bautista Alberdi para estar entre las naciones más libres y prósperas del mundo.

Considero que esa es una base tanto amplia como firme y estable a partir de la cual se puede reunir a todo el que se sienta liberal, y también se puede comenzar la faena política desde esos presupuestos.

Hay mucho que aprender de los fenómenos Trump y Bolsonaro, se los considere liberales o no. La primera lección que nos dejan es respecto de la comunicación de las ideas: no es necesario un discurso edulcorado, evitando definiciones en cuanto al programa político que se tiene. El votante se saturó de los políticos que hablan sin decir nada, y está comenzando a comprar los discursos que le dicen claramente las medidas que tomarán como gobierno, por más extremistas que suenen.

En relación a esto, hay que identificar claramente cuál es el grado de libertad que el mercado electoral considera como su ??límite'' (por ej. reducir el Estado, vouchers educativos, abolir el Banco Central, AFJPs, etc.). Una vez identificado ese límite es que se puede comenzar a trabajar para, con el tiempo, conseguir que ese límite se corra de modo que el votante considere como deseables grados cada vez mayores de Libertad. Y ese un trabajo no de muchos necesariamente, sino de la elite intelectual que consigue que sus ideas goteen en la opinión pública. El marxista Antonio Gramsci lo expone muy claramente:

· ??Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura''.

· ??La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados "orgánicos" infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios''.

· ??Adueñarnos del mundo de las ideas, para que las nuestras, sean las ideas del mundo''.

Y es la aplicación continuada durante décadas de esa estrategia la que dejó a las cátedras universitarias plagadas de profesores de izquierda que se encargan activamente de adoctrinar al alumnado, y la que nos hizo llegar a la circunstancia actual en que casi la totalidad de lo que el común de la gente reconoce como ??intelectuales'' sean de izquierda y continúen permeando esas ideas en la sociedad.

Otra reflexión al respecto es que la izquierda realiza muy bien el networking y siempre se ocupa de que la sucesión en un lugar de influencia esté asegurada para otra persona que también sea de izquierda. Ese es otro de los puntos en que tenemos que mejorar los liberales si queremos avanzar en la batalla cultural.


Miércoles, 24 de octubre de 2018
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