Flor de estafa: los mandalas "zen" que prometen plata fácil y son un engaño

La propuesta es tan seductora que la tentación es inevitable: con un "pequeño" depósito de 800 dólares  en pocas semanas, se podrán ganar 6400. Multiplicar la fortuna por ocho sin trabajar, sin esfuerzo, sin pestañear. La vieja y remanida fórmula de la plata fácil volvió en formato zen-feminista y nombre yóguico: el mandala de la fortuna.

Esta estafa viral, en realidad, es más famosa y vieja que Buda. Sólo que hoy se propaga a la velocidad del viento gracias a Facebook y Whatsapp. La estafa la inventó Carlo Ponzi hace cien años y es la misma -con otras variantes- que le valió al empresario estadounidense Bernard Madoff 150 años de cárcel. El mismo "modus operandi" corre ahora pero en plataformas aceleradas y masivas: cualquiera que tenga un celular puede recibir la invitación de un amigo o desconocido para sumarse a la cadena. La mentira viral "infecta" a los desprevenidos participantes, quienes "regalan" (porque en rigor, es eso: regalar) su dinero a cambio de una utopía, para decirlo en términos románticos.

En realidad, es un robo encubierto al que voluntariamente se prestan los ilusos depositantes. No es inversión, no es negocio, no es ahorro: es un regalo.

Rubrica con hechos la vieja y siempre vigente frase del sindicalista Barrionuevo, cuando dijo que en este país "nadie hace la plata trabajando". Aunque la estafa está viralizada en la mayoría de los países de Latinoamérica, el espíritu es el mismo.

¿Cómo funciona? Primero: el voluntario (que según el speach del organizador es llamado "fueguito") deposita en una cuenta entre 1500 y 3000 pesos. Vale aclarar que en este caso, el del Mandala de la Abundancia, solo se "aceptan" mujeres, ya que le da al juego un tinte feminista y "emponderador" que lo diferencia de las estafas unisex.

Segundo paso: una vez que el dinero está acreditado, las mujeres que "suben" a este nivel tienen que atraer a dos mujeres más para avanzar. Acá los "fueguitos" se transforman en "aire". La meca es el "agua", que es donde está la fortuna: el que llega allí se hace "millonario", o sea, recibe sus doscientos dólares multiplicado por ocho.

Pero antes deben ser "tierra". Cada vez que el centro de la flor recibe el dinero de los ocho fuegos, todos avanzan un casillero y el que queda en el centro se lleva el botín.

O sea que nadie recupera su inversión hasta que alcanza el centro. Y si hay ocho fuegos y un centro de agua, quiere decir que siete pierden por cada uno que gana.

Acá es matemáticas pura: cada telar está integrado por 15 mujeres. Para que todas ganen, deben completarse 14 telares y para eso es necesario que participen 112 personas nuevas. Y así hasta el infinito. O el derrumbe (lo que suceda primero).

Sin donantes de dinero, la flor de la abundancia se deshoja como una margarita despechada. O sea, que esta técnica solo funciona con dos condiciones: que haya estafadores o que haya estafados.

En tiempos de crisis, es más fácil dejarse engañar. Aún reconociendo que son víctimas de una estafa, muchas mujeres aseguran que "conmigo" va a funcionar. En realidad, todos son cómplices y víctimas del mismo sistema.

Los participantes del mandala se transforman en energía. Fuego son las que inician, tierra las que aportan, viento las que reclutan y agua... bueno, agua es una sola y es la que gana. 

Salen a pescar incautos en un mar de desesperanzas. Por eso funciona. Porque ofrecen identidad de grupo, emponderamiento, dinero fácil, poco trabajo, ganancia rápida.Y es legal. Porque no hay extorsión, ni engaño: todas las mujeres que ingresan saben a lo que se arriesgan y aún así, lo convalidan. Es como subir a una montaña rusa que saben que no funciona bien: reconocen que pueden caer pero la esperanza de llegar a destino y sentir el vértigo de ganar puede más que el temor de caer al vacío.

Para los budistas, los mandalas son canales de meditación. Un recorrido que va desde el hombre hasta la divinidad (el centro). En esta estafa, el centro lo ocupa el dinero y el que llega a él, deja a otros siete en el camino. Una parábola para pensar si la rueda de la fortuna no ha perdido el eje y derrapa, inexorablemente, en el camino de la ambición.

  Los que se suben a esa rueda no quieren hacer negocio, ni montar un emprendimiento, ni siquiera trabajar. Quieren ganar plata fácil. Una manzana demasiado apetitosa en esta época de vacas magras.  

Martes, 30 de julio de 2019