La Argentina liberal: el país que soñó Alberdi ya está en marcha
Luis Rosales
Analista internacional, periodista


El Partido Liberal Argentino...¿para cuándo?

Auditorios llenos para hablar y discutir con José Luis Espert o Javier Milei, miles de jóvenes esperando el nuevo video didáctico de Agustín Etchebarne, re twitts casi ad infinitum de alguna ocurrencia de Roberto Cachanosky, las redes de Nazareno Etchepare, más el discurso constante de Ricardo López Murphy, Aldo Abram, Diego Giacomini, Iván Carrino, la difusión ideológica de la Fundación Naumann y su Visión Liberal, la Fundación Libertad en Rosario y tantas otras en otras ciudades, hasta los esfuerzos por un partido político de Yamil Santoro y los libertarios. Pareciera la que la masa crítica está lista, con una fuerza y dedicación que no se veía desde hace años.

Cuando los referentes liberales marcaron los errores del gradualismo, los adláteres del gobierno los tildaron de "liberalotes"

Todos fueron críticos feroces durante los años de la década perdida kirchnerista, trinchera que compartieron con muchos de los que ahora gobiernan y en mayor o menor medida lo son ahora con Cambiemos. Varios le marcan la cancha a Macri y lo corren por "derecha", tanto que han despertado el encono de algunos de los más rutilantes defensores del gobierno: Rodrigo Pena calificándolos de plateístas y Fernando Iglesias registrando el mote de "liberalotes". La enorme crisis cambiaria, financiera, económica y sus consecuencias sociales y políticas, que el país enfrenta en estos días, pareciera darles la razón e ir haciendo realidad sus pronósticos y diagnósticos más crudos, algo que según sus perspectivas permitiría demostrar una vez más la supremacía de sus ideas ortodoxas por sobre los planteos edulcorados del gradualismo socialdemócrata que se impuso en el gobierno.

Su prédica mediática y por redes, constante y persistente durante estos casi tres años de desaciertos económicos de la opción no peronista, los ha llevado a un nivel de conocimiento en la opinión pública envidiable para cualquier fuerza política. 

Atentos al número de lectores y a los puntos de rating que despiertan sus presencias en diarios, canales y radios, algunos empresarios del sector quisieron medirlos en una encuesta, con resultados sorprendentes. 

Los más expuestos registran niveles de conocimiento casi equivalentes a los de los principales exponentes del gobierno y la oposición, mayor aún que la que registran muchos dirigentes alternativos, entre ellos varios gobernadores. 

Ni que hablar del ratio positivo / negativo que los posiciona en un envidiable lugar de alto impacto, con ningún antecedente de gobierno que los empañe.

La necesidad de una fuerza política que represente la tradición liberal en la Argentina prueba de nuevo ser un imperativo de la época. Al edificio en que se sostiene nuestra democracia le falta una de sus columnas, uno de sus cimientos fundacionales. Nuestra historia institucional desde que salimos de la barbarie de las guerras civiles en 1853, se nutre de tres tradiciones básicas. 

La original o liberal conservadora, la radical y la peronista, a la que se le puede sumar las nuevas fuerzas de izquierda. Siempre tienen que estar presentes las tres primeras, ya sea en roles de gobierno u oposición, no puede subestimarse ni ignorarse a ninguna. En varias ocasiones se pensó que el péndulo entre radicalismo y peronismo permitía dejar olvidada en los libros a esta corriente que redactó nuestra Constitución e inspiró a los gobiernos más eficientes y progresistas; los que nos llevaron a ser polo de atracción de inmigrantes del mundo entero, multiplicando por cinco nuestra población en dos generaciones y a figurar entre las primeras potencias de la tierra.

Si la Argentina fuera una democracia parlamentaria, al estilo alemán o italiano, seguramente los liberales hubieran influido en forma permanente en los sucesivos gobiernos. Con un peso que fluctúa entre el 10 y el 20 % del electorado, podrían haber inspirado áreas claves como las relaciones exteriores o haber impuesto un camino constante que no se aparte demasiado de la racionalidad económica. En Alemania, los liberales fueron los responsables de la existencia de verdaderas políticas de estado en esas materias, asunto clave para que pudieran integrarse en coaliciones de gobierno con los conservadores o los socialdemócratas. Los alemanes valoran ese rol bisagra del partido liberal y lo consideran indispensable en la consolidación de la democracia de la postguerra.

En la Argentina, la construcción de un espacio partidario que represente estas ideas podría cumplir un rol similar, aunque adaptado a nuestro sistema hiperpresidencialista. En las elecciones que vienen, sin dudas habrá un lugar más que importante para quien represente a esta tradición, mucho más si se tratara de un piloto de tormentas al estilo de Espert o López Murphy.

En otro escenario posible, de conseguir un nuevo mandato, el gobierno de Cambiemos sin duda necesitará de una nueva columna que lo sostenga, sobre todo si se decide a encarar los cambios de fondo que sigue demorando. Con los radicales y la Coalición Cívica de Lilita pareciera que no alcanza.

Lo mismo puede suceder con el peronismo no K, a quiénes les convendría integrar a los liberales en un eventual gobierno que suceda al del Presidente Macri.

Pero más allá de las especulaciones electorales y las discusiones de gabinete, el aporte más sustancial que estos exponentes modernos de las ideas de Alberdi podrían darle a la democracia argentina, consistiría en llenar el parlamento y las legislaturas provinciales de nuevas voces y visiones. La discusión política en la Argentina, siempre es incompleta si en la lista de oradores no figuran exponentes de estos puntos de vista. Si los que debieran defenderlos no lo hacen ya sea por especulaciones electoralistas o actitudes vergonzantes, surge claramente un nuevo imperativo categórico: el Partido Liberal Argentino, cualquiera sea su organización, liderazgo o su nombre definitivo...

Lunes, 24 de septiembre de 2018
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