Déficit, paros y caos: radiografía de una aerolínea que cae en picada
Ornella Tirabosco
Periodista. Entusiasta de la formación y del marketing. Generadora de contenidos escritos y audiovisuales. Productora general y ejecutiva. Activista de la libertad. Nacida en Corrientes (Argentina), reside en Asunción


Aerolíneas Argentinas: privatización o más déficit

No quedan dudas. Mediante legislaciones, excesivos impuestos y negociaciones extorsivas, el Estado y los sindicatos han desanimado la demanda de trabajo y la calidad de los servicios brindados se ha visto seriamente perjudicada.

Lejos de proteger empleos en el sector privado, se han encargado de destruirlos. Y en el sector público, como en el caso de Aerolíneas Argentinas, han provocado un déficit anual de US$ 170 millones, teniendo un exceso de empleados en relación con la cantidad de pasajeros que transportan y una de las tasas más bajas de productividad de tripulaciones en el mundo.

A esto se le suman el fuerte incremento del precio del combustible aéreo y la caída en las compras de pasajes por la corrida cambiaria. Si bien en este 2018, la aerolínea estatal redujo sus pérdidas en un 11%, el objetivo del expresidente y director general de AR, Mario Dell'Acqua, de entregar la compañía con déficit cero para 2019, no se podrá cumplir y ya se habla de una pérdida por encima de los US$ 100 millones para el año que viene.

¿Quiénes pagan y pagarán este déficit? Los contribuyentes, como siempre. Y ¿quiénes serán los más perjudicados nuevamente? Los más pobres, como siempre. Argumentando y excusándose en un conflicto salarial, el sindicato de pilotos se declara constantemente en paro y obliga a las empresas a cancelar cientos de vuelos. Entre lunes y martes, afectaron a, aproximadamente, 45.000 pasajeros y ya son más de 85.000 los acumulados por los conflictos de todo el mes.

Esta cuestión no se destraba por las negociaciones cerradas y con cláusulas gatillo que buscan imponer los sindicatos. Utilizan recursos públicos para beneficios propios y amenazan con más paros, demostrando una vez más sus métodos extorsivos y sus intereses mafiosos.

"Luis Malvido, el nuevo presidente de la empresa, dijo: 'Aerolíneas está virtualmente quebrada y tiene que pedirle plata al Estado para pagar los sueldos' y, además, acusó a los gremios de utilizar los paros para hacer política", comentó, con indignación, Agustín Etchebarne, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso.

"No existe ningún argumento que justifique sostener a Aerolíneas como línea de bandera estatal", sostiene Etchebarne

"La pregunta que queda entonces es por qué mantener esa empresa deficitaria. No hay ninguna justificación económica, ya quedan muy pocas líneas aéreas de bandera estatales, la gran mayoría son privadas" explicó el también economista, y agregó: "Queda claro que si abrimos los cielos tendremos vuelos más baratos y frecuentes y a mayor cantidad de lugares de los que hoy existen. Es probable que, la mayoría de los pasajeros, prefieran volar en otras aerolíneas. Pero, sobre todo, es inmoral que quienes no vuelan estén subsidiando a quienes sí lo hacen, que, en promedio, tienen ingresos mucho más altos".

El Estado, hasta ahora, subsidió con aproximadamente 700 millones de dólares a la aerolínea de bandera. ¿Para qué necesitamos una? Declarar cielos abiertos es dejar de sostener un sistema deficitario cuyo único objetivo no es la calidad en el traslado de pasajeros, sino asegurarse el cobro de un sueldo estatal y, sobre todo, politizar.

Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas durante la gestión de CFK, aseguró que la competencia entre la empresa nacional y las empresas privadas, como el caso de FlyBondi, es desleal. Y claro que lo es, si el Estado pone todas las herramientas a disposición de la línea de bandera y, peor aún, la financia. La diferencia principal es que los costos de la aerolínea privada son financiados por privados, justamente. En cambio, Aerolíneas Argentinas pagamos todos, incluso aquellos que jamás se han subido a un avión.

No necesitamos financiar empresas que no nos sirven. La sarasa de "tener una aerolínea estatal que conecte los puntos del país" fácilmente se deshace con el hecho de tener una política de cielos abiertos, que no es más que un acuerdo entre dos o más aerolíneas para darle a los clientes mejores precios y más opciones al momento de viajar.

"Donde nace una necesidad, nace un derecho", decía Eva Duarte de Perón; pero la realidad es que, donde nace una necesidad, nace una demanda, y donde hay una demanda, habrá una oferta del mercado para subsanarla. ¿La solución para este conflicto? Como en todo lo demás: Salir al mercado a competir.

"Entonces, ¿por qué subsidiamos Aerolíneas para que nos hagan paros continuamente?" reflexionó Etchebarne, y ejemplificó: "Lufthansa es privada y cotiza en bolsa. American Airlines es privada y cotiza en bolsa. British Airways es privada. Iberia es privada (la dueña es la misma que British Airways y cotiza en bolsa). LATAM es privada, ex LAN que era privada, y cotiza en bolsa. COPA Airlines es privada. En Francia, que es posiblemente el país más socialista de Europa, Air France se fusionó con KLM y es privada en un 83%".

Finalmente, comparó las prioridades del país a nivel de políticas económicas y sentenció: "Mientras haya un niño desnutrido no podemos subsidiar vuelos. Cerremos Aerolíneas Argentinas y volemos con las líneas de bajo costo y abramos el cielo a Latam y a todas las demás aerolíneas que quieran competir".

Miércoles, 28 de noviembre de 2018