La oposición en Venezuela debe sacarse la careta y reaccionar
José Manuel Rodríguez
Ganador del concurso de ensayos de la Red Liberal de America Latina. Director de Desarrollo Institucional en Fundación Federalismo y Libertad


La oposición venezolana: entre la mediocridad y la negligencia

La crisis venezolana no es un proceso nuevo ni espontáneo, es el resultado de años de descomposición política y económica. Por ello, un gran sector de la comunidad internacional observa con escepticismo la apaciguidad de la oposición venezolana, y no comprende como el chavismo empujo a Venezuela hacia un abismo, sin que nada pudiera detenerlo.

Durante los catorce años del gobierno de Hugo Chávez, los ingresos petroleros permitían mantener un estado de bienestar de tal magnitud que el chavismo no tenía miedo alguno en competir en elecciones abiertas, aunque severamente condicionadas por ventajismos oficialistas.

Todo ello cambio en el año 2013, en donde comenzaron los problemas económicos del Estado todopoderoso, en medio además del anuncio de la muerte de Hugo Chávez.

La destrucción de la institucionalidad venezolana, llevada a cabo por Chávez durante su gobierno, se colocó a prueba en todos los sentidos durante el 2013. Las elecciones pautadas para el 14 de abril de dicho año enfrentaban a Nicolás Maduro; sucesor directo por mandato público de Hugo Chávez, y Henrique Capriles; quien encontraba una coalición opositora unificada electoralmente que lo respaldaba, y la simpatía de un sector "chavista" pero no "madurista".

En el 2013 comenzaron a hacerse notorios los problemas de abastecimiento, luego de que las empresas expropiadas años anteriores comenzaran a generar severas pérdidas en su rendimiento.

El modelo económico socialista comenzaba a mostrar su inviabilidad.

El 14 de abril, las elecciones presidenciales se encontraron llenas de irregularidades. A altas horas de la madrugada, con un pesado clima de tensión, el Consejo Nacional Electoral emitió públicamente la presunta victoria de Nicolás Maduro por apenas 140.000 votos, lo que equivale a aproximadamente 1% de los votantes.

El fraude era evidente en todos los rincones del país. Y ambos sectores, oposición y gobierno, deberían colocar todas las cartas sobre la mesa para sobrevivir.

La indignación colmo a gran parte de la sociedad venezolana, e iniciaron una serie de protestas en gran parte del país. Al mismo tiempo, el chavismo puso a prueba todo el entramado político-legal

que se encargó de forjar durante más de una década, empleando la justicia, el Consejo Nacional Electoral, y especialmente las fuerzas de seguridad, desde los componentes de la fuerza armada y policía, hasta los paramilitares progubernamentales.

Los días siguientes reflejaban una escalada de violencia de lado y lado. Fue entonces cuando la oposición venezolana le manifestó al país el cese de todas las protestas contra el régimen de Maduro, para evitar un derramamiento de sangre en el país y correr los riesgos sociales de un enfrentamiento.

En cambio, la controversia electoral seria llevada a organismos internacionales para su resolución, y la ilegitimidad de Nicolás Maduro seria difundida en el mismo ámbito.

Esta decisión, genero una decepción tal que destruyo gran parte del capital político opositor. 

En términos reales, la oposición no evito ninguna clase de conflicto ni mucho menos salvaguardo al país de cualquier riesgo. 

El 10 de enero del 2019 culmina el periodo presidencial que daba inicio a partir de la elección del 2013, y vale la pena preguntarse ¿Cuáles han sido los resultados?

Según el observatorio venezolano de violencia (OVV), durante el régimen de Nicolás Maduro (exceptuando el 2018) se han registrado 132.673 muertes por razones violentas, entendiendo por estas aquellas relacionadas a hurtos, sicariatos, secuestros, resistencia a la autoridad, linchamientos o hechos similares. Suponiendo que un 25% de las mismas hayan podido ser evitadas por una política de seguridad competente, aproximadamente 30.000 muertes han sido causadas por la delincuencia venezolana, que lejos de ser combatida por el régimen, es socia del mismo para mantener a raya las posibles disidencias sociales. (ver observatoriodeviolencia.org.ve/category/informes)

De la misma manera, el OVV ha alertado que desde el 2017 las cifras de suicidios anuales se han duplicado. A principios del año 2000, se registraban trescientos suicidios anuales, mientras que en el 2017 se registraron más de mil.

A pesar de no existir un registro histórico oficial, al menos de manera pública, la desnutrición es un problema crítico en Venezuela. Instituciones como Caritas Venezuela estiman que aproximadamente 200.000 personas presentan un cuadro de desnutrición severo actualmente.

En 2014 tras una serie de manifestaciones universitarias y posteriormente generales, la represión cobró la vida de 43 personas. En el 2017 luego de que Nicolás Maduro disolviera el parlamento, la larga represión que detuvo la respuesta ciudadana termino con la vida de 127 personas.

Como si fuera poco, en noviembre del presente año, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informo que aproximadamente tres millones de venezolanos han abandonado del país, huyendo de la crisis humanitaria.

Tomando en cuenta que en la presente síntesis han pasado desapercibido las muertes por falta de medicamentos, así como la víctimas de la persecución política y cifras referidas al desplome de la escolaridad y otras áreas de la vida ciudadana prácticamente destruidas por la situación actual, vale la pena preguntarse ¿Qué evito la oposición venezolana tras retirarse de las calles en el 2013?

Churchill aseguraba que quien se humilla para evitar la guerra, termina quedándose con ambas. Si los antecedentes históricos demuestran que la salida de los sistemas socialistas siempre tiene una faceta de ímpetu, riesgos y resistencia, ¿Por qué evitar lo que parecía un destino histórico?

La oposición venezolana, por conveniencia o negligencia, enterró el destino de la única resistencia viable al régimen chavista aquel 2013. Este error, quizás invisible en aquel momento, no exime a la oposición venezolana de la trama de incoherencias políticas en las cuales ha incurrido desde aquel momento.


En el 2013 se divulgaría en el mundo la ilegitimidad de Maduro, sin embargo a finales de año, la oposición se presentó en las elecciones locales bajo la excusa de no ceder espacios, ¿Cómo pueden participar en un proceso electoral si meses atrás acaban de manifestarle al país el carácter dictatorial del régimen?

Posteriormente participaron en las elecciones al parlamento en el 2015, en donde obtuvieron la mayoría de los escaños, sin embargo el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) anulo parte de la elección y neutralizo las capacidades legislativas de control sobre el ejecutivo, al mismo tiempo que este posteriormente decidió disolverlo. ¿Sorpresa? Es el mismo gobierno que hace algún tiempo (17 años para ese tiempo) se encuentra devorando públicamente cualquier rastro de institucionalidad que quedaba en el país.

La mayoría de la dirigencia opositora venezolana lejos de ser víctima del régimen, es cómplice de la situación actual. En muchas ocasiones, diferentes sectores políticos se arrastran por conseguir cualquier espacio que el régimen les permita tener bajo cualquier anuencia.

Sir Winston Churchill dentro de sus discursos intolerantes a la mediocridad política, expresaba que todo apaciguador lo que realmente busca es que el cocodrilo que lo acecha devore a otra persona antes de él. Dentro de la oposición venezolana, son muchos los sectores que consiguen un área cómoda de acción, sin responsabilidades más allá de la agenda mediática de falsa resistencia que deben mantener.

Curiosamente este 9 de diciembre se celebra elecciones de las legislaturas locales en las municipalidades venezolanas. Diversos grupos opositores emplean tiempo, recursos e incluso luchas internas, para promover sus candidaturas en los comicios, bajo la excusa de la defensa de los espacios. 

Hace un tiempo pudiésemos haber comprado la idea, sin embargo hoy es notorio que tal hecho, no es más que una bochornosa manifestación de la mediocridad y miseria política en la cual se encuentra buena parte de la oposición venezolana actualmente.

Mientras la población literalmente se muere de hambre, los recursos de la presunta disidencia política son empleados en afiches y campañas publicitarias para cumplir el deseo mesiánico y decadente de algún alcalde de querer sentir que maneja una pequeña cuota de poder.

Muchos líderes de la oposición se han conformado con las migajas que el pragmatismo del gobierno ha dejado caer en el tablero de la política nacional. Mientras tanto de lejos, en el miedo, la tristeza y frustración, la ciudadanía venezolana se acerca a sus navidades más oscuras desde la fundación de la república.

Al momento de definir a la oposición venezolana, es menester realizar ciertas aseveraciones.

Existen movimientos políticos y organizaciones sociales que han mantenido un nivel consecuente de coherencia y especial resistencia desde lo posible hacia el régimen, como el Foro Penal Venezolano, CEDICE Libertad y los diferentes observatorios que permanentemente se encuentran cuantificando en la medida lo posible lo que ocurre.

Además existen algunos líderes políticos y grupos que conservan cierto grado de credibilidad o simpatía, a quienes no es prudente nombrar expresamente, pero que coinciden en gran parte con las ideas de la libertad.

Deberá la historia juzgar a aquellos que hoy bajo la bandera de falsa oposición, son funcionales al régimen, y especialmente deberán las nuevas generaciones, no viciadas por estos males, corregir el rumbo del país, con una renovada cultura política. Ese es el gran reto del futuro venezolano.

Viernes, 7 de diciembre de 2018