Los marxistas y el apego al jabón: una alianza que nunca funcionó


(Del Blog de Gilberto Dihigo).-El socialismo de corte marxista sufre al parecer una señalada inclinación hacia la escasez de los productos y muy en particular hacia los artículos de aseo personal como si enviaran una suerte de mensaje subliminal de que el proletariado, para que sea un proletariado militante, no debe bañarse, cepillarse los dientes, usar desodorante y sobre todo que esa parte noble del cuerpo no reciba la suavidad del papel sanitario, sino el rigor de otras superficies para evitar a toda costa el aburguesamiento.

¿En realidad no asearse es algún tipo de flagelación que deben sufrir los creyentes a la doctrina para fortalecer el cuerpo y hacerlo resistente a las tentaciones de la burguesía capitalista? A decir verdad el manifiesto comunista de Carlos Marx dice: "proletarios del mundo, uníos". ¿Faltaría una segunda parte que indique después de uníos: y no se bañen?

Estas interrogantes son grandes especulaciones. Sin embargo la teoría tendría una base después de todo, ya que el insigne Carlos Marx no le gustaba bañarse. Eso al menos lo afirma en un ensayo Paul Johnson, quien escudriña a través de cartas y documentos sobre la personalidad del hombre que sus íntimos llamaban "El moro" y forjó la teoría que luego Lenin llevaría a la práctica y la cual sobrevive a la caribeña en Cuba y ahora cabalga por Venezuela.


El investigador publica una descripción que Kart Heinsen, compañero de Marx, divulgara en Boston en 1864, quien encontraba a Marx "de una suciedad intolerable", un "cruce entre gato y mono", con "el cabello negro como el carbón despeinado, y un cutis amarillo y sucio". Era, imposible decir si sus ropas y cutis eran naturalmente color de barro o estaban sucias. Tenía ojos pequeños, fieros y maliciosos", dijo Heinsen en ese memorable retrato.

De acuerdo con Johnson, el padre del marxismo "llevaba una vida peculiarmente malsana, hacía poco ejercicio, comía alimentos muy condimentados, a menudo en gran cantidad, fumaba en exceso, bebía mucho, sobre todo cerveza fuerte, y como resultado tenía constantes problemas con su hígado. Pocas veces se bañaba o se lavaba mucho. Esto, sumado a la dieta inadecuada, quizá explique la verdadera plaga de forúnculos que padeció durante un cuarto de siglo"

En Cuba, el jabón no forma parte de los elementos de primera necesidad en la libreta de racionamiento

Sobre estos molestos granos Marx escribió a Engels en una carta:"espero que, mientras yo exista, la burguesía tendrá motivo para acordarse de mis forúnculos." En 1873 esos forúnculos le provocaron una postración nerviosa caracterizada por temblores y enormes estallidos de furia.


En el detallado ensayo de Paul Johnson llamado: "Karl Marx: bramando gigantescas maldiciones" aparece el informe del 24 de mayo de 1850 que un espía envía al embajador británico en Berlín.


"[Marx] lleva la vida de un intelectual bohemio. Lavarse, acicalarse y cambiarse la ropa blanca son cosas que hace raramente, y a menudo está borracho. Si bien pasa días enteros sin hacer nada, es capaz de trabajar día y noche incansablemente, sin cejar, cuanto tiene mucho trabajo que hacer. No tiene hora fija para acostarse o levantarse. A menudo se queda despierto toda la noche y a mediodía se echa enteramente vestido en el sofá, y duerme hasta la noche, sin que le molesta toda esa gente que entra y sale de las habitaciones (sólo había dos)... no hay un solo mueble limpio y entero. Todo está roto, rudo y desgarrado; hay media pulgada de polvo encima de todo y el mayor desorden en todas partes. En medio del [cuarto de estar] hay una gran mesa antigua cubierta con hule y encima manuscritos, libros y periódicos, junto con juguetes de los niños, trapos y jirones del costurero de la esposa, varias tazas con los bordes cachados, cuchillos, tenedores, lámparas, un tintero, vasos, pipas holandesas de arcilla, tabaco, cenizas.... El dueño de un negocio de compraventa se avergonzaría de poner en venta semejante colección de cachivaches", asegura el espía...

"Cuando se entra a la habitación de Marx el humo y el olor a tabaco hace llorar los ojos... Todo está sucio y cubierto de polvo, de modo que sentarse se convierte en un asunto arriesgado. Hay una silla con tres patas. En otra silla los niños juegan a cocinar. Da la casualidad que esta silla tiene cuatro patas. Es la que le ofrecen a uno, pero no han limpiado lo que los niños han cocinado y si uno se sienta arriesga un par de pantalones." Resume el informe clandestino al embajador de su graciosa majestad.


Por supuesto que es traer por los pelos la supuesta abstinencia de Marx al jabón y el agua a la recurrente carencia de estos artículos en las naciones que abrazaron como estructura gubernamental la dictadura del proletariado, "sistema de gobierno en que lo que no está prohibido es obligatorio", como calificó a esos regímenes totalitarios aquel humorista llamado Enrique Jardiel Poncela. Y aunque puede ser un rumor malicioso lo de Marx, resulta inobjetable que sus herederos políticos tienen coincidencias y demasiadas con ese aspecto de la limpieza personal como para dejarlas pasar por alto, ya que como bien dijo el escritor argentino Tomas Eloy Martínez," el rumor es la precaución que toman los hechos antes de convertirse en realidad"

Veamos: En 1989 todavía el máximo estandarte del marxismo se llamaba Unión Soviética, aunque ya trajinaba Gorbachov con su perestroika y en un hecho inusual ocurrió una huelga en las minas de Siberia donde se presentaban una serie de reivindicaciones de los mineros donde aparecía la necesidad de elevar las provisiones del jabón, un producto que para conseguirlo en ese entonces era preciso hacer largas filas y su precio dentro del mercado negro alcanzaba cifras inalcanzables para los bolsillos obreros.

Las causas de la escasez después se supieron que fue debido a esas "inteligentes planificaciones" que tiene el régimen marxista o al menos como lo emplean sus seguidores. Resulta que 1985, los dogmáticos especialistas comprobaron que los centros de distribución almacenaban jabón en exceso, entonces con el fin de balancear el mercado" ajustando oferta y demanda, decidieron entonces suprimir la importación que realizaba desde la India y si eso fuera poco decidieron paralizar la renovación de las fábricas de jabón nacional. ¿Esa sería la conclusión o detrás se encuentra la maldición del jabón de Carlos Marx?

Cuba tiene en la actualidad un problema similar, aunque ya los cubanos conocen lo que es carecer de esos artículos, situación que padecieron durante el funesto periodo especial donde se bañaron con hojas, cepillaron los dientes con jabón y como desodorante se colocaron alcohol ligado con bicarbonato. Pues el problema volvió, como las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, y en los inicios del 2014 hay un debate en las redes por la ausencia de estos productos de aseo.

Es bueno recordar que el gobierno castrista suprimió a partir del 1 de enero del 2011 el subsidio con el jabón y la pasta de dientes. La decisión se adoptó, "teniendo en cuenta las medidas que de forma gradual se aplican para eliminar los subsidios con cargo en el presupuesto del Estado", indicaba la nota oficial. Desde ese entonces la población lo compra a los precios establecidos, mucho más altos y en las tiendas de divisas. Resulta que ahora en ninguna parte se encuentra el desodorante, el jabón y la pasta de dientes. ¿Será la maldición de Marx que persigue a la isla?

Como es costumbre dentro de estos regímenes totalitarios, ya el gobierno reconoció su culpa... pero...- ¡ah, qué sería de los revolucionarios cubanos si no existiera esa milagrosa conjunción de pero!-. y la causa estriba en "problemas de financiación para adquirir la materia prima" ..-casi se cae la palabrita salvadora... por culpa del bloqueo yanqui.

De acuerdo a estimados de la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (CEPAL) las importaciones cubanas de bienes se redujeron alrededor de 29,2%, mientras el valor de las compras externas de alimentos subió básicamente por el factor precio, de 1.645 millones de dólares en 2012 a una cifra estimada en torno a 1.747 millones, para un crecimiento de 6,2%. En la última sesión del congreso de piedra unicameral socialista, celebrado en diciembre del 2013, se informó que producto del incremento de precios se pagó 17,1 millones por encima de lo previsto y debido al aumento del volumen de la compras 31,1 millones, para un total de 48,2 millones de dólares.

Venezuela también transita por el camino de la falta de articulo de aseo, claro el brillante Maduro no culpa al imperialismo yanqui, sino a la odiosa oposición que se conjura contra su gobierno de tendencia chavista. Vale decir que los marxistas latinoamericanos adoptaron el marxismo y gracias a eso hay castrismo y chavismo, maneras más simples para denominar a la dictadura.

Siempre hay un culpable y nunca es la ineficiencia de estos gobiernos de corte marxista que tienden a concentrar las inversiones en las ramas productoras de bienes de producción y apenas hacen hincapié en las acciones que producen bienes de consumo. Ese fenómeno provoca una oferta insuficiente y en la mayoría de los casos una escasez galopante tanto en cantidad como en calidad.

El grave problema que tiene en su desarrollo el socialismo para satisfacer a sus simpatizantes es aquella frase que popularizó la campaña de Bill Clinton para llegar a la presidencia, "es la economía estúpido", aunque en el caso del jabón y los artículos de aseo lo sobrenatural pueda servir para justificar sus escaseces y pensar que la tendencia de Carlos Marx a no bañarse maldiga a sus seguidores. Cierto o falso, lo real es que el mundo socialista tiene dificultades para asearse.

Jueves, 7 de febrero de 2019
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