Por qué todos saldrían ganando si se dolariza de una vez la economía


Cuando funcionaba el patrón oro, prácticamente no había inflación y las economías marchaban bien. Los precios aumentaban, digamos el tres por ciento, que es la tasa de crecimiento del metal áureo en el mundo. Claro que los precios variaban por efectos estacionales. Si la cosecha de limones era escasa, subían de precios; si había mucho aguacate, el precio bajaba y así con lo demás, pero en promedio, había mucha estabilidad.

El patrón oro consiste en que solo se puede imprimir, digamos, un dólar si entra a la bóveda del banco, un gramo de oro. Ese dólar estaba respaldado por oro que fácilmente se podía redimir. El poseedor de diez dólares acudía al banco y rescataba diez gramos de oro. Y así lo hacían todos los países que adoptaban el patrón oro. No había problema alguno pues eran billetes respaldados por el metal. Todos recibían ese billete, sin problema alguno.

En 1913 el gobierno norteamericano crea el Fondo de la Reserva Federal (FED) y prohíbe que cada banco imprima a su gusto el dólar, y se crea una moneda nacional única de uso obligatorio. La FED obliga a todos los bancos a transferir el metal de sus respectivas bóvedas para que solo la FED las resguardara. Nadie sospechó del error en que estaban incurriendo al dejar que el gobierno se metiera en el sistema monetario, que era netamente privado.

En 1944, John Maynard Keynes, líder indiscutible de Bretton Woods, propone el Patrón Dólar para todos los países asociados. Los convence de entregar el oro de sus respectivas bóvedas a cambio de dólares, (prácticamente era como tener oro, por su convertibilidad) y los gobiernos se dejan convencer para tener buena amistad con el gobierno de los Estados Unidos. Quiere decir que cada país solo podía emitir un nuevo billete si estaba respaldado por divisa dólar. Tampoco se percataron del error que cometían.

En 1972, algunos países quisieron recuperar el metal áureo con los dólares que habían acumulado. Pero, el gobierno de Richard Nixon se negó a regresar el oro, a cambio les ofreció que podían comprar todo lo que quisieran y que fabricaba la Unión Americana: automóviles, lavadoras, televisores, etc. Un fraude fenomenal, pero los países no quisieron armar un conflicto, se quedaron con sus dólares y casi obligados a comerciar con Norteamérica.

Además, desde 1972, se acabó el patrón oro y el patrón dólar, lo que significa que cada país, incluído USA, ya podían fabricar billetes a su criterio, gusto y placer. Algunos países pensaron que ya tenían la llave mágica para salir de la pobreza, bastaba con prender la imprenta y fabricar mucho dinero para que el gobierno construyera carreteras, puentes, barcos, aeropuertos, contratando a todos los desocupados. Tendrían pleno empleo y prosperidad. Pero ocurrió todo lo contrario: hiperinflación, quiebra de empresas, desempleo y pobreza y miseria. ¿Qué ocurrió? Fueron víctimas de su ignorancia en teoría monetaria. Nunca leyeron a Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek o a Milton Friedman.

Llevamos medio siglo de errores monetarios y apenas se va entendiendo el manejo irresponsable de los gobiernos de imprimir dinero a capricho. México alcanzó 160%, países africanos más de 1000%, Venezuela arriba de un millón por ciento. Es tiempo de entender y corregir.

Primero, se necesita comprender que el dinero es esencialmente un medio para facilitar los intercambios comerciales, es su función principal. No es para eliminar la pobreza, incentivar el crecimiento de economías ni para alcanzar el pleno empleo.

A falta de patrón oro, se requiere que la cantidad de circulante, es decir, la masa monetaria permanezca constante, fija, es decir, no se debe fabricar nuevos billetes, salvo para reponer a los billetes deteriorados, fraccionar o para compactar. Si en la economía cubana, argentina o mexicana ya andan circulando mil billones de unidades monetarias, por ninguna razón se debe incrementar o reducir esa masa monetaria. Ni se deben imprimir, ni se deben quemar billetes.

En segundo lugar, se debe permitir la libre circulación de divisas. Es decir, Argentina debe dejar que se use el euro, el dólar o cualquier otra como si fuera moneda nacional. El gobierno argentino u otro no deben intervenir en la cotización de su moneda respecto a otra, eso se deja al mercado de divisas, a los particulares que cambian una moneda por otra.

Los gobiernos deben tener prohibido adquirir deuda nacional o foránea, solo los agentes privados, que responden con sus propiedades, deben tener derecho de contratar créditos. El mercado de divisas debe ser netamente privado, como en el Perú, que en la calle se encuentra gente cambiando soles por dólares u otras monedas. La libre competencia dará el valor real de la unidad monetaria.

Pero los gobiernos tienen una gran tentación de prender la maquinita de imprimir billetes, así que sería mejor de plano dolarizar a las economías, es decir, sacar de circulación las monedas nacionales y dejar que el dólar las sustituya. Esto quiere decir, eliminar los bancos centrales de cada país. Así ya lo hicieron los panameños, salvadoreños y ecuatorianos y no les va mal, no tienen problemas de inflación. Guatemala tiene la libre circulación del dólar y del quetzal, su moneda nacional y tampoco tiene problemas de hiperinflación.

Claro que el dólar no es una moneda perfecta, pero comparada con las políticas monetarias de muchos países latinoamericanos, es mucho más confiable. Sería ideal que la FED, que tiene el monopolio de imprimir dólares, fuera netamente privado y autónomo, y tuviera la prohibición de otorgar créditos al gobierno de USA. Así, se tendría la seguridad de que no emitirían nuevos billetes a capricho del gobierno norteamericano.

Los países con buena relación con USA, podrían llegar a un acuerdo para dolarizar en poco tiempo. Se pide a la FED que imprima dólares extras para introducirlos a Argentina. El gobierno los intercambia al tipo de cambio del mercado e incinera los pesos argentinos inmediatamente, para que dejen de circular. Así, no estaría inflando a la economía norteamericana ni a Argentina y el pago a la FED solo sería por el papel impreso y la transportación. La confianza se recuperaría, el comercio doméstico e internacional se incrementaría y todos saldrían ganando.


Fuente: Fundación Internacional Latinoamérica Libre. Por Santos Mercados Reyes.  * Miembro del Directorio de Fundación Internacional Latinoamérica Libre. Es Licenciado en Física y Matemáticas de la Escuela Superior de Física y Matemáticas (ESFM) del Instituto Politécnico Nacional de México. Master en Economía Matemática del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Abierta Metropolitana (UAM). Doctorado en Economía de la Escuela Superior de Economía (ESE) del IPN. PhD in Economics de la Tulane University de Nueva Orleans, USA. Doctor en Ciencias de la Universidad Autónoma Chapingo.

Miércoles, 11 de septiembre de 2019
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