Guyana podría convertirse en la Qatar de América si hace bien los deberes
Angeles López
Editora Visión Liberal


Es un país en el que apenas viven 800.000 habitantes. Un "puntito" frente a los 210 millones de personas que habitan en el país vecino, Brasil. O de los 32 millones que sufren la desidia socialista en el otro país del lado, Venezuela. Lo cierto es que esos 800 mil habitantes están a punto de convertirse -según pronósticos del mismísimo FMI- en la Qatar de América del Sur.

Se trata de Guyana, una ex colonia holandesa y británica donde la pasión no la despierta el fútbol sino el croquet, donde la música que bailan es el calipso, cuya lengua oficial es el inglés (aunque la mayoría habla creole), se practica el hinduismo y el islam a la par del cristianismo y que hasta hace un puñado de años era verde y pobre, un país subsidiado por la minería y la caña de azúcar.

Pero, ¿qué pasó? La "mecha" del progreso la encendió Exxon Mobil en 2015, cuando encontró una especie de "Vaca Muerta", una reserva de petróleo y gas más grande de lo que soñaron alguna vez encontrar: la capacidad de extracción es de 200 mil barriles diarios y no se vislumbra límites a su potencial. Lo llamaron Liza y de su mano, Guyana puede convertirse en uno de los mayores productores de petróleo. Y con él, el progreso.

Según el Banco Mundial, el crecimiento del PIB para esa época podría aumentar de un modesto 4,6% al 34%. 

¿Pero, alcanza descubrir una reserva, por más grande que sea, para que un país despegue y se convierta en potencia? Puede suceder, incluso, que se desequilibre la economía y no haya estructura para sostener el crecimiento. ¿Qué pasa si el capital humano no está preparado para el desafío? ¿O si no hay estructura bancaria, impositiva, política o regulatoria que maneje esa explosión de inversiones? ¿Hay, en menos de un millón de habitantes, suficientes ingenieros, capataces, obreros y mano de obra para hacer frente al desafío?

Depende a quién miren. Si aprenden de los errores de Venezuela, un excelente ejemplo de todo lo que no hay que hacer, capaz. El país de Maduro fue inmaduro para administrar sus recursos y hoy está naufragando en su propia miseria. Guyana puede aprender lo que no debe repetir. En el mismo espejo puede estar Uganda, país con grandes oportunidades pero que por ineficacia política no pudo ni empezar a explorar los pozos.

Puede ir más lejos, a Noruega. Y aprender de ellos a ser pequeños y grandes. Pequeños en población, grandes en recursos energéticos. Y políticas adecuadas para manejar las dos variables. Hay ejemplos más cercanos: Ghana, país que tuvo un desarrollo sostenible gracias a decisiones de gobierno responsables. O Botswana, otra nación africana que brilla en la excepcionalidad de políticas responsables.

Guyana, hoy, está más cerca de Venezuela que de Noruega. Y no solo geográficamente, que es lo menos grave. En marzo hay elecciones y Liza será la piedra fundamental de la campaña. Tiene núcleos de corrupción enraigados en el poder y en la oposición que combatir. Y Venezuela acecha como un buitre hambriento los ríos de Guyana, para "pescar" algo de la riqueza ajena, algo a lo que está acostumbrado.

En fin. Si Guyana se apega al libre mercado, gobiernos transparentes, apoyo de empresas inversoras, puede convertirse en el faro que esta America Latina golpeada y vapuleada por el socialismo necesita para encontrar un nuevo rumbo.



Viernes, 8 de noviembre de 2019