Dylan: la "oveja negra" que quiere conquistar una Argentina diferente
Angeles López
Editora Visión Liberal


A los doce años,  Dylan Esquivel Brest era un conquistador. Decidía, con templanza y convicción, cómo llevar una nación a la guerra, vencer a los enemigos y declararse vencedor de un imperio. Armaba estrategias basadas en la competencia más que en la cooperación. Avanzaba cuando intuía que para administrar los recursos debía generarlos por su cuenta. Como líder del "ejército" que comandaba, le daba a sus soldados un rol para el que estaba capacitado. No igualaba: a cada cual le correspondía lo que merecía.

Conquistó el imperio español, bizantino y persa. Tenía recursos limitados, así que Dylan aprendió a administrarlos. Aún no había terminado la primaria cuando el joven ya era emperador. 

Mientras sus compañeros escuchaban a Justin Bieber y los adultos lo encuadraban en la "edad del pavo", él armaba complejas estrategias de guerra y comerciales en el Age of Empire.

Hasta que un día Dylan se dio cuenta que vivía en un país que también necesitaba ser conquistado por nuevas ideas. Fue cuando se conectó a YouTube y "descubrió" a un predicador. Estentóreo, verborrágico, convincente, despeinado, imparable y con cara de pocos amigos le transmitió una idea que jamás se pudo sacar de la cabeza: había que ser liberal. Era el único camino para salir adelante.

Para Dylan, fue como abrir una caja que tenía guardada en su todavía preadolescente cerebro.  Comenzó a leer, fue a cuanta charlas hablaran de Alberdi, Smith y Mises en su Chaco natal que no son tantas como él quisiera. Se "pegó" a referentes liberales a los que escucha con admiración. Se sacó selfies con Espert y la subió a su foto de perfil en Twitter. "Retuitea" a Carrino y Abdon, a los que admira profundamente.Y escribe: "soy más inviable que el AnCap" y el que pueda entender, que entienda.

 Quiere debatir, aprender, hablar. Así fue como a los 14 años ya se define, con una sonrisa que le tapa la cara, como un "liberal clásico".

"Somos la oveja negra del país", se define sin culpas. Dylan sabe que es "raro" pero que no está solo. Raro porque va a contramano de las políticas que diezmaron el país y que son las que él quisiera desterrar para siempre: la cultura de la dádiva, el populismo, la prebenda como premio. Vive en una provincia donde el 49.3% de sus habitantes es pobre y espera que el Estado lo saque de la pobreza. ¿Cómo no sentirse una oveja negra?

"Mi ideología es mal vista", confiesa. Pero en lugar de asustarse y sumarse a la "manada", Dylan quiso saber por qué era mal vista. Buscó argumentos donde otros encontraron excusas. Aprendió -copió- respuestas liberales hasta entenderlas y defenderlas como propias. Concluyó que la sociedad "debería ir hacia un camino liberal y ser libre para elegir".

Age of Empire, el juego de estrategia que "iluminó" a Dylan,

Hijo de policías que se definen como "apolíticos", Dylan forjó su pensamiento liberal en la fragua de los videojuegos. Age of Empire, Hearts of Iron fueron sus preferidos, donde encontró diferentes tipos de gobierno y alternativas para administrar el poder. Menuda tarea.

 En la vida "real", sus héroes fueron menos míticos pero igual de guerreros: Alberto Medina Méndez, José Luis Espert, Agustín Etchebarne, Iván Carrino. A sus ojos, son los que saben. Sus maestros. Los sigue como si fueran un mapa que va guiando sus pasos. Los escucha con la mente abierta, los cuestiona, los defiende. 

Se deja llevar. Pregunta, debate, confronta. Pelea sus ideas y las alimenta en las canteras de un liberalismo que se abre paso a los empujones en un país que chapucea aluvionalmente en el barro del populismo.

 

"Mi postura es que mientras menos trabas haya, mejor va a andar (el país): si podemos reducir los impuestos, sacar las retenciones y eliminar todo tipo de castigo a la producción o al consumo, habría una economía bastante sana" sostiene Dylan. A los catorce años tiene claras algunas ideas que muchos economistas avezados aún no entienden. "Las medidas económicas del gobierno son erradas", asegura, y repite una frase que es del candidato a presidente liberal: "el macrismo es kirchnerismo de buenos modales".

Cuando comenzó el gobierno kirchnerista, Dylan era un bebé. Gracias al liberalismo, hoy puede entender perfectamente lo que significa esa frase.

(Informe: Sofía Nadal)

Domingo, 26 de mayo de 2019
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