Zahara de los Atunes, un drama invisible y una historia que contar
Benjamin von der Becke
Especial para Visión Liberal, desde España


Un día de los primeros del mes de agosto me llegó desde las playas del sur de España una información que cambiaría en gran parte la rutina de mis días. Entremezcladas con las típicas noticias frívolas del verano(esas sobre dónde descansan los ricos y famosos, cómo transcurre la vida de los turistas alemanes en Benidorm, o cuál es el precio de una habitación doble en los hoteles de Marbella) pasaron unas imágenes impactantes que se me revelaron como metáfora extraordinaria de una realidad más compleja y profunda.

Aun mediatizado por una pantalla, la cercanía de ciertos acontecimientos o la conciencia de estar sucediendo "en directo" siempre nos sobrecoge. Son momentos dramáticos en los que se pasa a mirar el mundo desde una perspectiva diferente. El 11 de septiembre del 2001 es el ejemplo más paradigmático. Desde que vimos derrumbarse aquellas torres gemelas nuestra capacidad de asombro ha quedado comprometida y a la vez, exacerbada. Ya nada nos sorprende tanto. Y son pocas las cosas que nos conmueven mucho. Los perspicaces sobrevivientes del siglo XX, bien acomodados en estas primeras décadas del XXI, hemos visto de todo. 

Quizá fueran aquellas imágenes televisadas del instante donde la masa encefálica de J.F. Kennedy saltaba por los aires las que perturbaron por vez primera nuestra ingenuidad... ¿Cómo es posible que al presidente del país más poderoso del mundo lo hayan matado de un escopetazo?

En 2019 se cumplirá medio siglo de cuando un hombre llamado Neil pisó la luna...¿Dónde estábamos cada uno de nosotros aquella noche? Cualquiera que tenga más de 50 años de vida podrá decirlo con precisión.

Ahora, con el cúmulo de información que cada día absorbemos se nos hace difícil discernir lo urgente de lo necesario, lo que resulta intolerable de lo que es superficial. 

Lo efímero de lo verdaderamente trascendente.

El motivo por el cual escribo estas líneas tiene como hecho noticiable un alcance de significación mucho menor que los mencionados anteriormente, pero no es así para la vida de sus protagonistas.

Una rudimentaria patera con una veintena de subsaharianos muertos de hambre y de susto se abrió paso entre las olas y los estupefactos bañistas.

 

El desembarco se produjo bajo el sol justiciero del mediodía andaluz en aquella playa de Zahara de los Atunes,mientras algunas mujeres se bronceaban en topless, los niños jugaban felices a orillas del mar y los hombres golpeaban pelotas o se acercaban al chiringuito en busca de un refresco... No estaban las cámaras de TV para recibirlos, pero sí decenas de teléfonos celulares que activaron sus filmadoras con el audio en sincro registrando las imágenes y todo tipo de exclamaciones. Gracias a estos videos caseros se puede observar a los "inmigrantes ilegales" abandonar su precario gomón salvavidas y huir corriendo, como hormigas a las que se les pisó el hormiguero, hacia la zona de matorrales que separa la playa de las primeras casas dela población. 

No sabían bien hacia dónde ir... Pero ¡ya estaban en Europa! 

Aquellas imágenes que ahora pueden verse por Youtube no duran más de veinte segundos. A mí esa breve secuencia me bastó para imaginar toda una película.

Aquella misma tarde me senté a esbozar unas ideas. Y pocos días después, empujado por un email que ocasionalmente recibí con las bases del prestigioso Concurso ítalo-español "Franco Solinas" para guiones inéditos, me dispuse a escribirlo todo. Esos breves segundos desplegados sobre las playas de Zahara de los Atunes cifraban una historia que no podía dejar de narrar.La imaginación a veces solo sirve para reducir a detalles comprensibles lo que la realidad nos muestra de manera cruda. Allí están disponibles todos los datos para quien quiera explorarlos.

Se trata de un "éxodo de dimensiones bíblicas" -para decirlo con palabras del Papa Francisco- que los europeos observan de reojo, con igual estupor que impotencia.Cuando reaccionan muchos lo hacen votando a partidos xenófobos o intentando blindarse en nacionalismos egoístas implementando plebiscitos al estilo Brexit...

Son más de un millón -niños, mujeres y hombres- que cada año buscan un lugar donde poder vivir dignamente. Intentan huir de la miseria, de las guerras y de las sangrientas revueltas tribales que se desatan en diferentes regiones de África a consecuencia de dinámicas múltiples,originadas muchas de ellas en un pasado colonial mal resuelto. Al menos 4000 de ellos mueren ahogados o asfixiados al cruzar el Mediterráneo. Pero antes aun de que toquen las aguas "del mare nostrum" una cifra similar muere atravesando el desierto del Sahara. Pierden la vida deshidratados o son víctimas de todo tipo de vejaciones en Libia, Túnez, Argelia o Marruecos. Verdaderas mafias internacionales regulan el tráfico de estas multitudes errantes que recorren miles de kilómetros buscando la costa propicia desde donde abandonar el continente menos poblado y más rico de nuestro extraño mundo.

Para más inri,luego está lo que suele sucederles cuando "por fin" llegan a este otro continente -el de las libertades y de los derechos del hombre- tras sortear un naufragio probable y eludir las guardias costeras. Uno de los derivados de este drama es la prostitución, una versión aggiornada de la esclavitud, pero focalizada sobre las mujeres. Se calcula que solo en Italia y España hay más de 30.000 subsaharianas, la mayoría menores de edad, que son captadas por diferentes organizaciones criminales y obligadas a "vender su cuerpo" para ir pagando en cuotas los gastos de traslado y gestión de su reubicación.

Lo que les toca vivir a todos estos inmigrantes ilegales suele ser un drama invisible para el gran público pues las escandalosas cifras se diluyen en el entramado de la historia personal de cada uno de ellos. Ciertamente decenas de ONG y de instituciones internacionales intentan mitigar este desastre humanitario -el peor que enfrenta Europa desde el fin de la segunda guerra mundial-pero no dan abasto.

Entre tanto, yo acabo de enterarme que mi guion fue elegido y premiado... Quizá algo se pueda hacer desde la comodidad de un escritorio o de un set de filmación para transformar datos anónimos y fríos en testimonios humanos muy concretos.

Seguirá ahora el largo camino de tener que buscar un productor que se interese y financie el film y un director que sepa no quedarse en la estética externa del drama. Un camino infinitamente menos duro que el de sus protagonistas reales. Una historia menor que quizá algún día también pueda contar.

Viernes, 8 de diciembre de 2017