La secundaria del futuro busca empoderar a los alumnos
José Luis Acevedo
Legislador Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Quienes viven o trabajan por el microcentro porteño están habituados a las constantes manifestaciones y cortes de calle. A esta altura del año se haría realmente difícil contabilizar cuántos conflictos se presentaron con las más diversas banderas de reclamo. Sin embargo, hay una que suele estar ausente: la crisis educativa. Y es que sí se presentan reclamos y manifestaciones populares por paritarias y aumentos salariales, pero no exigiendo calidad educativa.

El reconocido neurólogo Facundo Manes sostiene, frente a la lamentable realidad, que cada "dos chicos argentinos menores de 2 años, uno tiene algún tipo de malnutrición", que resulta necesario "reducir la pobreza porque la pobreza produce un impuesto cognitivo, revolucionar la educación, poner al docente como prioridad, reinventar al docente y la calidad educativa e invertir en ciencia, investigación y tecnología. Todo eso forma el paradigma del conocimiento que es mucho más que la educación. Pero esto no se va a lograr si la sociedad no exige, no presiona".

            LEER MÁS SOBRE ESTE TEMA


Desde hace varios años los resultados de las evaluaciones educativas, ya sea internacionales como PISA o nacionales como ONE o la más reciente APRENDER, reflejan de manera estandarizada una realidad que la sociedad misma percibe en todos sus ámbitos: la escuela está fallando. 

Que más de la mitad de los chicos no comprenda lo que lee ni sepa resolver cálculos no es escandaloso sino preocupante. Cuando el Presidente Macri presentó los resultados de la Evaluación APRENDER 2016 reconoció que "hablamos mucho de rutas, autopistas, puertos, aeropuertos, pero lo que dinamiza realmente es la educación y, sobre todo, la educación pública". No hay desarrollo de un país sin una verdadera educación que prepare a los alumnos para la vida y todo lo que ésta implica: relacionarse en sociedad, trabajar, realizarse personal y profesionalmente, perseguir los propios sueños, reconocer a partir de salir de sí mismo la oportunidad de servir al otro; amar... Y para esto se requiere aprender, y algo grave está sucediendo si la escuela no cumple con esta misión.

La Ley de Financiamiento Educativo 26.075 promulgada en el año 2006 estableció la magnánima cifra de 6% del PBI para invertir en educación... 11 años después es necesario reconocer que mucho dinero no hace a una verdadera calidad educativa. ¿Qué es calidad? ¿Inclusión? ¿Insumos? ¿Infraestructura moderna? ¿Tecnología? ¿Un poco de todo?

¿Calidad será aquello que sólo puede lograrse con más recursos? Hay escuelas de nuestro país, por ejemplo en zonas rurales de Santiago del Estero, donde el Ministerio de Educación provincial destina menos de $20 mensuales para la compra de insumos y materiales didácticos, y los chicos así y todo van a la escuela y aprenden. Por supuesto que las condiciones materiales son requisitos fundamentales, pero si no son excluyentes será que parte del proceso educativo está fallando. No es una cuestión de buscar culpables, sino de poner el verdadero foco en los que deben hacerse responsables: todos.

Por supuesto que el Estado debe garantizar una educación escolar de calidad, pero no a modo de un recipiente en el cual se depositan los alumnos. Paulo Freire hablaba de "educación bancaria" para cuestionar el "depósito" de contenidos acríticos en la cabeza de los estudiantes, y hoy la sociedad hace lo mismo con aquellos niños y jóvenes que "deposita" en una escuela, ya sea de gestión estatal o privada y se desentiende de qué y cómo aprende. Por eso llama la atención que la gente se manifieste en las calles por el aumento de precios, la falta de trabajo, la inseguridad, la corrupción, pero no por mala educación.

En la Ciudad de Buenos Aires, sin embargo, se observó durante las últimas semanas un fenómeno innovador en lo que venimos hablando: los alumnos de distintas escuelas secundarias de gestión estatal "tomaron" los establecimientos para hacerse escuchar y exigirle al Estado que dialogue con ellos. ¿El detonante? La reforma presentada por el Ministerio de Educación llamada "Secundaria del Futuro". El problema es que, si pensábamos que podía ser positivo que la educación fuera sumada a la agenda de exigencias "callejeras" por sus mismos protagonistas, resulta que las manifestaciones se hicieron con una clara intencionalidad político-partidaria y no pedagógica.

La "Secundaria del Futuro" propone romper definitivamente con el esquema elitista preuniversitario de la Escuela Media, orientando el Nivel hacia los aprendizajes que necesitan hoy los niños y jóvenes. Se propone superar el esquema segmentando de asignaturas, repensar la estructura de calificaciones, modernizar y democratizar los aprendizajes y preparar a los jóvenes para el mundo que los espera; porque la escuela es una comunidad integrada a la sociedad, pero no deja de ser un ámbito artificial en sí mismo.

Numerosos gremios, partidos políticos y especialistas han aprovechado la propuesta de reforma de un modo oportunista, usando a los estudiantes para levantar sus propias banderas ideológicas sin detenerse a considerar cuáles son las reales demandas educativas. Se habla de "flexibilidad laboral" y "trabajo esclavo" a la propuesta de prácticas educativas que ni siquiera llegan a ser pasantías, las cuales existen desde hace más de 10 años en todo el país y en algunas escuelas de forma obligatoria. Se cuestiona "la pérdida" de un semestre de clases en el último año sin reconocer que miles de alumnos abandonan la escuela mucho antes de llegar a Quinto año porque ésta no les ofrece oportunidades ni un sentido que los motive a permanecer en ella.

La "Secundaria del Futuro" busca, ni más ni menos, empoderar a los alumnos para que, con más educación, sean más libres para decidir hacia qué futuro caminar. Las prácticas educativas del último semestre escolar no son "trabajo" sino aprendizaje en la práctica, en donde se puedan poner en juego los conocimientos adquiridos en el aula, además de ir adquiriendo las competencias necesarias para desempeñarse profesionalmente de ahí en adelante. Sólo con una verdadera experiencia los alumnos serán capaces de decidir libremente si quieren continuar sus estudios o comenzar a trabajar.

En definitiva, la propuesta del Ministerio de Educación de la Ciudad es una oportunidad para que la escuela acompañe en la construcción del futuro de los jóvenes en lugar de llevarlos de la mano y despedirlos en el último año. 

Volver al pasado nunca es la solución; menos, cuando nos muestra una y otra vez que conduce al fracaso.


Jueves, 5 de octubre de 2017