Una sociedad civilizada necesita cuidar la propiedad privada para subsistir
Ezequiel Eiben
Abogado, empresario en Grupo E Medios, académico, escritor y conferencista


Propiedad privada y civilización


                                                          "Si la Historia pudiese enseñarnos algo, sería que la                                                                     propiedad privada está inextricablemente unida con la                                                                civilización"
                                                                                 Ludwig Von Mises

Esa tesis de Mises, que civilización y propiedad privada están íntimamente relacionadas y no hay una sin otra, es la que compartimos. Lo planteamos en un silogismo de sencillas premisas y lógica conclusión:

La propiedad privada es un derecho.
Los derechos son fundamentales para la civilización.
Ergo, la propiedad privada es fundamental para la civilización.

La división del trabajo en la sociedad encuentra su importancia en el hecho que permite la profundización del conocimiento, favorece la especialización en las técnicas, y brega por una correcta organización y distribución de las aptitudes y talentos de acuerdo a las áreas de mejor performance. 

No da igual que todo el mundo se dedique a lo mismo, o que todos quieran hacer de todo, a que algunos se dediquen a ciertas cosas y algunos a otras, y que las idoneidades en cada sector de la producción se vean premiadas en vez de observar la pareja repartija de mediocridades. 

En una nación con autodeterminación de sus individuos, los empresarios, emprendedores, profesionales y personas productivas en general encuentran -de acuerdo a su gusto, talento y análisis de mercado- necesidades a ser satisfechas y oportunidades de negocios a ser explotadas. 

A y B trabajan desde su especialidad para componer un producto final que le sirve a C y D, quienes por su lado explotan otro negocio en el circuito económico elaborando lo que A, B y tal vez E requieren. 

Cooperación social donde se observa libre iniciativa, trabajo en equipo, intercambio voluntario y mutua satisfacción de intereses. Es decir, relaciones civilizadas. 

Esta cooperación social, según Mises, está mejor resguardada bajo el sistema de propiedad privada:

Los liberales sostienen que el único sistema de cooperación humana realizable en la sociedad basada en la división del trabajo es el que prevé la propiedad privada de los medios de producción. (...) La sociedad tiene necesidad de la propiedad privada para subsistir, y como los hombres tienen necesidad de la sociedad, deben preservar la propiedad privada para no dañar sus propios intereses, es decir, los intereses de todos. (Von Mises, Ludwig; Liberalismo. La tradición clásica, Unión Editorial, 2007)

La cita tiene corroboración histórica. Las sociedades que renunciaron (o que sus gobiernos las hicieron renunciar) a la propiedad privada cometieron el más fatal de los errores (o la más deleznable acción deliberada). 

Destruyeron sus empresarios, sus mercados, y las fuentes de producción de sus países. Para disimular, los gobiernos recurrieron a la mentira arrojando cifras fantasiosas sobre crecimiento económico de imposible realización y nula justificación en la realidad. Repasar la propaganda soviética, que aseguraba que los resultados del socialismo superaban con creces al capitalismo estadounidense, sirve para contrastar quienes necesitaban de la manipulación de números y quienes no precisaban de relatos fantásticos para reflejar el aumento en la calidad de vida de la población. 

Y teniendo en cuenta la cantidad de víctimas, la desesperación por escapar de los supuestos "paraísos comunistas", y el autoritarismo estatal para tapar hasta los más mínimos resquicios de libertad, no podemos decir convincentemente que aquellas (si se permite la palabra) "sociedades" de planificación centralizada, economía cerrada y nacionalización de los medios de producción, eran "civilizadas". 

En cambio, las sociedades que afianzaron la propiedad privada en su institucionalidad, subiéndose al tren del capitalismo liberal, experimentaron los mayores auges económicos de su historia. Y esto es porque limitaron el poder estatal que venía con su nociva intervención burocrática, y le dieron espacio al individuo productivo que venía con su ingenio para florecer. 

Con buena pluma describe Mises:

La propiedad privada crea una esfera en la que el individuo está libre de la injerencia del Estado, pone límites a la actuación de la voluntad autoritaria y permite que junto y contra los poderes políticos surjan otros poderes. La propiedad privada se convierte así en la base de toda iniciativa vital libre de la injerencia del poder político, el terreno en el que germinan las semillas de la libertad y en el que hunden sus raíces la autonomía del individuo y, en último análisis, todo desarrollo de la vida espiritual y material (Ibídem).

Cuando la persona sabe que sus esfuerzos -y no su vagancia- serán recompensados, tiene mayores incentivos para superarse. Cuando sabe que podrá disponer de los frutos del propio trabajo como su recta conciencia le indique -y no como alguien más le ordene-, tiene mayores incentivos para producir. 

Si el foco está puesto en la auto-sustentabilidad, muchos aprenderán a conseguirla. Si el foco se corre hacia la dependencia estatal, pues eso es lo que habrá. 

La Property Rights Alliance elabora todos los años su Índice Internacional de Derechos de Propiedad. En su edición de 2016, el top ten de países respetuosos del derecho de propiedad estuvo compuesto por Finlandia, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Noruega, Suiza, Singapur, Suecia, Japón, Holanda y Canadá.

  Naciones que no se destacan precisamente por estar preocupadas resolviendo temas de agobiante pobreza. Al contrario, usualmente se alude a ellas como exponentes de una buena calidad de vida. 

En el último puesto (128), apareció Venezuela, no tan lejos de Argentina (106) (obra citada). Dos países latinoamericanos sobre los cuales uno siempre escucha hablar de pobreza estructural, indigencia, crisis económica, estallidos sociales, y Estado regulador. 

No son casualidad las situaciones de subdesarrollo de dichas naciones y su afrenta permanente a los derechos de propiedad. Más bien, hay una relación de causa y efecto: quien se dedica a restringir la propiedad, ahogar la iniciativa individual y santificar el intervencionismo estatal, debe prepararse para tratar con pobreza creciente y alejamiento de la moderna civilización. Lo demuestra la historia, lo ratifica el presente. Para finalizar, y sólo para remarcar el punto, acudimos nuevamente a Mises: "Todas las civilizaciones, hasta el presente, se han basado en la propiedad privada de los medios de producción. Civilización y propiedad privada fueron siempre de la mano" (Von Mises, Ludwig; La acción humana, Unión Editorial, Madrid, 2001)

Martes, 20 de marzo de 2018