¿Por qué China le tiene tanto miedo a la libertad?


(Iam Buruma para ClarínEste mes se celebra el centenario de uno de los episodios culturales y políticos más importantes en la historia china moderna: el Movimiento del Cuatro de Mayo. El 4 de mayo de 1919, estudiantes e intelectuales chinos lanzaron una protesta masiva en Beijing, exigiendo el fin del "feudalismo" y más libertad política. Un siglo más tarde, es celebrado oficialmente por una dictadura comunista que no permite ninguna protesta, mucho menos encabezada por estudiantes. El 4 de mayo inspiró otra revuelta, en la Plaza Tiananmen de abril a junio de 1989, que ni siquiera se puede mencionar en público. 

Pero el 4 de mayo es demasiado importante como para ignorarlo o suprimirlo, de manera que el presidente chino, Xi Jinping, tuvo que conmemorar la ocasión, aunque tímidamente, instando a "los jóvenes chinos de la nueva era" a ser "valientes en sus luchas" y vivir acorde al "espíritu del 4 de mayo". 

Mientras decía estas palabras, sin embargo, disidentes estudiantiles en la Universidad de Pekín eran arrestados por expresar ideas subversivas que podían afectar las celebraciones oficiales.

¿Cuál era exactamente el espíritu del 4 de mayo? La razón ostensible para las protestas fue la entrega de territorios alemanes en el este de China a los japoneses, según indicaba el Tratado de Versailles, y había sido aceptado por el gobierno chino. Esto fue visto como un golpe al patriotismo chino, y una señal característica de debilidad y corrupción nacional. Pero el movimiento era mucho más que eso. Al igual que la Ilustración europea, que sirvió indirectamente como una de sus inspiraciones, el 4 de mayo representaba muchas cosas: amor libre, experimentación artística, feminismo, socialismo, reforma educativa y demás. 

Los dos símbolos del 4 de mayo, enarbolados cual Estatua de la Libertad en la Plaza Tiananmen en 1989, eran "Sr. Ciencia" y "Sr. Democracia".

Los iniciadores del 4 de mayo eran en su mayoría estudiantes y docentes de la Universidad de Pekín. El presidente de la universidad, Cai Yuanpei, defendía la libertad intelectual, el cosmopolitismo y la tolerancia. El decano, Chen Duxiu, era un revolucionario marxista que luego presidió el Partido Comunista Chino antes de ser desplazado por Mao Tse-Tung. Hu Shih, el filósofo más distinguido de la universidad, era un promotor de la reforma lingüística que aborrecía el extremismo ideológico. Su modelo era John Dewey, el filósofo y reformista educativo norteamericano.

Los estudiantes también se dividían entre activistas radicales que exigían purgas violentas y facciones más moderadas. Algunos de los radicales quemaron la casa del político que negociaba préstamos de Japón, y le dieron una golpiza tremenda a un embajador. Al final, China no se desarrolló en una dirección liberal. En los años 1920 y 1930 se gestó una guerra civil entre los nacionalistas de Chiang Kai-shek y los comunistas. Después de una ocupación japonesa brutal, estalló la guerra a fondo y, en 1949, ganaron los comunistas.

Lo que Xi quiere decir con el espíritu del 4 de mayo es el izquierdismo extremo, representado por Chen Duxiu, que se transformó en una dictadura comunista. La noción de que la democracia no podía desarrollarse sin la ciencia, y que la ciencia sólo podía progresar en libertad, fue distorsionada por la ortodoxia del socialismo científico.

Lo que se ignora en la celebración oficial del 4 de mayo es la manera más liberal, tolerante y abierta de pensar que, en un principio, bien puede haber sido la corriente más fuerte de la revuelta. La mayor figura literaria del 4 de mayo era Lu Xun, un ensayista y cuentista brillante cuyo espíritu libre sin duda habría sido aplastado por el régimen de Mao si no se hubiera muerto más de diez años antes de la revolución. Sin embargo, al igual que el propio 4 de mayo, él también fue aclamado por el Partido como un antecesor heroico.

Fisuras similares a las que dividieron el 4 de mayo eran aparentes en 1989, aunque los manifestantes estudiantiles en ese año evitaron la violencia. Algunos sólo querían negociar reformas sociales y políticas con el gobierno. Otros querían una revolución democrática y no pararían hasta alcanzarla.

Las cosas llegaron a un punto crítico cuando líderes del Partido se negaron a ceder ante los reclamos de los estudiantes y advirtieron sobre repercusiones serias si los estudiantes no ponían fin a su ocupación de la Plaza Tiananmen y otros lugares públicos en China. Algunos manifestantes pensaban que era mejor regresar a sus predios universitarios y seguir adelante con la lucha sigilosamente; otros pensaban que era mejor morir antes que claudicar. Se impuso la línea dura y luego se produjo la masacre del 4 de junio.

La trágica historia política moderna de China ha llevado a algunos, dentro y fuera de China, a creer que los chinos no están preparados para una democracia liberal, o que inclusive no son aptos para ella. Muchos chinos educados dirán que la democracia inevitablemente conduce al caos y a la violencia. Es por esto que millones de ciudadanos chinos apoyan la dictadura de partido único sin creer una sola palabra de la ideología comunista oficial. Cualquier cosa es mejor que el desorden, que ha causado tanto descontrol en los últimos cien años.

Pero las líneas más liberales del 4 de mayo, y por cierto de 1989, nunca deberían olvidarse. Los escritos de Lu Xun, los llamados a la razón de Cai Yuanpei o, en tiempos más recientes, del premio Nobel Liu Xiaobo, perduran como evidencia de que existen otras posibilidades en China. Hay maneras de romper el ciclo de rebelión violenta seguida de represión brutal. Ese es el espíritu del 4 de mayo que se debería recordar y abrazar.

Martes, 14 de mayo de 2019
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