La odisea de explicar una reforma laboral en el país más anticapitalista del mundo


Cuál es el país que más desprecia a la economía de mercado? ¿Cuál es el único país de América latina que prefiere que las empresas sean estatales? La respuesta es una: Argentina. En el primer caso, el prestigioso Pew Research Center, de Estados Unidos, sondeó la opinión pública en 44 países y, por lejos, Argentina fue el más refractario a la idea de la economía de mercado.

El ranking lo gana Vietnam ese país que derrotó militarmente a Estados Unidos en los 70 para imponer el comunismo con 95 por ciento a favor de la economía de mercado. Se ve que probaron el comunismo y no les gustó.

Recientemente la encuestadora Quiddity sondeó la imagen de las empresas en cuatro países latinoamericanos. Preguntó por el aporte que hacen al desarrollo, particularmente a generar empleo: Argentina era el que menos las consideraba como generadoras de empleo. Y lo más curioso: Argentina era el único entre Brasil, Colombia y México con mayoría que prefiere empresas estatales sobre las públicas: 41 por ciento contra 36. El más privatista: Brasil, con 62 contra 29.

No sorprende que en Brasil se haya dado una revolucionaria reforma laboral que hace que ahora sea mucho más competitivo y atractivo para las inversiones que sus socios del Mercosur. Por eso ahora que tímidamente el gobierno de Macri está dejando entrever que entiende que sin reforma laboral no hay crecimiento sustentable de largo plazo posible ni efectivo combate a la inflación, es importante que comprenda que la comunicación para obtener esa reforma es una materia mucho más compleja y que hasta ahora ningún gobierno no peronista pudo aprobar. Incluso la Alianza de Fernando De la Rúa terminó cayendo como consecuencia de la frustrada reforma laboral del ministro Armando Caro Figueroa.

Además de los previsibles paros y movilizaciones con los que los sindicalistas presionan y presionarán políticamente contra cualquier intento de reforma, los sindicatos cuentan con una ventaja inestimable: los argentinos hablan su idioma. 

Por eso Argentina es el país más anticapitalista del mundo.

"Trabajo esclavo, precarización laboral, contratos basura, derechos inalienables, explotación", son parte de un extensísimo léxico dominado por el sindicalismo, el peronismo y la izquierda que hace callar a cualquiera que quiera demostrar que hace rato que el Estado terminó reemplazando un mercado laboral que no funciona llenándolo de ñoquis o empleados improductivos.

Son millones los "ñoquis" que hacen infinanciable y crónico el déficit fiscal. Y aun con crecimiento, el sector privado en Argentina genera muy poco empleo por la rigidez, la litigiosidad, la conflictividad y los altos costos que forman este verdadero cepo laboral erigido por los propios sindicatos. Y si a los desempleados no los toma el Estado, están los planes, que en Argentina increíblemente el Indec computa como empleados: el desempleo real es mucho mayor. Pero la sintaxis de ese idioma no admite esa realidad.

El Gobierno ya logró un preacuerdo con las provincias para frenar la toma de empleo público espurio. Si se concretara, para que las generaciones que se incorporen a la edad laboral tengan trabajo, los privados y particularmente las Pyme tendrán que tomar el centro de la escena del mercado laboral.

Por eso el gobierno de Cambiemos, mucho más que propiciar un cambio cultural, deberá enseñarles a los argentinos a hablar el idioma que se habla en el mundo para poder empezar a debatir cualquier reforma laboral.

Para empezar las "clases del idioma que hablan casi todos los países", el Gobierno va a necesitar maestros con gran didáctica. De hecho tiene a un ministro de Trabajo de familia sindical y que desde su condición de lisiado podría ser un vocero poderoso e inapelable. Se lo escucha poco.

También cuenta con un punto de partida para aprovechar. Un sondeo de la encuestadora Fuente Primaria, de Tomás Lanusse, para Revista Imagen, acaba de demostrar que los empresarios tienen una imagen mediocre (22% positiva contra 27% negativa) pero los sindicalistas están mucho peor: solo 10% de positiva contra 58% de negativa. Es notable cómo en el siglo XXI siguen dominando el idioma de los argentinos con su léxico del siglo XIX con tan bajo nivel de aprobación.

  Autor: Diego Dillenberger, director de la revista Imagen para El Cronista. Titulo original de la nota Cómo comunicar una reforma laboral: enseñando a los argentinos otro idioma

Miércoles, 1 de noviembre de 2017
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