Benegas Lynch (h) pide autocrítica: "A veces siento que todos los liberales estamos en falta"
Daniel Olivera
Periodista y escritor. Autor del libro "Francisco, el argentino que puede cambiar el mundo"

Alberto Benegas Lynch (h) es al liberalismo criollo lo que el faro de Creac'h fue para las tropas aliadas en el desembarco en Normandía. Una luz que guió el espíritu de libertad en la oscura noche del Canal de la Mancha. En una charla "express" con Visión Liberal, Benegas Lynch encapsuló las ideas fuerza que expuso el último lunes, 5 de agosto, en la charla magistral que dio en Eseade y las sintetizó con -gran lucidez argumental- en una pregunta que encierra, también, un concepto: ¿Qué tenemos que hacer los liberales para evitar que la Argentina se convierta en un Gulag cleptocratico en nombre de la democracia? 

O lo que es una variante instrospectiva: como llevar adelante un "mea culpa" liberal que permita romper esa barrera emocional que impide transmitir a los no liberales el sentido último del liberalismo. 

A fin de talar de cizaña el bosque, Benegas Lynch (h) dividió en tres capítulos su exposición.  En el primero apeló a la autocrítica de modo más crudo: "creo que muchos liberales, que practicamos la filosofía y tratamos de vivir bajo estos preceptos, subestimamos lo que yo llamo los cimientos de la libertad. Sino corremos ese velo de protoplasma y desarrollamos el libre albedrío en todos los órdenes de la vida, esos cimientos de la libertad de resquebrajarán y todo el edificio se vendrá abajo"

Para el segundo capitulo afrontó con crudeza el incómodo problema de que "nunca hay todo para todos". Esa insatisfacción latente que parece corroer a la sociedad: "¿cómo podemos mitigar (porque nunca podríamos solucionar absolutamente el problema) el hecho de que Juan quiera lo que tiene Pedro, sin que ninguno de los dos comprenda los nexos causales de la economía?, se preguntó en Visión Liberal". Para Benegas Lynch (h) un principio de respuesta está en "digerir y re elaborar lo que Hayek definió como ecuación contraintuitiva y desde esa base dar la llamada batalla cultural. O sea, abrir infinitos canales educativos que le permitan a Juan comprender porque Pedro tiene lo que supo conseguir y como debe hacer Juan para conseguirlo por sus propios medios". 

Para el final, Benegas Lynch (h) se reservó un diagnóstico severo, pero con una propuesta disruptiva.  "En este punto siento que todos los liberales estamos en falta -diagnosticó como un médico sin anestesia-. Todos los días vemos cómo gente de bien y con una gran honestidad intelectual (poetas, artistas, sacerdotes y prestigiosos intelectuales), rechazan de plano nuestro ideario liberal. Cuál es nuestra respuesta, cuando luego de escucharnos con atención nos dicen: 'todo muy bien, pero no me venga a hablar de la oferta y la demanda, cuando no podemos resolver nuestros problemas de subsistencia?'

Con imaginación, Benegas Lynch (h) apela a ayuda científica: "siempre me pregunté, ¿cómo quiebro esa barrera emocional entre esas personas y yo? Y un principio de solución podría estar en convocar a sicólogos (consustanciados con el ideario liberal), para que nos ayuden a perforar esa barrera emocional". Obsesionado por "hacer" y evitar el inmovilismo, el catedrático plantea su temor más profundo: "tenemos que ser muy activos, para que la Argentina (y si uno mira Alemania y ve que los neonazis avanzan en el Parlamento, se da cuenta que el problema es global) no se convierta en un Gulag de cleptócratas".

Miércoles, 7 de agosto de 2019
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