Feminismo y liberalismo: dos aliados que deberían reconciliarse
José Manuel Rodríguez
Ganador del concurso de ensayos de la Red Liberal de America Latina. Coordinador de proyectos en Fundación Federalismo y Libertad


El 2019 depara un escenario electoral complejo para la Argentina, a la vez que el ascenso de Bolsonaro y Lopez Obrador presenta un nuevo paradigma para los polos ideológicos del continente. En medio de dicha convulsión que se dispone a atravesar la política regional, hay un movimiento transversal que no ha de pasar desapercibido, el feminismo.

Actualmente, el feminismo es el factor cultural más polémico de nuestras sociedades occidentales. El paradigma que este presenta a la sociedad, nuevamente ha empujado a la ciudadanía a demarcar una posición conservadora o progresista al respecto. Tal cual como lo haría el abolicionismo, o el propio liberalismo, en siglos pasados. A modo historiográfico, no es algo nuevo.

Lo que si representa una novedad, es el divorcio del movimiento feminista y las organizaciones liberales, cuando en los albores de este movimiento, ambos ejes iban de la mano. El feminismo es un movimiento completamente liberal, de hecho, sus pensamientos más que compatibles, son sumamente análogos, cuestión que podemos discurrir histórica y prácticamente.

En el segundo tratado del gobierno civil, publicado por John Locke en 1689, el padre del liberalismo, al referirse al poder paterno, estableció una crítica a dicho término, ya que para él, esta definición "puede inducir a los hombres al error (...) que parece situar el poder de los progenitores sobre sus hijos en el padre enteramente, como si la madre de él no participara". Locke prosigue criticando el uso de la palabra paternal, y de hecho sugiere desecharla y sustituirlo por el término parental.

Esta curiosa aseveración de Locke, en lo que se considera, el manifiesto fundacional de nuestras ideas, no es más que la primera referencia histórica al lenguaje inclusivo, y sí, se encuentra en nuestra más apreciada obra del pensamiento liberal.

El uso del lenguaje inclusivo no solo es simbólico, existen diversos antecedentes que establecen el poder de la redacción para mantener al margen a la mujer en diferentes áreas de la vida pública. Solo por mencionar alguna, hacia 1776 en Nueva Jersey, se promulgó el reglamento electoral estatal, que establecía los requisitos que deberían cumplir las personas para poder votar, este término, promovió que las mujeres acudieran a las elecciones, sin embargo los delegados no les permitían sufragar.

Ante la apelación al reglamento, el Estado resolvió modificarlo, cambiando la palabra personas por hombres, para así dejar a la mujer sin posibilidad de votar. El lenguaje, tanto en el pensamiento como en la ley, ha sido una herramienta que ha negado la igualdad ante la ley que la mujer viene exigiendo desde 1848, con la declaración de Seneca Falls.

Esta declaración consiste en un documento suscrito por la sociedad civil americana, donde se denunciaba la condición de marginación legal a la cual era sometida la mujer. El documento establecía una cruel realidad para su tiempo. El género femenino no solo no podía votar, mucho menos podía presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse o tomar parte en organizaciones políticas.

Sin embargo, también se denunciaban las restricciones económicas: la prohibición existente que no permitía a la mujer tener propiedades, puesto que los bienes eran transferidos al marido, al mismo tiempo que estaba en vigor la prohibición de dedicarse al comercio, tener negocios propios o abrir cuentas bancarias, ¿Qué más liberal que la defensa al derecho de propiedad?

Si realizamos una delicada comparación entre la condición y las demandas de la mujer en el siglo XIX y XX, pedían igualdad ante la ley, libertad política, y derechos de propiedad, lo mismo que cualquier hombre le exigía a la corona un siglo atrás cuando la ilustración enfrentaba al absolutismo.

Entonces, si el pensamiento y la historia hacen que el liberalismo y el feminismo vayan de la mano, ¿Qué es lo que hoy nos separa?

En el siglo XXI, las demandas del feminismo han tomado nuevas banderas. El aborto, la equidad salarial, el cupo femenino, entre otras, son las principales banderas del feminismo contemporáneo, ¿estas demandas no son liberales?

El aborto, desde una perspectiva u otra, es una discusión que encuentra dos visiones diferentes sobre el derecho de propiedad. Unos defienden el derecho de la propiedad del cuerpo de la mujer, y otros el del derecho de la propiedad de la vida de la criatura en gestación.

El cupo femenino y la equidad salarial, exigen en sustancia, el establecimiento legal a un trato igual tanto al hombre como a la mujer, al ser ambos miembros de una misma especie. Trato similar que exigían los detractores del absolutismo cuando se sentían discriminados por contar o no con "sangre azul".

Esto ciertamente ha sido establecido en términos muy simples, en donde es menester establecer la existencia de excesos. Si, existen mujeres que empujan la causa del cupo femenino o del aborto por razones irresponsables o ajenas al funcionamiento de una sociedad responsable, ¿pero qué movimiento no cuenta con tal eje radical?

Nadie puede negar los extremismos que se han cometido en nombre de la libertad de los hombres, del derecho de propiedad, o del capitalismo, sin embargo lo que si se debe negar rotundamente, es que tilden de culpable a dichas instituciones, ya que son solo los hechos promovidos por individuos autoproclamados como representantes de lo colectivo.

El feminismo encuentra en todas sus matices una perspectiva liberal, y a modo de conclusión, podemos preguntarnos ¿entonces por qué hoy la izquierda y el feminismo van de la mano?

Lamentablemente, a nivel cultural el liberalismo sigue siendo sumamente inexperto. A medida que el feminismo fue encontrando nuevas exigencias reivindicativas, el liberalismo no logró amalgamar emocionalmente dichas demandas con los principios de una sociedad libre. Al mismo tiempo, la izquierda si consiguió hacer que cada demanda feminista encajara en su lucha contra el capital.

Por ejemplo, mientras que casi ninguna organización liberal planteó el debate del aborto como un tema de propiedad, la izquierda impulsó una agenda que planteaba a las élites farmacéuticas y dedicadas a la industria de la medicina como principales rivales de la mujer, al mismo tiempo que estableció una lucha contra la iglesia, el opio de los pueblos ante sus ojos.

Esta nueva derrota en la batalla cultural por el posicionamiento de las ideas de la libertad, no solo es causa de la apatía o la incomprensión de un terreno que sigue siendo reacio para la difusión de nuestras ideas, también colaboró la paranoia y la segmentación de nuestros esfuerzos.

El surgimiento del marxismo cultural, como un presunto agujero negro que absorbe todos los nuevos movimientos sociales y los convierte en punta de lanza contra el liberalismo, nos empuja cada vez más a un liberalismo alejado de lo contemporáneo y emocional.

Nadie niega que el marxismo cultural exista, como un área más donde el socialismo se encuentra trabajando, ¿y el liberalismo cultural no existe? En infinitas ocasiones, liberales se han encargado de criticar la moda del pañuelo verde, aludiendo a que jóvenes que acostumbran utilizarlo no entendían los fundamentos o la trascendencia del aborto.

Sin embargo, en las últimas semanas, gorras, chapas, pañuelos y remeras con los rostros de Javier Milei, Juan Bautista Alberdi y José Luis Espert han surgido y se han comenzado a comercializar, y nunca nos preguntamos, ¿saben todos los que las usan que implica una economía abierta?, ¿conocen los chicos que cuentan con una remera de Milei, lo que implica un sistema de precios libres?

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En este 2019 posiblemente se cierre la agenda del feminismo, fijando la base de este en nuevo espectro ideológico. No importa si la historia y los referentes del pensamiento están a nuestro favor, si no se abre un frente cultural, emocional y mediático, el feminismo será arrebatado de nuestra historiografía.

El antecedente más evidente es el ecologismo, un paradigma del pensamiento que en pro de proteger el ambiente pudo haber llegado a promover la privatización de las reservas naturales, ante la evidencia empírica que comprueba que lo natural es mejor preservado por el lado privado que por el público, se terminó convirtiendo en una herramienta para ponerle trabas al comercio y la industria.

Es cuestión de tiempo para que el feminismo sea el nuevo ecologismo, y a este ritmo, seguiremos anotándonos rivales donde pudimos haber tenido aliados. Es momento de promover la reconciliación entre el feminismo y el liberalismo, pero especialmente entre las ideas de la libertad, y las demandas sociales que seguirán surgiendo.

Jueves, 3 de enero de 2019