El problema no es la desigualdad, sino los límites a la libertad
Ramses J. Reyes V.
 Abogado venezolano y Coordinador de Rumbo Libertad en Argentina


El problema nunca ha sido ni será la desigualdad económica sino la pobreza, una sociedad puede ser muy igualitaria pero muy pobre. No hay pobres porque haya ricos ni hay pobreza extrema porque haya gente extremadamente rica sino porque los gobiernos limitan la libertad económica, la cual es fundamental para el crecimiento y la movilidad social, clave para salir de la pobreza.

Se acostumbra usar como referencia al héroe y forajido del folclore inglés Robin Hood cada vez que se dice, "sacar dinero a los ricos para dárselos a los pobres" pretendiendo justificar la expoliación, pero lo que se omite es que esta historia se desarrolla en el contexto de una sociedad donde no existía propiedad privada, donde todo era propiedad del Rey y éste otorgaba concesión de tierras y rentas para administrarlas en un grupo muy selecto de personas, a los señores feudales, siempre y cuando existiere fidelidad al soberano. 

Robin Hood asaltaba en los caminos a cobradores de impuestos que representaban a la corona y acostumbraban acosar a los campesinos y comerciantes, para luego regresar el dinero sustraído de los cobradores a los afectados, es decir, que no robaba a los ricos para repartir a los pobres, sino que recuperaba la riqueza que el Estado quitaba y la devolvía a quienes la habían producido.

En el escenario anteriormente planteado es evidente que el problema no radica en la capacidad de generar riqueza que pueda tener cada hombre, como tampoco en la que haya acumulado a lo largo del tiempo, sino en las limitaciones que desde el ejercicio del poder se imponen a los individuos para generar riqueza, como también la corrupción y privilegios de la clase gobernante lo que no permite equiparación de todos los ciudadanos en derechos y por consiguiente en oportunidades. 

La idea de igualdad propuesta desde una concepción liberal, se refiere a la igualdad ante la ley, partiendo desde el principio que todos los hombres nacen libres e iguales.

En el momento en que la igualdad se hace incompatible con la libertad y la justicia se desnaturaliza. La igualdad promovida con el fin de garantizar una especie de confort social es una distorsión del concepto original, una igualdad distinta, una suerte de igualitarismo, incompatible con la naturaleza humana. No es más que una pretensión de condicionar el comportamiento del individuo a través poder político y legislativo, pretendiendo cambiar así el presente por decreto, transgrediendo libertades y hasta la realidad, con el fin imponer una utopía que siempre acaba generando resultados monstruosos.

Bajo la excusa de disminución de la desigualdad entre los hombres se hace presente el mal del estatismo, pretendiendo supeditar el hombre al poder del Estado, en específico se le otorgue al Estado el poder de determinar quienes y cómo deben ser iguales, pero como es de esperarse unos acaban siendo más iguales que otros.

En los años 20 cerca del 90% de la población vivía en extrema pobreza, cifra que fue reducida al 9,6% de la población gracias al capitalismo, es decir que la gente es cada vez menos pobre aunque el mundo es cada vez más desigual.

 Ser capitalista no se trata únicamente de defender el derecho de quienes legítimamente han acumulado capital, sino también el derecho de poder tener eso y más mediante el esfuerzo propio sin pretender quitarle nada a nadie

Viernes, 16 de noviembre de 2018
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