Con la exhumación de Franco, ¿abrió Sánchez una nueva caja de Pandora?
Benjamin von der Becke
Especial para Visión Liberal, desde España


A pocos días de nuevas elecciones y por lo tanto en medio de la campaña electoral de esta España signada últimamente por graves enfrentamientos sociales y políticos en Cataluña, el gobierno del socialista Pedro Sánchez logró cumplir su principal promesa lanzada cuando llegó a la Moncloa: sacar a Franco del Valle de los Caídos para que éste pueda reconvertirse en un lugar de memoria histórica y no de exaltación a la figura de un dictador.

Ciertamente se ha tratado de una anomalía democrática que el resto de los países de la UE ha mirado durante largas décadas con extrañeza cuando no con escándalo. Mal que les pese a muchos, el pasado franquista de España asoma aún en no pocos símbolos y normativas públicas. Han pasado varias generaciones desde aquella sangrienta guerra civil de los años 30, y si bien es verdad que remover tales trazas supone volver a sensibilizar bandos que parecen no querer ahondar una grieta histórica, los restos del dictador emplazados sobre vencedores y vencidos suponía para muchas familias españolas una permanente afrenta.

El Valle de los Caídos es un conjunto monumental que empezó a construirse en 1940 finalizándolo dieciocho años después, siguiendo en todo momento la voluntad del "caudillo". Es emblemática su inmensa cruz de 150 metros de altura sobre un conjunto irregular de roca viva, que se hace visible a varios kilómetros de distancia. 

Dicen que su inmensa basílica fue diseñada con un par de metros menos de largo para que no fuera más grande que la de San Pedro en Roma... Sin duda es menos bella. 

Trabajaron en este proyecto faraónico miles de personas, obreros y también presos políticos condenados a tareas forzadas... No pocos murieron como consecuencia de los peligros y fatigas que comportaron tales trabajos. Franco nunca explicitó dónde debía ser sepultado, pero en 1975 cuando falleció, Arias Navarro, franquista de ley, ordenó que allí se dispusiera su tumba, donde ya se hallaba la del fundador del falangismo, José Antonio Primo de Rivera. 

Fue entonces sepultado con honores de Estado sobre los restos de 33.833 combatientes de ambos frentes que habían sido depositados allí, la mayoría de ellos sacados de fosas comunes y cementerios de toda España.

Levantar una losa de 1500 kilos fue para el gobierno de Pedro Sánchez mucho más fácil que remover las piedras que colocaron los familiares de Franco para obstaculizar el camino de su ejecución legal. A lo largo del año este asunto tuvo momentos propios de un sainete postmoderno, rozando inclusive al papa Francisco quien en contra de lo que parecían defender algunas instituciones clericales se mostró proclive a que se siguiera lo que la justicia española indicase. 

Sucede que el Valle de los Caídos es un monumento nacional, pero desde su creación está "custodiado" por una comunidad de monjes benedictinos llevados por Franco para que orasen por la reconciliación nacional. El actual abad del monasterio también se negó cuánto pudo a que exhumasen a quien daba particular sentido trascendente a sus preces.

En cualquier caso, ninguna figura relevante se opuso a la medida de la exhumación de Franco avalada por los tres poderes del Estado. Sin embargo, no fueron pocas las voces críticas respecto a cómo la administración de Sánchez la ejecutó. En medio de la campaña electoral que culminará con el sufragio del próximo 10 de noviembre, la repercusión mediática de esta exhumación y nueva inhumación fue tachada como una "escenificación oportunista" por los adversarios políticos del PSOE, principalmente los líderes de los tres partidos de la actual derecha (PP, C's, y Vox) que con matices propios se quejan de que Pedro Sánchez manipula la memoria de los españoles con fines electoralistas. También recibió críticas del líder del Partido Nacionalista Vasco expresando que "lo que iba a ser un acto de reparación, de recuperación de la memoria histórica, se está convirtiendo en un acto de exaltación del franquismo y en un producto televisivo obsceno".

Los restos de Franco  quedarán en el cementerio de  Mingorrubio, donde yace también su mujer

La jornada no pasó desapercibida para nadie: 500 colegas de 150 medios de comunicación -58 de ellos internacionales- cubrieron desde muy temprano la exhumación en el Valle (que fue a puertas cerradas) y la posterior inhumación en el cementerio de Mingorrubio, a las afueras de Madrid, donde reposan los restos de su esposa Carmen. 

El féretro de Franco fue trasladado en helicóptero y llegó a su actual destino ofreciendo una imagen a las cámaras que no carecía de cierta poética cinematográfica. Allí se daban cita una centuria de personajes peculiar, algunos como sacados de un film de Almodóvar. Entre estos se encontraba el Tte. Gral. Tejero, aquel que escenificó en 1981 un intento de golpe a la democracia entrando a tiros en el Parlamento. Su presencia en estas nuevas exequias al dictador agitó la adrenalina del grupúsculo de nostálgicos presente. Su hijo, sacerdote, fue quien celebró la misa que la familia quiso que se oficiara antes del nuevo enterramiento.

Un poco más tarde el Presidente "en funciones", desde la Moncloa, informó a la prensa sobre todo lo actuado, y recalcó que la "España actual es fruto del perdón, pero no puede ser producto del olvido".

El hecho histórico es que finalmente el 24 de octubre de 2019 la democracia española da por concluida la absurda anomalía, "la afrenta moral", de mantener culto funerario público a un dictador en un monumento del Estado.

Ahora tocará ver en qué se reconvierte el Valle de los Caídos, quizá en un Museo de la Memoria tal como lo recomendó una Comisión plural de expertos convocada para tal fin.

Los hijos de la guerra fratricida firmaron un "nunca más" sin rencores ni venganzas que hizo posible la exitosa "Transición" a la democracia de la España moderna. Sus nietos ahora están desmenuzando lo actuado. Una nueva generación revisionista pide ir más a fondo, al costo que sea.

¿Abrió Sánchez, junto a la mítica tumba de Franco, una caja de Pandora?

Como siempre, el tiempo lo dirá. Por lo pronto, ese intangible futuro tiene una primera expresión evaluadora el 15 de noviembre próximo.

Viernes, 25 de octubre de 2019