¿Dónde tienen la cabeza y en qué piensan los "nuevos" liberales?
Por: Agustina Sosa
Periodista. Federalismo y Libertad, Santiago del Estero


Estaba caminando por alguna peatonal de mí ciudad un día sin demasiada transcendencia, distraída en mis pensamientos y la música a través de mis auriculares. La hora pico aceleraba olas de gente que desesperaban por llegar a sus autos, paradas, casas. De esa multitud que avanzaba con rapidez de frente hacia mí en aquella ocasión, sólo pude retener una imagen: un adolescente, de probablemente unos 17 años cortaba con toda esa visual homogénea. 

Una remera amarilla chillona, una serpiente enroscada a sí misma y la leyenda "Don't tread on me", fue todo lo que captó mi atención.

 Al verlo rebasarme indiferente, sonreí con picardía, pues tuve la sensación de que por fin las ideas liberales, estaban cruzando de los libros a la vida misma.

Olvidé el episodio casi 10 segundos luego de ocurrido y ese día en sí igual. Hasta que volvió recientemente a mi mente sin proponérmelo, producto - tal vez- de lo recurrente e inesperado que se ha vuelto para quiénes nos gusta llamarnos sin ningún tapujo liberales, escuchar a otros jóvenes y no tan jóvenes también identificarse a sí mismos de ésta forma y la notable curiosidad (y por qué no interés) que ha generado en ellos las ideas de la libertad y algunos de sus pintorescos representantes desde hace tiempo.

Las preguntas obvias debían surgirme. ¿Qué motivo, origen, causa le ha favorecido al liberalismo para qué despierte esta casi pasión entre adolescentes? ¿Qué caracteriza a esta nueva camada de defensores de la libertad?

Primero, no sería posible establecer una franja etarea que los delimite. Centenialls, millenialls, millenials tardíos, baby boomers, los "nuevos" liberales pueden tener entre 16, 45 e incluso más años. Y es muy probable que sus posiciones sociales, intereses y profesiones sean muy dispares, sin embargo lo que está claro, es que comprender lo que la Libertad implica y vale, no es cuestión de los años acumulados.

Su relación con la política y los temas públicos es otra cuestión en ellos que exige atención. Algunos apenas metieron un voto en un sobre por primera vez; otros ya están cansados de éste ritual que demanda la democracia. Lo cierto es que no les importa la simpática imagen del buen político... Argentina no logra zafarse de la decadencia y ellos lo saben.

El pasar cíclico de gobiernos populistas y crisis ha generado en ellos una total indiferencia o un palpable rechazo hacia la vieja política. Y en ese vacío de representatividad se encontraron (sin proponérselo) con los nobles -y lógicos - postulados del liberalismo y las caras de quienes lo defienden y promueven.

De repente los Esperts, los Mileis, hace un tiempo personajes marginados de la economía y los prime time de la política argentina, pasaron a ser voces recurrentes y respetadas en los medios. Conocimiento, argumento y mucho estilo fueron las bondades que ofrecieron a esa nueva camada de liberales en formación. Y el flechazo fue absoluto.

Pues les resultó atractivo y rupturista escuchar voces que no van con lo políticamente correcto. Y más, voces que toman el discurso buenista y lo mandan al tacho. Ésos actos disruptivos aislados, los habilitaron para adentrarse en las ideas y animarse a criticar el exceso de Estado sobre nuestra individualidad. Inició así, por lo bajo y desapercibida, una nueva y distinta revolución ideológica.

¿La arena? Redes sociales. 

Si hay algo a lo que se debe atribuir también esta explosión del liberalismo, es a espacios como twitter, Facebook, Instagram que han permitido a los nuestros descubrirse mutuamente, informarse, conectarse, debatir y compartir perspectivas. Y hasta identificar a los contrarios, y de vez en cuando, tratar de librar algún debate. Le debemos a la web 2.0 parte de éste baile liberal.

Sin embargo, como se ha podido dar cuenta en variadas ocasiones, las redes sociales hacen a su vez de un caldero en el que se cocinan las noticias falsas y el tan instaurado escrache, lo que produce un gran flujo de información errónea y tendenciosa. Los liberalotes, muy conscientes de ello, se quedan con datos, los verídicos (por más duros) y rechazan los relatos edulcorados que pretenden disfrazar la verdad. Y la frase "Dato mata relato", es de cabecera ante la lastimosa y subjetiva posverdad.

Es frecuente que convivan (familia y amigos) con adeptos a la izquierda, y que subestimen sus ideas y los insinúen ignorantes o funcionales al "sistema". Y el no fluir con la espesa corriente roja los hace sentir aislados, impotentes. Por eso, ése único amigo liberal es una joya; o el grupo de whatsapp de "liberalotes" dónde se comparten memes, videos, artículos, libros, todo lo que que le devuelva valor a la vida, la libertad, lo propio. Y entre discusiones, y carcajadas de dos letras sueñan, y sueñan conscientes.

Y ésas son algunas de las contadas cosas que podemos establecer en común entre ellos. Como se dijo anteriormente, no hay criterios sociales ni culturales, mucho menos estéticos ni físicos... A diferencias de otros grupos ideológicos.

Por ejemplo, hace poco más tal vez una década, la moda recurrente en gorras, remeras, mochilas, pines era una imagen bidimensional con la cara del Che en negro, sobre un fondo rojo furioso. Los muchachos, dejaban sus barbas largas e improlijas para establecer algún punto. Y recitaban las entonces las violentas hazañas de su revolucionario favorito con un romanticismo tan fantasioso que denotaba su inocencia o lo sesgado de la información que consumían. Esto, era la prueba de un sentir colectivista y anti libertad que se esparcía hacia todas las direcciones y todas las generaciones.

Hoy pasado el tiempo y el indiscutible fracaso de las ideas socialistas a el ser rebeldes, pasa por -irónicamente- el lado contrario, por la comprensión del valor de la libertad, como concepto y práctica en nuestra vida, la defensa de lo racional y el rechazo a toda idea que quiera convertirnos en productos en serie. Y por cierto, los nuevos liberales no siguen ningún código de moda, cada uno de ellos rompe con la homogeneidad imperante, expresando siempre al máximo el individuo, que ante todos somos.

Viernes, 3 de mayo de 2019
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