La pelea de los gigantes Google - Huawei, ¿es tan mala como parece?


(Pablo Leites para La Voz del InteriorHasta hace apenas unos días, el objetivo de pelearle el puesto a Samsung en lo más alto del podio de los fabricantes de smartphones se presentaba para Huawei como un sueño posible, incluso casi sin presencia en uno de los mercados más lucrativos y desarrollados del planeta: Estados Unidos.

Pero como de un hondazo, la sanción del Gobierno estadounidense a Huawei la semana pasada bajó a tierra al optimismo chino y amenazó con cobrarse varias víctimas, entre ellas a la propia firma asiática, a varios de sus proveedores de componentes (que son de Estados Unidos), a Apple (cuyos productos se ensamblan en China) y -por primera vez de manera directa- a los usuarios de Huawei.

Porque lo que firmó el gobierno de Donald Trump es la expresa prohibición de que compañías locales le vendan tecnología al segundo mayor fabricante de smartphones del mundo y eso incluye a Google, dueño del sistema operativo Android y de un conjunto de servicios masivos como Google Maps, Google Home o la tienda de aplicaciones Play Store, y a todas las actualizaciones de esas apps y el sistema operativo.

En castellano básico: los usuarios de cualquier lugar del planeta con un equipo Huawei dejarían de recibir actualizaciones y soporte para sus versiones de Android, de cualquier app propiedad de Google y -quizás todavía más grave- se quedarían afuera del ecosistema de Google Play, que garantiza aunque sea en algo la seguridad de las aplicaciones de terceros que instalan en sus smartphones.

Si lo acotamos a nuestro país, un mercado de poco más de 12 millones de unidades según la consultora GFK, Huawei es cuarto cómodo con el 6,3 por ciento del share, detrás de LG (10 por ciento), Moto (18,8 por ciento) y el líder absoluto Samsung (62,2 por ciento). No es tanto.

Huawei vende el 49 por ciento de su producción en China, aunque la mayor parte de su notable crecimiento en los últimos años, que fueron de contracción para el resto de los jugadores de la industria, se lo debe a la expansión de ventas en Latinoamérica y Europa.

Pero no sólo de smartphones vive Huawei: también tiene importantes desarrollos en el área de redes y fuertes apuestas en todo el equipamiento que requiere el despliegue del 5G en todo el mundo.

Desde la Unión Europea, precisamente, se defiende la posibilidad de que sea la firma china la elegida para el nuevo protocolo de transmisión de datos en el continente, incluso ante todas las presiones diplomáticas que se ejercen desde Washington para que no sea así.

Por eso, más de un analista ve en la prohibición de Estados Unidos, que este lunes fue puesta en stand by por 90 días, un tiro por elevación al bloque europeo.

No hay dudas de que este es un capítulo más de la guerra comercial que Donald Trump lleva adelante contra el gigante asiático. Las razones, más allá de ir en la misma dirección que las medidas proteccionistas y de cerrazón económico, no están claras. Puede que sólo se trate de que al presidente de Estados Unidos "no le gusta" China ni las amenazas que la nueva potencia representa.

Pero tal vez, involuntariamente, la regulación a dos jugadores como Google y Huawei, que tienen o están camino de tener posiciones dominantes en segmentos de mercado como la recolección de datos y la conectividad 5G, no sea algo necesariamente malo.

Si esta sanción tiene buenos efectos, tal vez hasta sea una de las medidas más progresistas de la administración Trump.

Por más que suene extraño de leer.

Miércoles, 22 de mayo de 2019
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