Netflix, Bitcoin, Spotify, Uber...¿qué tienen los jóvenes en la cabeza?
Cristian Nahuel Centurión
Miembro del Consejo Ejecutivo de Estudiantes por la Libertad Latinoamérica, Director Regional para Argentina y Uruguay

"¿Qué es lo que quieren los jóvenes?" me preguntaron durante la Asamblea de la Red por la Libertad. Con la posibilidad de caer en la pretensión de conocimiento, mi respuesta fue breve y contundente: un liberalismo popular.

Los jóvenes queremos libertad para expresarnos, para elegir y crear. Queremos ser políticamente incorrectos, ser dueños de nuestro propio destino, somos tan impredecibles e incontrolables como el orden espontáneo.

Queremos Internet en todos lados para ver a Javier Milei destrozando socialistas en YouTube, escuchar "Mono relojero" de Kapanga o "Como joder a un comunista" de Porno para Ricardo por Spotify. Queremos servicios baratos y potentes, como Netflix o transportarnos en UBER y comprar BitCoin. ¡Y publicarlo todo en Instagram!

La promesa del laissez faire a mi parecer es la más atractiva y revolucionaria. Es decir, ser liberal siempre y en todo lugar se trata de eso: desde los tiempos de la monarquía y la esclavitud a los gobiernos populistas con impuestos altos hubo quienes se plantaron ante el poder para exigir que se respeten sus vidas.

Ciertamente no es justo que el Estado nos haga cada día más pobres, robando la mitad de nuestro dinero para enriquecer políticos mesiánicos y corruptos. Dinero ganado con nuestras acertadas decisiones al servicio del prójimo, en actividades por las que pagamos el costo de oportunidad de no poder dedicar ese mismo tiempo con nuestras familias, amigos, pareja o en nosotros mismos.

Nunca más de acuerdo en decir que el tiempo es dinero, pero no olvidemos que ese tiempo en su conjunto, significa toda nuestra vida. A mayores impuestos, mayor tiempo de nuestras vidas y del fruto de nuestro trabajo nos es expropiado.

Pero por si no fuera suficiente, nos dicen qué hacer con lo poco que nos queda. Privilegiando empresas con servicios tan caros como ineficientes. Regulando compras por internet, bebidas y nuestro lenguaje.

Ahora resulta que es políticamente incorrecto decir lo que pensamos, que "no se puede", que "queda mal", que "no podemos", que ser liberal es una mala palabra. Ninguno nació para que nos digan qué hacer, qué pensar, cómo actuar, qué elegir. 

No suele existir nada que diga cómo vivir, por eso es que soy liberal.

Ser liberal es ser dueño de tus propias decisiones y responsable de todos tus actos, un ser sin miedo a competir y sacar lo mejor de sí con cada nuevo desafío. Es abrirse al mundo con la frente en alto, porque somos los herederos de quienes rompieron las cadenas de la esclavitud, y dieron a la humanidad la oportunidad de confiar en su propia capacidad.

Vivir en paz interna, de acuerdo a la coherencia con nuestros valores. Saber que para conseguir aquello que deseamos nunca iniciaremos el uso de la violencia contra nadie. Que cada uno, desde su lugar, haciendo lo que mejor sabe hacer está creando riqueza y mejorando la calidad de vida a quienes conoce y también de quienes no.

Nos hacen creer que estamos solos, que vamos contramano con el resto, que esas ideas están bien para países desarrollados pero no para el nuestro, que las cosas no van a cambiar. Que estamos condenados a votar al "mal menor" siempre y en cada elección.

Yo te digo que no es así. No estamos solos, cada día recibo un mensaje nuevo de un liberal que no sabía que lo era, y lo invitó a acercarse nuestra red. 

Los países no son desarrollados por sus recursos, lo son por el espíritu de sus individuos.

Somos la generación que puede torcerle el brazo a la historia, somos la generación de la libertad, me entusiasma cada vez que recibo un mensaje diciendo: "me encanta lo que hacen desde Estudiantes por la Libertad, quiero unirme". ¿Saben qué hacemos? Ser jóvenes, entusiastas y creativos. Ser liberales y populares.

Damos a cada uno de nosotros la motivación y la oportunidad de destacar su capacidad para dar a conocer esta noble causa, el entusiasmo que ponemos en cada actividad bien hace la diferencia a la hora de sumar nuevas voluntades.

Pero... ¿Por qué popular? Porque no ponemos límite a nuestra creatividad, estamos listos para innovar y adaptarnos a los cambios, a hacer prueba y error, corregir y seguir. No perdemos la seriedad académica por cantar "yo soy libertario" durante las fiestas, tomar cervezas y hablar de liberalismo o gritar como un sentimiento "Viva la libertad, carajo!" con nuestro ídolo el economista libertario, preparamos sorpresas y mostramos como somos. Profesionalizamos todo aquello que emprendemos, pero explicamos con palabras simples que "el mercado" no es más que vos, yo y todos, tomando decisiones y demostrando nuestras preferencias, una auténtica democracia que respeta al individuo. Y esto lo hacemos mientras pintamos "Mises es pueblo" en un muro de la libertad.

Todo lo que amo es libertad o fue hecho con ella. Desde los acuerdos libres y voluntarios que formamos con mis amistades, hasta el Internet o los eventos que tanto disfruto organizar. Desde mi perspectiva, son nuestros regalos al mundo, expresando nuestro talento y vocación.

Por último, como siempre digo, el desafío es liberar esa capacidad creativa y liberar las energías que todavía permanecen ocultas, despertar esa habilidad innata para moldear la materia con la que se crean los sueños y conquistar nuestros objetivos.

Una revolución se está incubando dentro de cada uno de nosotros, latiendo, esperando ser libre. Estamos formando una gran revolución juvenil, liberal y popular.

Ese es el éxito de Estudiantes por la Libertad.

Titulo original de la nota: Laissez faire para los jóvenes

Miércoles, 1 de noviembre de 2017
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