"El espacio público es la cara visible de la grieta"
Federico José Caeiro
Ensayista. Segundo premio concurso Eduardo Mallea por su ensayo sobre usos del espacio público. Ex director general de la Comisión de Espacio Público de la Legislatura porteña.


El espacio público en un año electoral

La calidad de los gobernantes se manifiesta por su capacidad para anticipar y resolver cuestiones imprevisibles, pero no por ello inesperadas. Pero no siempre el futuro es una dimensión temporal significativa para los responsables de decidir las políticas públicas. La previsión y la planificación casi no existen.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático -IPCC- es una organización internacional que provee evaluaciones científicas exhaustivas sobre el riesgo de cambio climático provocado por la actividad humana, sus potenciales secuelas ambientales y socioeconómicas y las posibles opciones para adaptarse a esas consecuencias o mitigar sus efectos.

Centenares de científicos y expertos elaboran un Summary for Policymakers. Si bien no existe un Panel Intergubernamental del Espacio Público que elabore un Resumen para Políticos y evalúe el impacto provocado por cortes, piquetes, tomas y demás, es necesario considerar las consecuencias de estos actos imprevisibles pero esperables y estudiar cómo mitigar sus efectos.

Así como las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero siguen estableciendo "nuevos récords" a escala global --con la consiguiente intensificación de fenómenos meteorológicos extremos-, en nuestro país se registran "nuevos records". 

El espacio público urbano sigue siendo el lugar privilegiado para la construcción y el ejercicio de la ciudadanía y también de expresión de los derechos civiles. Se ha transformado en un lugar de fenómenos extremos caracterizados por una interrelación abusiva donde los conflictos de la sociedad se dirimen por medio de la ley del más fuerte. 

Lo público ha sido tomado por asalto por diversos grupos que, contra las leyes -y, por ende, contra la sociedad y sus instituciones-, hacen valer por la fuerza sus propios reclamos o prácticas. 

Tolerar las pequeñas acciones y omisiones antisociales, que en un principio parecían inofensivas y hasta "simpáticas" (recordemos qué transmitían los medios de comunicación y cuál era el sentir popular frente a los primeros cortes de ruta), ha desencadenado una reyerta que se está escapado de las manos de quienes deberían velar por el ejercicio igualitario de los derechos, la seguridad y la justicia. 

El costo social, cultural, institucional y económico que está pagando la Nación es alto. Y lo será mucho más sino se pone un límite.

Así como especialistas afirman que es mandatario frenar el incremento gradual de temperatura media global a la brevedad y no exceder un aumento de dos grados para evitar una debacle ambiental de impredecibles consecuencias, el gobierno debe tener en cuenta que en un año electoral, el espacio público, como articulador primario de las relaciones humanas, será el escenario principal donde la grieta imperante se manifestará con mayor descaro. El cambio climático social es evidente y nadie puede prever a ciencia cierta qué sucederá, por eso el sentido de este alerta. Demandas de útiles escolares o alimentos se repetirán en countries, supermercados, estaciones de servicio y shoppings. "Creemos que quienes más poder adquisitivo tienen deben ser solidarios y repartir entre quienes menos tienen", sostienen, convencidos de su derecho, desde el Movimiento Popular (MP) La Dignidad.

Por otro lado, muchos de los opositores al actual gobierno, que no se caracterizan precisamente por hacer un uso racional del espacio público, infiltrarán legítimos reclamos. Y muchos otros, deliberadamente, buscarán victimizarse. "Es inevitable un conflicto social en la calle", amenazó el ex dirigente social y militante político de Patria Grande Juan Grabois, cuyo sueño mayor "es que Macri pierda". Sirva su amenaza sediciosa como muestra de lo que puede venir.

Sea cuál sea el esfuerzo que el gobierno haga -aumentar gradualmente los programas de empleo como propone hoy "es por demás insuficiente para contener el cuadro social", según Daniel Menéndez, coordinador nacional de Barrios de Pie, que además reclama el pago de un aguinaldo de tres mil pesos para beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH), y un aumento de dicho plan social.

Diversas acciones se intentarán mostrar las como democráticas, pero nada más alejado de la democracia que cercenar derechos de terceros. La democracia es una forma pacífica de resolución de conflictos y los piquetes, cortes, tomas y demás extorsiones no lo son. Tres siglos y medio más tarde, lo planteado por Thomas Hobbes en Leviatán está más vigente que nunca: "En su estado natural los hombres viven en una condición anárquica, una guerra de todos contra todos por la supervivencia, sin una clara distinción entre la justicia y la injusticia".

Por otro lado, el gobierno no debe defraudar las expectativas de su propio electorado que no sólo desea, sino que a esta altura exige, un país ordenado donde interpretaciones convenidas de "derechos" -individuales y colectivos- de algunos no restrinjan la libertad de terceros.

El gran interrogante es hasta qué punto tolerar ciertas situaciones. ¿Es correcto, por ejemplo, permitir la "libre expresión" de los piqueteros que cortan las calles en detrimento de la posibilidad de circular con libertad de miles de ciudadanos? ¿Debe el erario público pagar los daños ocasionados cuando se vándalos destruyen una plaza? ¿Cuál es el límite cuándo los "derechos" de unos afectan los de otros? ¿Qué herramientas deben utilizarse para lograr una convivencia ordenada e impedir la ruptura del tejido social? Y, sobre todo, ¿cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida a través de la protección y el desarrollo del espacio que por naturaleza nos es propio?

Como dije anteriormente, el espacio público es la cara visible de la grieta -económica, social y cultural- pero también dónde, como sociedad, debemos empezar a cerrarla.

 Es necesario buscar nuevas alternativas para los problemas que se tienden a resolver mediante la agresión. Hay que explorar formas de participación superadoras que permitan que los conflictos se expresen -siempre respetando a terceros-, trabajarlos y construir a partir de ellos. Las autoridades políticas deben ahondar la cultura del diálogo y educar en la civilidad, ordenando con firmeza el espacio público para usufructo de todos y no de minorías violentas o prepotentes.

La libertad es el don más extraordinario con que ha sido favorecido el ser humano y elemento indispensable para la vida comunitaria. Pero su maravilloso ejercicio debe desarrollarse dentro de un contexto en el que las responsabilidades se asignen de un modo justo, tanto en la valorización de los méritos como en la aplicación de los castigos.

Necesitamos nuevas estrategias que devuelvan los espacios públicos a los ciudadanos. El camino del cambio cultural y el respeto -al prójimo y lo público- es el más largo y arduo, pero el único que nos llevará a buen puerto.

En Times Square, New York, Gulliver's Gate propone un recorrido por 25 ciudades interactivas en miniatura. Buenos Aires posee una imagen emblemática sólo perceptible para ojos atentos: un grupo de manifestantes se enfrenta con la policía sobre el Puente Avellaneda. Los piquetes simbolizan a nuestra ciudad tanto como el tango y el asado, también incluidos en la maqueta. Sin entrar a discutir la intencionalidad de los autores ni la conveniencia de que seamos reconocidos internacionalmente por estas situaciones, vale reflexionar sobre el riesgo de percibir como normales estas anomalías.


Ensayista. Segundo premio concurso Eduardo Mallea por su ensayo sobre usos del espacio público.

Ex director general de la Comisión de Espacio Público de la Legislatura porteña.

Jueves, 11 de abril de 2019