Qué deja Mauricio Macri y que trae (o regresa) Alberto Fernández
Ezequiel Eiben
Abogado. CEO de Academia Eiben. Autor de "Manual del buen salvaje kirchnerista"


El presidente Mauricio Macri tenía por delante una meta poco menos que imposible tras el lapidario resultado de las primarias: lograr la reelección frente al candidato opositor Alberto Fernández y la verdadera jefa de la fórmula, la candidata a vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner. A pesar de achicar la abrumadora diferencia inicial de agosto (49,49% a 32,93%) con un comparativamente decoroso resultado en octubre (48,10% a 40,38% según los números del escrutinio provisorio hecho sobre el 97,14% de las mesas), Macri no pudo meterse en el ballotage para un último intento electoral de renovar su mandato.

La noticia no solamente es que se va Macri -como el único presidente argentino que buscó la reelección sin conseguirla-, sino que retorna el kirchnerismo -luego de cuatro años de haber sido expulsado democráticamente del poder tras tres períodos plagados de calamidades-. Por ende, se impone sacar conclusiones de ambos fenómenos conectados.

De la salida del referente de Juntos por el Cambio anoto lo siguiente:

1) Macri incumplió promesas de campaña y falló en muchísimas áreas de gobierno, algunas de ellas tan delicadas como la economía, y con temas tan sensibles como la inflación. Él mismo puso como vara de medición de su gestión la disminución de la pobreza, y lo concreto es que la pobreza abunda en todo el país.

2) Algunas medidas no fueron simples equivocaciones; más bien se trataron de deliberadas inmoralidades, ilegalidades y violaciones a la exigencia constitucional de idoneidad para ocupar cargos públicos. Se nombraron ñoquis, se manipuló al poder judicial y la política empañó al Consejo de la Magistratura, se financiaron inutilidades y el recorte del gasto público no fue valiente ni oportunamente encarado.

3) El mundo intelectual y comunicacional pintó a Macri como exponente de la derecha y del "neoliberalismo". Los esfuerzos de gente cercana (Marcos Peña, Federico Pinedo, Jaime Durán Barba) siempre se concentraron en contrarrestar dicha imagen y enaltecerlo como el líder de un espacio de izquierda.

No hubo intención de desafiar al mainstream progresista ni de despegarse de muchas atrocidades desde allí defendidas; el foco estuvo en asimilarse, complacer, ceder y compartir. Esto dicho más allá de que Macri fuera de izquierda, centro o derecha; y teniendo en cuenta que a su lado y en su electorado sí tuvo gente de derecha.

4) Macri traicionó mucho, y en algún momento quizás pensó que podía hacerlo impunemente. Traicionó a la clase media aumentando las asignaciones y planes que debía pagarle a los clientes del aparato redistributivo. Traicionó a los trabajadores en serio dándoles una obra social a los piqueteros. Traicionó a los productivos manteniendo el gasto público, imponiendo el cepo al dólar y reestableciendo las retenciones al campo. Traicionó a los innovadores y deseosos de ganarse la vida honestamente al aliarse a la mafia sindical taxista para perseguir a Uber. Traicionó a los conservadores abriendo el debate sobre el aborto (donde muchos de su partido defendieron al pañuelo verde) y cediendo ante el feminismo colectivista y la ideología de género. Traicionó a los republicanos al permitir conductas irregulares frente a la justicia de parte de hombres vinculados a su séquito. Es evidente que algunos votos se le fueron por esto.

Aun así, el oficialismo mejoró en cantidad de votos de 2015 a 2019 en más de 6 puntos porcentuales, por lo que también es evidente que logró convencer a nuevos votantes.

5) Si bien reconoció sin tapujos la derrota, tuvo un gesto al invitar a desayunar a la Casa Rosada al triunfador, y su discurso ha sido aplaudido por propios y extraños por llamar a una transición ordenada, no todos sus seguidores han adoptado la misma actitud. Algunos de ellos, incapaces de hacer autocrítica, le echan la culpa de la derrota a las candidaturas presidenciales de José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión por "robarle" votos al oficialismo (como si los votos le pertenecieran), e incoherentemente al mismo tiempo se burlan por el poco porcentaje alcanzado.

En vez de hacer desubicados descargos, esos fieles deberían reconocer que no es culpa de otro candidato de menor adhesión la derrota de Macri, y que tanto Espert como Gómez Centurión capitalizaron -en parte- a aquellos decepcionados por las políticas complacientes con el progresismo (los que querían recortar el gasto y los pañuelos celestes respectivamente, por citar un ejemplo).

Del retorno del kirchnerismo debo decir:

1) Si bien es cierto que hubo rotundos fracasos en la gestión de Macri, la victoria electoral del Frente de Todos por más de dos millones de votos no se explica primariamente a partir de aquellos. El kirchnerismo fue un desastre económico, político y social.

Además, el kirchnerismo no pasó hace medio siglo con recambio generacional importante: estuvo hasta finales de 2015, tan solo cuatro atrás. Por lo tanto, la "falta de memoria del pueblo" tampoco es un factor primario de explicación.

Aquí no estamos hablando del espanto de muchos votantes por la crisis, ya que si así fuera, no votarían al kirchnerismo. Aun no eligiendo a Macri, no tendrían que sufragar por el kirchnerismo, sino por otra propuesta no directamente asociada a una crisis. Y no estamos hablando de recuerdos perdidos, porque el kirchnerismo gobernó hace poco y sus consecuencias se sufren hasta hoy y se seguirán sufriendo muchos años más.

La explicación primaria es la moralidad imperante en la mayor parte de Argentina. 

En el escenario social se predica y practica la ética del altruismo, que implica sacrificar y renunciar a los valores propios por el supuesto bienestar de los demás -lo que en términos políticos se traduce en redistribución de la riqueza, presión fiscal y elevado gasto público para mantener el aparato clientelar del estado-; y la premisa del depredador, que implica saquear y arrasar con lo ajeno -y en la política se manifiesta con expropiaciones y corrupción estatales, permisividad con el delito, y pactos entre funcionarios y amigos en detrimento de la transparencia institucional-. Con dicha moralidad guiando y dictando lo que puede y debe hacerse, gana la fuerza política que más consistentemente lo practique. Y el mayor especialista en el canibalismo moral es el kirchnerismo.

2) Como muchos argentinos votantes del kirchnerismo además de redistribuidores son hipócritas, mientras no les toquen -directamente- lo suyo (algunos creen en la magia y no reparan en lo que se financia vía impuestos), están contentos con que la depredación se practique sobre los otros ("gorilas", "chetos", "oligarcas", "ricachones", "cipayos", "vendepatria", "explotadores"). Un sistema que no recorta el gasto público y direcciona sus incentivos a vivir cómodamente del estado en vez de esforzarse y arriesgarse en el sector privado, produce este tipo de personas en cantidad y logra que aproximadamente 20 millones sean mantenidas por 8 millones. No solamente un desequilibro económico: una aberración moral. Los kirchneristas han propuesto ese sistema y ese código ético. Los deseosos de moverse bajo sus consignas los votaron.

La sociedad argentina solamente ha sabido producir candidatos con chances como Mauricio Macri y Alberto Fernández. 

Mientras no modifique sus valores, lo que repercutirá en el sistema político y económico, no saldrá de la encrucijada donde todas las opciones son caminos progresistas. 

Y se hablará de un ciclo que termina en crisis, para que empiece otro que terminará en crisis.

Miércoles, 30 de octubre de 2019