El nuevo manual de zonceras argentinas, versión lenguaje inclusivo
Angeles López
Editora Visión Liberal


Si hubiera un índice que midiera el nivel de estupidez de un país, Argentina tendría chances de ocupar el podio en algo. Mediría, por ejemplo, decisiones que parecen políticamente correctas pero que, en el fondo, resuenan a una conquista política y una derrota cultural.

El Consejo Directivo de Ciencias Sociales de la UBA (lugar académico e ilustrado, por definición) aprobó el uso del lenguaje inclusivo en los trabajos que entreguen los estudiantes. 

  

El texto considera que el lenguaje inclusivo podrá ser utilizado "en cualquiera de sus modalidades" como "recurso válido en las producciones realizadas por estudiantes de grado y posgrado". Es difícil visualizar una tesis doctoral con palabras como "todxs" que se pronuncia "todes" y quiere decir "todos". Más que lenguaje, es una distorsión del mismo. 

El argumento de los directivos de Ciencias Sociales se explica en la resolución firmada por el secretario de Gestión Institucional Javier Hermo y la decana Carolina Mera. La medida adhiere al manual que elaboró el gobierno para incorporar el uso del lenguaje inclusivo. Esas "propuestas para una comunicación política equitativa y paritaria" enseña a los periodistas a titular, opinar y resaltar temas que no impliquen una lectura sexista de la realidad. Como por ejemplo -y lo citan en el manual- no sería relevante hablar del cambio de look de una funcionaria. "Evitar destacar actitudes, vestimenta o aspecto físico de las mujeres en detrimento de las acciones o el hecho generador de la noticia" -recomienda textualmente el librillo-.

No solo el oficialismo iza las banderas del lenguaje inclusivo. De hecho, se metió en la campaña a través del "Frente de todXs/as/os/es" que encabeza Alberto Fernández. Es verdad que lo representan usualmente con un sol más que con una X, pero a buen entendedor, pocas palabras. Además, sirvió para extenderlo a casi todas las frases de campaña que están implementando, como "el futuro es de todXs". Ya al hablarlo se pone difícil y terminan nombrando al "Frente de todos", lo que significa que son rehenes de sus propias contradicciones, pero eso es materia de otro análisis.

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A todo esto, la RAE (que mal que pese a algunos, sigue siendo la tuteladora del idioma español) insiste con que el lenguaje inclusivo no es válido. En la Argentina, el mayor impulso lo dieron los colectivos feministas, que lo adoptaron como una bandera de identificación (vaya paradoja). El lenguaje inclusivo con fines sexistas. Tampoco sería para todes, en ese caso.

Pero este modismo -o moda, o como se quiera llamar- se legitima institucionalmente con decisiones como las que tomó Sociales de la UBA. Antes se bajaban puntos por entregar trabajos con faltas de ortografía. Ahora, se aprueban palabras en una tesis doctoral con palabras que el diccionario ni registra. Algo ha cambiado, y no para mejor.

La facultad de Ciencias Sociales se convirtió en un espejo de una Argentina que enarbola la noble bandera de la inclusión para adherir a proclamas políticas. Si el lenguaje crea y refleja la realidad, habrá que buscar la palabra que califique esa medida.



Jueves, 1 de agosto de 2019