El separatismo catalán, nueva temporada: la saga continúa
Benjamin von der Becke
Especial para Visión Liberal, desde España


El veredicto de la Corte suprema española cayó como una bomba nuclear en el entramado político y social en medio del proceso electoral que se desarrolla con vistas a los cercanos comicios. Las principales cabezas que pergeñaron las acciones que en otoño de 2017 llevaron a que en Cataluña se ensayara una parodia de independencia fueron finalmente condenados con graves penas de prisión. El Tribunal Supremo dictó una extensa y fundamentada sentencia en la que si bien se descarta el cargo de "rebelión" que sostenía la fiscalía se condena a los reclusos por "sedición en concurso medial con un delito de malversación de fondos públicos agravado en razón de su cuantía". La pena más alta es para el ex vicepresidente Oriol Junqueras al que le cayeron trece años de prisión, seguido por otros tres ex-colaboradores suyos en el "procés": Romeva, Turrull y Bassa.

Como era previsible el fallo deja insatisfecho a los dos bandos en pugna. Los independentistas hablan de que no hubo justicia sino espíritu de revancha, mientras que por el lado de las fuerzas "constitucionalistas" -que esperaban penas aún más altas- se cuestiona cómo será aplicado el "tercer grado" por parte de las autoridades penitenciarias, que en este caso está en manos de la propia autonomía catalana. 

El "tercer grado penitenciario" se aplica a los condenados en prisión que pueden beneficiarse de un régimen de vida en semi libertad... Junquera y compañía, que ya llevan en presión preventiva más de dos años, podrían empezar a pedir ese "tercer grado" a partir de haber cubierto una cuarta parte de la condena. En el caso de dos de ellos, los llamados ?Jordis', se especula que eso coincidiría con la Navidad... Así todo, es el propio Tribunal sentenciador quien puede revisar las decisiones administrativas sobre los permisos y ese -según dice la propia sentencia- es "la mejor garantía de que el cumplimiento de las penas se ajustará a un pronóstico individualizado de cumplimiento y progresión".

Conocidas las sentencias miles de nacionalistas fueron convocados a manifestarse en protesta, intentando entre otras acciones bloquear el aeropuerto del Prat que sufrió enormes retrasos y suspensiones de vuelos. Se esperan barricadas violentas, cortes de calles y sentadas por varios días. Barcelona ofrece en estas horas un panorama similar al de París tras los chalecos amarillos.

Este panorama convulso confluye en las elecciones del próximo 10 de noviembre, tras las cuales se podrá evaluar con mayor claridad cómo ha incidido en Cataluña todo el largo proceso judicial vivido, revelándose si el movimiento independentista se fortalece en apoyos, o por el contrario los ciudadanos catalanes con sus votos expresan un mayor repudio a esos políticos del "proces" que han optado por la ilegalidad para avanzar en sus ideales. 

Hay que recordar que más de la mitad de la población catalana no quiere separarse de España. La administración de tales fuerzas antagónicas es el mayor conflicto social y político que atraviesa el país, pues los líderes de esta comunidad autónoma gobiernan desde la Generalitat como si todos los que viven en Cataluña quisieran dejar de ser españoles. Lo que surja de las urnas será pues un veredicto popular sobre cómo ha sido valorado los resultados del juicio, el más importante de la historia reciente de este reino.

Otro dato a tener en cuenta es que al interno del independentismo las diferentes fuerzas que lo nutren no dejan de pasarse facturas. Oriol Junqueras (líder de Esquerra Republicana) dio la cara y luego de dos años de prisión preventiva se ve ahora condenado a permanecer otros trece, mientras que el ex presidente catalán y líder de JustxCat, Carles Puigdemont, fugándose a Bélgica se encontró en total libertad para seguir influyendo en su electorado, y de hecho dirige a control remoto a Quim Torra que preside la Generalitat. En este consorcio de separatistas, cómo es de suponer, no todos bailan al mismo ritmo. El próximo capítulo de la saga girará en torno a cómo este intenta la fiscalía del estado echarle el guante a través de una renovada "eurorden" de arresto.

Entre tanto Pedro Sanchez, el actual Presidente "en funciones", previendo las negociaciones parlamentarias que sobrevendrán luego de las elecciones parece mirar esta vez hacia la derecha (PP y Cs) para buscar los necesarios apoyos y formar finalmente una legislatura perdurable; acuerdos que no logró en la investidura fallida de abril con sus ex "socios preferenciales" de Podemos y diferentes grupos de independentistas. Los partidos "constitucionalistas" ya le están exigiendo -como moneda de cambio- que diga claramente que no otorgará el indulto a los recientes condenados del proces, atribución que sin duda confiere la constitución a quien ejerce la presidencia.

Lo cierto es que la gente de este país presta cada vez menos atención a los discursos de los políticos. Las recientes encuestas indican que es fuerte la frustración vivida hace pocos meses ante la falta de acuerdos entre los diferentes líderes para que se pudiera formar gobierno, y se prevé que el porcentaje de los que no irán a votar aumentará. La única buena noticia es que la economía española sigue mostrándose con buena salud en un contexto europeo donde ya comienza a hablarse -en voz baja- de una próxima gran crisis generalizada, derivada -entre otros factores- por el irreparable Brexit y los efectos perniciosos de las guerras comerciales que azuza Donald Trump.

Miércoles, 16 de octubre de 2019