Votos de confianza, autocrítica y la extinción del kirchnerismo
Matias Enriquez
Lic. en Comunicación | Social Media Manager

Por Matías Enriquez


Finalizaron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, que poco y nada tienen que ver con esos conceptos que la definen. No obstante,debemos celebrar como sociedad que seguimos consolidando la democracia para alegría de aquellos que disfrutamos la vida republicana. En los micrófonos, cada fuerza política podrá realizar un análisis positivo de las PASO, pero en el intrapartidismo deberán hacer un real balance donde gobierne la autocrítica. 

Esa radiografía que deberán hacer todas las fuerzas pero particularmente el kirchnerismo y el peronismo.

En primer lugar es ineludible analizar que ocurrió con el partido que gobierna:Cambiemos. A nivel nacional, la elección fue brillante por los sólidos números que obtuvo en la Capital Federal, Córdoba, Mendoza y Santa Fe (aún pese a la derrota). El Gobierno sacó más del 25% de votos -más de 8 millones de votos- que en las PASO de 2015

En el conurbano, donde la figura del kirchnerismo todavía subsiste, Cambiemos se hizo fuerte, defendiendo sus territorios y peleando en distritos donde Cristina y Massa estaban consolidados. Pese a algunas medidas antipáticas que gran parte de la sociedad cuestionó, en términos económicos, el Gobierno recibió un voto de confianza similar al de Alfonsín, allá por 1985.

El peronismo deberá ser autocrítico en su balance. 

Todavía nadie pudo ser la alternativa a Cristina dado que ni Massa ni Randazzo pudieron renovar el partido

Schiaretti en Córdoba, Verna en La Pampa, los Rodríguez Saa en San Luis y Bordet en Entre Ríos fueron los caciques peronistas que le hicieron perder al peronismo su confortable parcela provincial. Si el peronismo quiere resurgir del limbo en el que se encuentra deberá alejarse lo más posible de la figura de Cristina o podría correr la misma suerte que el Alberto en San Luis. 

Y allí es donde asoma la figura del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, cuyo frente derrotó a Cambiemos por una considerable diferencia. No obstante, el salteño no puede dormirse en los laureles o será un deja vú de la transformación de Massa, de un arrollador candidato en 2013 a una alternativa más en este 2017.

El kirchnerismo deberá asumir que ha dejado de existir como fuerza nacional. 

Cristina Fernández de Kirchner analiza bipolarmente el resultado. Cuesta creer que pueda hallar un análisis positivo de esta cifra, menor al 35% que obtuvo Anibal Fernández, allá por 2015, cuando la impunidad del acervo kirchnerista proyectó una holgada victoria frente a una inocente Maria Eugenia Vidal, tal como fuera definida por algunos dirigentes del ex oficialismo. El silencio sepulcral de su campaña, denota que la ex Presidenta esta ante una encrucijada: si sale a hablar, despierta el rechazo de una parte importante de la población y si no lo hace, dificilmente pueda seducir al electorado. El discurso nixoniano de las 4 de la mañana careció de autocrítica y humildad, dos aspectos que la sociedad busca en sus gobernantes. Para la chicana tuitera quedará la ironía del "votaba en Santa Cruz pero no fue a votar, vive en la CABA y compite en la Provincia de Buenos Aires".

Por otro lado, resultan absurdas las sospechas respecto a la transparencia de los comicios. El sistema de las PASO, diseñado alla por 2009 por el ex matrimonio presidencial como una encuesta nacional para que las internas no provocaran una derrota propia frente a otros partidos, es la verdadera figurita prescindible de los comicios. Poner en tela de juicio el recuento provisional, el cual históricamente se corta en un 95% aproximadamente es un argumento muy endeble para criticar la transparencia electoral. Se deberá replantear el funcionamiento del sistema de las PASO y analizar la posibilidad de dar lugar a la boleta electrónica o boleta única, de eso no hay duda.

Es irresponsable la actitud de algunos miembros de la oposición, en un país que hace no tanto tiempo sufrió imprudentes y maliciosas prácticas electorales. Como venía ocurriendo en épocas del kirchnerismo, se formularon teorías conspirativas del estilo "querían que la gente se duerma pensando que ganó Cambiemos", como sí al otro día la vida comenzara de cero, plasmando el deseo propio de algunos candidatos que han hecho un daño inconmensurable a la república y hoy reniegan sobre lo que aconteció el domingo y denuncian las prácticas antiéticas que ellos mismos ejecutaban. No hay que olvidarse que los que hoy izan las banderas de la crítica son los mismos que impideron la reforma para modernizar el sistema de votación.

Por último, creo que nadie podrá cerciorar si la participación de María Eugenia Vidal en el programa Intratables influyó o no en la votación del domingo. Lo cierto es que la política con mayor imagen positiva del país es una brisa de aire renovador en la política argentina. Su genuina honestidad y transparencia afloran en una provincia devastada que el peronismo abandonó durante varias décadas.

En la primer gran encuesta electoral del año, Cambiemos recibió un gran apoyo por parte de la sociedad, pese a la crítica de muchos sectores y los ajustes de la economía. 

Aún a la espera del recuento final de los votos, el empate técnico con el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas, era un escenario impensado y representa todo un desafío para conquistar aquellos votantes que le puedan dar una mayor cantidad de representantes en ambas cámaras. Por último, quedan latentes algunos interrogantes respecto al votante: ¿Votó con el bolsillo como lo hace habitualmente? ¿Se dejó seducir por los candidatos que, año tras año, demuestran la importancia del marketing político? ¿O volvimos a los tiempos del voto a las ideologías? Habrá que esperar hasta Octubre para darle forma a la respuesta.

Martes, 22 de agosto de 2017