Sin ton ni son: el cupo femenino ahora se impone también en la música
Angeles López
Editora Visión Liberal


Ahora es ley: los festivales tienen la obligación de subir un 30 por ciento de mujeres a los escenarios. La ley no exige talentos, ni trayectoria ni otra presentación más que ser portadora de sexo femenino. Eso es lo que reclamaron 700 artistas y lo que ayer la Cámara de Diputados aprobó, tras llegar al recinto con media sanción del Senado.



Vaya paradoja: la ley quiebra el principio de igualdad ante la ley. Y lo que es más peligroso aún: sienta un precedente peligroso: el de abrir el camino para que en otros oficios se exija lo mismo. La discriminación "positiva" es tan arbitraria, injusta y petulante como la "negativa". Además, los números son objetivos y ellos indican que hay más músicos que músicas: según el Registro Nacional Único de Músicos, las bandas con mujeres representan solo un 13,2% del total de bandas. 

Las frases hechas y los estereotipos que enarbolan los "colectivos", cualquiera sean éstos, transforman los reclamos en banderas huecas. No pueden explicar por qué es justo reclamar un 30% de mujeres como cupo y no un 30% de hombres -digamos como ejemplo- frente a las aulas de jardin de infantes. ¿No se discrimina a los hombres?.

Si las mujeres no eligen ser músicas, ¿se autodiscriminan? ¿Hay profesiones masculinas y femeninas que merezcan ser denunciadas?. Imponer un cupo-en cualquier área y de cualquier naturaleza- es negar la libre elección de cada individuo. No sólo del "defendido" sino también del espectador (en este caso) que tendrá que escuchar bandas que no tiene ningún interés en escuchar solo porque una ley lo obliga a hacerlo. Absurdo. 

Exigir que 30 por ciento de un espectáculo esté reservado a la mujer es subestimarla en su talento, su inteligencia y su capacidad. La igualdad no pasa por ahí (y en todo caso, seguiríamos en desigualdad numérica, ¿por qué no plantear 50 y 50, ya que estamos?).

Que la Cámara de Diputados y la de Senadores legislen sobre una ideología también habla de la decadencia de la labor de diputados y senadores, que (dicho sea de paso) no profesionalizó nada sus resultados por estar obligados a respetar el otro cupo, el político. Deberían legislar sobre políticas públicas, con rigor científico, con criterios trascendentes, no sobre meras ideologías o pancartas de colectivos vistosos y estereotipados.

La iniciativa llegó este año al Congreso de la mano de la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, y fue apoyada por diversos partidos políticos. La ideóloga fue la cantante Celsa Mel Gowland, acompañada por 700 músicas argentinas como Hilda Lizarazu, Liliana Vitale, Lula Bertoldi y Andrea Álvarez, que se organizaron para impulsarla.


Viernes, 22 de noviembre de 2019