El fuego lo hizo: a Córdoba le queda apenas un 3% de bosque denso
Cristián Frers
Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista)


La preocupación y la alarma se reavivaron en distintas zonas de la provincia de Córdoba luego de que los incendios forestales se iniciaron y obligaron a evacuar familias. Según informó el Ministerio de Gobierno un incendio forestal de considerables dimensiones se registraba en la localidad cordobesa de Villa Cura Brochero, en el Valle de Traslasierra. La semana pasada, con 35° y fuertes vientos, la alarma llegó a varias localidades serranas. 

Fueron 11 mil hectáreas quemadas en apenas 10 días, en una sucesión de incendios muy complejos. Los incendios en Cordoba aún son una preocupación, aunque están controlados.

"Fue una injusticia. Me trataron como a un delincuente y ni siquiera escucharon mi explicación. No podés quedar preso por comer un asado".

Así, de esta manera, se expresaba el taxista cordobés Víctor Taborda, propietario de una casa en Traslasierra entre Taninga y Las Palmas y que el fin de semana esperaba pasar un buen rato con unos amigos.

El fuego para el asado que estaba preparando se les fue de las manos y terminó desencadenando uno de los incendios que mantuvieron en vilo a los bomberos en ese sector de la provincia.

Las políticas forestales deben tener en cuenta el fuego. Debe prevenirse, detectar de una forma muy rápida, y finalmente extinguir cuando no quede más remedio.

El gran reto entorno al fenómeno de los incendios forestales es la educación en la prevención, porque no se debe olvidar que detrás del 93% de estos siniestros están las acciones humanas, ya sean negligentes o intencionadas.

Los bosques requieren amplios periodos de tiempo para su formación, sin embargo su desaparición se puede llevar a cabo en minutos. Estos periodos implican que debe haber una gran vigilancia y hay que volver a llegar a un acuerdo entre el hombre y el bosque. El estado actual de los ecosistemas forestales puede definirse como gran una hoguera ya preparada, el inicio, da un poco igual. Puede ser una colilla de cigarrillo, un rayo, una cosechadora o un excursionista imprudente. El fuego en pocos minutos puede alcanzar, frentes de varios kilómetros y con alturas de docenas de metros. Es mucho mayor el costo de no actuar que el de prevenir.

El daño que queda se percibe en el ambiente y en el paisaje. Un renglón especial representan los animales muertos, de fauna silvestre o de ganadería de cría.

Los que sobrevivieron buscan comida y agua. Y casi no tienen. Tampoco quedaron límites físicos: por la destrucción de los alambrados, el ganado suelto por estos días es una amenaza en los caminos.

Lo que en todo caso habilita más debates es lo que falta para prevenir más incendios y para remediar los daños que estos dejan luego. Ya no es, en ambos casos, una cuestión de bomberos.

En prevención, las preguntas que quedan es cuánto mejor se puede hacer en concientización y en educación, sobre todo en los territorios de mayor riesgo. También, en el control sobre las forestaciones implantadas mal mantenidas y con excesiva carga combustible, o sobre las redes eléctricas rurales que suelen ser causa de inicio.

En remediación es, quizá, donde menos se avanzó: el qué hacer para que no sólo tengamos inventarios de daños, sino también planes para su restauración.

Remediar daños ya es más una cuestión del área ambiental que del Plan de Manejo del Fuego.

Pero, en los últimos 15 años, Córdoba vio arder un millón de hectáreas. A la Provincia le queda el tres por ciento del bosque denso que tuvo hace un siglo. 

Son datos que evidencian enormes daños acumulativos, que comprometen ya la sustentabilidad ambiental de una provincia que, por razones geográficas y climáticas, seguirá teniendo fuegos.



Martes, 8 de octubre de 2019
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