Hablan, Sancho.... señal de que los austríacos hacen ruido
Carlos Rodriguez Braun
Catedrático, Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


La Escuela Austriaca de Economía ha tenido una curiosa historia, y la profesión le brindó sucesivamente admiración, olvido, desprecio e irritación.

Al principio fueron ampliamente reconocidos. Carl Menger fue un co-protagonista de la Revolución Marginal, junto a Walras y Jevons; Böhm Bawerk fue un economista muy apreciado por su teoría del capital; y Hayek fue invitado a explicar su teoría del ciclo en la London School of Economics, y nombrado después profesor allí.

Cuando se plantean los primeros debates académicos sobre el socialismo, en los años 1920 y 1930, eran los austriacos los considerados críticos de mayor fuste. Hayek me contó que en 1946, cuando Keynes murió, le había comentado a su mujer: "Ahora que Maynard no está, el economista más importante del mundo soy yo". No era absurda esa declaración de Hayek. Lo que fue es completamente equivocada.

En pocos años la escuela, que había huido de Austria con la invasión nazi, fue laminada por la macroeconomía keynesiana, la microeconomía neoclásica y la contrastación econométrica. Nada de eso encajaba con la teoría de los sucesores de Menger, economistas subjetivos, no empiristas, y liberales. Profesores de primera fila, como Mises, languidecieron académicamente. Y cuando Hayek quiso hacer carrera en EE.UU., no fue al Departamento de Economía de Chicago sino al Comité sobre Pensamiento Social, su sueldo no fue pagado por la Universidad sino por una fundación, y él abandonó la economía y se dedicó a la filosofía jurídica y liberal.

Los economistas dejaron de lado a los austriacos, incluso cuando en 1974 Hayek recibió el Nobel -junto con Myrdal, para compensar, según creía el austriaco. Yo no estudié a los austriacos en mi licenciatura en Economía en la Argentina a finales de los sesenta, y sólo me enteré de su existencia durante mis estudios de doctorado en España, gracias a Pedro Schwartz.

La profesión consideraba, y en su mayoría sigue considerando, que los austríacos eran solo unos ignorantes dispensadores de cápsulas ideológicas, y algunos creen que Hayek fue poco más que un admirador de Pinochet.

Sin embargo, la cosa cambió. No pasaron los economistas convencionales a apreciar a los austríacos, eso no, pero la escuela empezó a molestarles, lo que no había sucedido antes. Eso indicaba que ya no la ignoraban. La escuela refloreció en varios países, como España, gracias a figuras como Jesús Huerta de Soto, y ha recibido el respaldo de banqueros como J.M.Nin o Trichet.

Es posible que el renacimiento se haya potenciado con la caída del Muro primero y con la crisis económica después, que dejó a muchos economistas en mal lugar, pero que puede ser provechosamente analizada con la teoría del ciclo austriaca, a mi juicio lo más potente de estos pensadores, junto con su análisis del socialismo.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 13 de abril de 2018 y en El Cato el 17 de abril de ese año

Miércoles, 5 de junio de 2019