¿Es realmente inteligente (y peligrosa) la inteligencia artificial?


(El ConfidencialLa respuesta a la pregunta depende de qué entendamos por inteligencia, una capacidad que ni siquiera tenemos definida con precisión entre los humanos. Históricamente lo más sencillo ha sido equiparar la inteligencia al cociente intelectual, es decir, a la puntuación obtenida en un test psicométrico de inteligencia.

Con todo lo que ha avanzado la inteligencia artificial en las últimas décadas, todavía no se le ha ocurrido a nadie verificar la puntuación que obtendría una entidad de inteligencia artificial en un test de inteligencia para humanos. Como ejercicio práctico sería muy relevante. Lo más aproximado ha sido aplicar el comportamiento de diversos 'software' de inteligencia artificial a juegos cuyo desempeño en humanos se suele considerar 'correlacionado' de algún modo causalmente desconocido con la inteligencia como capacidad. De entre estas inteligencia artificiales capaces de competir con los humanos y superarles en juegos de habilidad cognitiva han destacado AlphaGo, el 'software' desarrollado por Google para el complejo juego chino del Go; y el más conocido DeepBlue de IBM, que derrotó al campeón ruso Kasparov en el ajedrez.

No obstante, la inteligencia de las inteligencias artificiales del Go y el ajedrez no tiene que ver demasiado con la inteligencia (valga el juego de palabras), sino con la potencia de computación. En humanos, ambos juegos están basados en capacidades que tienen alta correlación con la inteligencia, pero que no son, en sí mismas y aisladas, inteligencia: entre ellas, la mayoría son habilidades cognitivas como la atención enfocada, la memoria visual secuencial, la discriminación de información o el razonamiento deductivo; o recursos computacionales ligados al cableado de la mente, como la densidad, rapidez y eficiencia de las redes de conectividad neuronal. 

Es decir, el grueso de las habilidades cognitivas humanas relevantes para el ajedrez y el Go son computacionales; eso es precisamente lo que deriva que el 'software' de inteligencia artificial, apoyado por 'hardware' de alto rendimiento computacional, haya derrotado a sendos campeones mundiales de ambas disciplinas de habilidad cognitiva. 

En definitiva, potencia computacional; correlacionada en positivo con la inteligencia pero sin ser inteligencia.

¿Es inteligente AlphaGo? No lo es; pero sí mucho más eficiente computacionalmente para una sola tarea compleja. En este caso, es un cerebro electrónico que ha memorizado mecánicamente más posibilidades y escenarios de juego que cualquier ser humano; los ha probado serial y probabilísticamente en paralelo con más velocidad y combinaciones que cualquier ser humano; y, lo más relevante de todo, ha dedicado toda su potencia computacional enfocada exclusivamente en la tarea para la que ha sido programado, sin distracciones como las emociones, la homeostasis, la gestión de la multiplicidad de 'inputs' estimulares o los pensamientos que -por mencionar solo algunos- tiene que gestionar el cerebro humano de un jugador de Go. 

Por tanto, la inteligencia artificial ya ha superado al ser humano en potencia computacional, o mejor dicho en eficiencia computacional. Lo cual era esperable que sucediera en una máquina.


En realidad la utilización del apelativo 'inteligencia' para la inteligencia artificial tiene algo de desiderátum pero, sobre todo, designa un tipo de inteligencia distinto a la inteligencia humana. La 'inteligencia' de la inteligencia artificial se refiere, al menos hoy por hoy, a las bases computacionales de la inteligencia y no al desarrollo simbólico, semiótico y creativo de la inteligencia humana.

Es decir, de momento las investigaciones apuntan a que cuando la inteligencia artificial se concentra en una tarea basada en la detección, extracción y computaciones de patrones; en el procesamiento en paralelo de información masiva para categorizarla; o en el discernimiento, aprendizaje y reproducción de estructuras organizadas en volúmenes de datos aparentemente desorganizados; en esas tareas y apoyada en maquinaria 'hardware' lo suficientemente potente, está en condiciones de superar al ser humano. Sin embargo, esa 'inteligencia' es inteligencia procedimental y declarativa, propiamente mecánica, y no la inteligencia fluida y creativa inherente al ser humano.

No obstante y como vivimos en los tiempos confusos propios de los períodos de transición -en este caso la transición de la revolución tecnológica- a veces un tipo de inteligencia -la inteligencia mecánica- nos puede parecer de la otra clase -la inteligencia creativa. Es el caso, por ejemplo, de la utilización de 'software' de inteligencia artificial para la creación de un nuevo cuadro de Rembrandt pintado al óleo con técnicas de impresión 3D por una inteligencia artificial en el proyecto Next Rembrandt en Holanda.

Aunque ese Rembrandt artificial es en cierto modo original, pues es un nuevo retrato, y nos podría parecer que la inteligencia artificial que lo ha gestado es una entidad creativa o creadora, desde el punto de vista tecnológico su producción no es creativa, sino que está basada en lo que hemos denominado 'inteligencia mecánica': el 'software' de inteligencia artificial ha analizado decenas de retratos y figuras humanas pintadas por el Rembrandt humano; ha reconocido, analizado y aprendido los patrones utilizados por el maestro holandés en la geometría de los rostros y de las posturas humanas que retrataba; y ha utilizado esos patrones para combinarlos en un 'estilo' que ha servido para reproducir un nuevo retrato. En realidad es un muy sofisticado 'copia y pega' con algo de novedad mecánica.

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De momento, pues, las inteligencias mecánicas también pueden copiar creatividad humana y combinar aleatoriamente esos elementos copiados en un resultado distinto del punto de partida; esto es, las inteligencias mecánicas pueden extraer un determinado significado y sentido de un volumen de información (de una realidad por tanto) y reproducirlo o combinarlo de formas aparentemente nuevas. Sin embargo, lo que no pueden hacer las inteligencias mecánicas, por ahora un coto reservado a la inteligencia creativa humana, es otorgar sentido y significado a la realidad. Una diferencia, pues, entre las inteligencias mecánicas y las humanas es que mientras las primeras reproducen y recombinan realidades, las segundas las otorgan, las configuran, las crean. Sin embargo, esta diferencia, por su propia naturaleza, podría no mantenerse inexpugnable en el tiempo.

La capacidad demostrada de las inteligencias mecánicas para recombinar patrones previamente copiados se parece mucho a otra capacidad por lo pronto humana: la innovación. Si las inteligencias artificiales, como en el caso de Next Rembrandt, son capaces de producir nuevos resultados detectando y aprendiendo patrones para componerlos de una manera nueva, están innovando. ¿Están otorgando un nuevo significado y sentido a la realidad?

No lo están haciendo, sino produciendo mecánicamente una nueva estructura de información a la que tocará a los humanos otorgar sentido y significado; serán los humanos quienes identifiquen y cataloguen el nuevo Rembrandt como una obra de arte o como una excentricidad de feria, y ese significado otorgado a la realidad influirá en el comportamiento individual y social de esos seres humanos (por ejemplo datando el valor de ese nuevo Rembrandt en el mercado del arte); ¿esto mismo podría hacerlo una inteligencia artificial? Si se programara su 'software' con las condiciones y patrones que utilizamos los humanos para significar esa realidad, también podría hacerlo, puesto que al fin y al cabo, aunque no lo parezca, estamos los humanos en este caso actuando en base a patrones reproducibles.

A los humanos les quedará reservado lo que hoy se considera más difícil de ejercitar en capacidades humanas: la inteligencia disruptiva

Entonces, ¿de qué tipo de otorgamiento de sentido y significado a la realidad estaríamos hablando para que sea propiamente humano y no reproducido por una inteligencia mecánica? ¿Qué va a quedar reservado a los humanos si incluso la innovación puede mecanizarse? Pues desafortunadamente para mucha población, a los humanos les quedará reservado lo que hoy se considera más difícil de ejercitar en capacidades humanas: la inteligencia disruptiva, la abstracción intelectual, la creación simbólica, el genio creativo; entre estas se entremezclan algo tan subestimado como el razonamiento ilógico (la capacidad de ser absurdo), el esquivo sentido común, la imaginación o toda la estructura cognitiva involucrada en las creencias.

Cuando reconocidos portavoces de la tecnología actual como Elon Musk se refieren a la inteligencia artificial como nuestra "mayor amenaza existencial" están apuntando, más o menos explícitamente, a tres riesgos que deberíamos estar ya pensando en cómo gestionar: 1) el control de los sistemas de inteligencia artificial para evitar o regular usos que se consideren perjudiciales (por ejemplo invasivos en el control de información) para el ser humano; 2) la sustitución de humanos por inteligencias mecánicas robotizadas en multitud de tareas, laborales o no, que estén basadas en lo que hemos mencionado que las inteligencias artificiales pueden ser superiores: el procesamiento masivo de información y el reconocimiento, aprendizaje y reproducción de patrones y sus combinaciones; y 3) la regulación de implantes robotizados de inteligencia artificial en humanos, en nuevas realidades que se conocen como 'transhumanas'.

El miedo a la inteligencia artificial no es que nos vaya a dominar autónomamente en base a su 'voluntad', sino que por nuestra voluntad sea utilizada con fines perversos o que por nuestra voluntad se desplace a muchos seres humanos que no han estado en condiciones de desarrollar o ejercitar esas funciones o capacidades en las que los humanos son distintos de, y aportan valor sobre, las inteligencias mecánicas.

Ninguno de los sistemas políticos parece estar pensando en la necesidad de establecer un marco de integración para las inteligencias mecánicas

La gestión de estos riesgos ya emergentes para la inteligencia artificial es, como siempre, política. Lo cual implica en sí mismo otro riesgo, pues ninguno de los sistemas políticos actuales parece estar pensando seriamente en la necesidad de establecer un marco de integración para las inteligencias mecánicas en un espacio de convivencia más o menos armonizado con los seres humanos. La cuestión tiene implicaciones éticas, por supuesto, pero principalmente políticas.

Un par de las vertientes más relevante para la convivencia entre humanos e inteligencia artificiales en el futuro será la interoperabilidad y la segmentación: lo primero tiene que ver con cómo interactúan los seres humanos con las máquinas 'inteligentes'; lo segundo con el acierto en dedicar la máquina en lo que mejor hace la máquina y al humano en lo que mejor hace el humano. Cualquiera de estas dos dimensiones producirá disrupciones en los ecosistemas humanos, sobre todo el laboral aunque no solo, que será necesario ajustar.

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Algunos pasos políticos y regulatorios ya se están dando en esa dirección, como por ejemplo los estudios iniciales que la Unión Europea está realizando sobre las personas electrónicas, específicamente una nueva categoría de individuos cuya actuación en el espacio de convivencia social habrá que regular en derechos y obligaciones en nuevos marcos jurídicos que ya se están denominado el Derecho de los Robots.

Sin embargo, aparte de estas todavía tímidas incursiones legales y de las voces de alarma de algunos, no parecen estarse aprovechando los actuales espacios de reflexión científica existentes (como en España el congreso jurídico Robotiuris) para comenzar a diseñar marcos regulatorios que aprovechen todo el tiempo que todavía tenemos por delante para reflexionar, pausada y eficientemente, sobre una realidad que a poco que nos descuidemos se nos echará encima.

Domingo, 6 de enero de 2019