Modelos exitosos de países que se atrevieron a reformas profundas
Pablo Benitez Jaccod
*Licenciado en Relaciones Internacionales y presidente de la Fundación Progreso y Libertad


Lecciones exitosas para un "Gran Acuerdo Nacional"

En una semana marcada por el inicio de las conversaciones con el F.M.I, el precio del dólar y las Lebacs, el presidente de la Nación Mauricio Macri, lidero una serie de reuniones en las que insto a realizar un "gran acuerdo nacional" junto a la oposición y los gobernadores provinciales. Es decir, un pacto de largo plazo en el que se acuerden políticas públicas, las cuales se mantendrán independientemente del partido que gobierne. 

Importa remarcar que no cualquier política de largo plazo elevará el bienestar de los ciudadanos de la Argentina. En cierto modo, en los últimos 70 años, la mayor parte de la clase gobernante, ya sea oficialismo u oposición, ha tenido y tiene cierto acuerdo o "consenso" en una serie de ideas económicas. 

La idea de que el motor del progreso reside en un mayor gasto público; que el proteccionismo industrial fomenta el desarrollo; que la emisión monetaria equivale a la generación de ahorro para otorgar créditos; o que los controles de precios combaten la inflación y que la inversión privada aumentará si se los obliga a los empresarios, ha sido el tronco común, de una especie de "proyecto económico político argentino" adoptado casi sin reformas, desde 1940 en adelante.

Existen ejemplos exitosos en la historia económica mundial que muestran otro camino y merecen la atención de la dirigencia argentina. Tanto España, Irlanda, Australia, Chile y Nueva Zelanda se encuentran en un estado mucho mayor de desarrollo gracias a un profundo proceso de reforma institucional en el cual tanto oposición o gobierno han definido una visión de largo plazo. Si bien cada país tiene su particularidad, el tronco común marca que todos estos países implementaron una serie de reformas estructurales entre las que se destaca la reducción del déficit público, un régimen de responsabilidad fiscal con las provincias, la reconstrucción del sistema financiero, inversión en áreas de crecimiento en el largo plazo, como la educación y la salud, y una inserción internacional de sus respectivos países mediante el libre comercio.

El caso de Irlanda muestra cierta similitud con ciertas épocas de la República Argentina. 

A comienzos de la década del 80, Irlanda mostraba una tasa de desempleo del 18%, una deuda pública que excedía el 110 por ciento de su P.B.I y el déficit fiscal era de 12 puntos. Por año decrecía al 2%. Irlanda emprendió un proceso de reconstrucción interna en 1987 a través de un Programa de Recuperación Nacional que denomino "Partnership 2000". El contenido de este acuerdo fue concertado por la coalición gobernante, la oposición y sumo a los distintos sectores sociales- granjeros, obreros, empresarios y sindicatos-como socios. 

El programa consistía en cinco planes. Cada uno de tres años y con un objetivo preciso. Los beneficios no se vieron sino hasta nueve años después. En tanto las huelgas y protestas eran un paisaje habitual en Dublín. 

Los indicadores se revirtieron a partir del equilibrio de las cuentas fiscales, la liberación de la economía y una política de incentivo a la inversión extranjera directa. La República de Irlanda comenzó su proceso de reconstrucción y crecimiento sostenido- a una tasa promedio del 7,3% anual durante los 90- bajo el eslogan "dolor a corto plazo para beneficios en el largo plazo". Debido a sus políticas de empleo y una legislación favorable a la inversión extranjera directa, Irlanda aprovecho el boom tecnológico de los 90 desarrollando un Silicon Valley en el Viejo Mundo. Hoy es uno de los grandes exportadores de software del mundo. Su ingreso per cápita en 1999 era de aproximadamente U$S 20.600 dólares, siendo en la actualidad de U$S 72.000 dólares, superando el de Inglaterra.

España siempre cercana a nuestra historia como país, es mencionada permanentemente como modelo para este tipo de acuerdos políticos de largo plazo. Para eso fue fundamental la figura Adolfo Suárez como pieza central de la reconstrucción de la España post franquista. Los años de transición no fueron fáciles, mostraban un panorama con graves problemas que debía resolverse en democracia, y que derivaron en el acuerdo socio- económico y político, que se denominaron como Pactos de la Moncloa.

Si bien la transición "posfranquista", se consolida con la Constitución (1978) y la celebración de las elecciones que en 1982 llevaron al socialista Felipe González. La Moncloa marca un punto de inflexión en la economía española. El merito de España es que en el largo plazo, acordó entre las diferentes fuerzas políticas sobre temas claves como la política de empleo, la seguridad social, la regionalización y en la firme decisión de abandonar décadas de aislamiento. España busco ingresar definitivamente a la Unión Europea, se amoldo a las exigencias del tratado de Maastricht, que impone restricciones en materia fiscal, monetaria e impositiva. Los resultados estuvieron a la vista ya que entre 1980 y 1990, el crecimiento fue a un ritmo anual promedio del 3% y las exportaciones lo hicieron al 5,7%, en la década siguiente, los índices fueron del 2,4 y del 10,7% respectivamente. A mediados de los 90 el subdesarrollo era cosa del pasado.

Australia representa un modelo de inserción internacional de estudio para la Argentina. Iván Carrino en su artículo titulado ¿Por qué no fuimos Australia? Señala que este país; "es un importante productor y exportador de productos primarios, como carne, leche, trigo, cebada y sorgo. Cuenta, además, con un importante sector minero que está en los primeros puestos del mundo en cuanto a exportación y producción de oro, carbón, aluminio y cobre. Una de las curiosidades de la economía australiana es que hace 25 años que su PBI no muestra variaciones negativas. Es decir, hace 25 años que su economía crece de manera ininterrumpida y no hay señales de que eso vaya a cambiar en el corto plazo". Esta estabilidad institucional es la que le permitió ampliar sus mercados internacionales, complementándose con el naciente mercado del Sudeste Asiático. Durante las décadas del 50 y 60, Australia acuerda un tratado de complementariedad económica con Japón que comenzaba a exhibir altas tasas de crecimiento económico y a demandar alimentos. Entre 1950-1973 Japón creció a un promedio anual de 7,3%. A los pocos años China, Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Malasia y Hong Kong comenzaron a demandar productos de Australia. En la actualidad Australia destina a esta región el 71,3% de sus exportaciones totales, siendo China el mercado más importante, al cual exporta 19,2% de sus productos.

LEER MAS: www.visionliberal.com.ar/nota/3896-que-nos-une-y-que-nos-separa-de-australia

En conclusión. Lo hecho por estos países, va en sentido contrario a las ideas económicas preponderantes en buena parte de los partidos políticos en Argentina, las cuales señalamos al inicio. Tomemos nota de estos ejemplos, es hora de probar algo diferente. Todo acuerdo a la "nuestra" implicara pauperizar aún más el nivel de vida de los argentinos.


Jueves, 17 de mayo de 2018