"La clase política se aleja de las necesidades de la población"

"Las sociedades de América Latina tienden al autoritarismo"

La analista en política latinoamericana Constanza Mazzina explica las claves de las revueltas que sacuden varios países de la región

La ola de protestas que estamos viendo en América Latina no es un fenómeno nuevo, asegura la experta Constanza Mazzina en una entrevista con LA RAZÓN. Según la investigadora y profesora de postgrado en política latinoamericana, el sistema presidencialista heredado del caudillismo del siglo XIX genera crisis cíclicas, pero en esta ocasión, añade, "se está extendiendo hacia una crisis del sistema democrático".

Las revueltas en Latinoamérica tienen un mismo patrón: el presidencialismo existente al estilo del modelo de Estados Unidos. Para Mazzina, esto provoca una concentración de todo el poder alrededor de una sola persona

¿El uso de la fuerza indiscriminada por parte de las Fuerzas Armadas, según denuncia Human Rights Watch, está agravando el problema en Chile y en otros países de la región?

La Fuerzas Armadas junto con la Iglesia son unas instituciones muy respetadas por la población en Latinoamérica. Aunque el viejo militarismo de la región quedó atrás, las sociedades en la región tienden al autoritarismo provocando una persistencia del problema. El uso de la fuerza policial en los países de la zona no deja de ser una prolongación de la violencia política que se ejerce desde el poder y constituye una constante en la historia política de América Latina. La violencia política nunca se ha terminado de marchar.

¿Cuáles son los antecedentes de las recientes revueltas ciudadanas en América Latina?

Si nos fijamos en los patrones comunes de los acontecimientos que tienen lugar en Latinoamérica, existe una persistencia de la violencia que se arrastra desde la historia de los últimos 200 años cuando se independizaron los países de la región, después de varias guerras civiles a las que se añadieron las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX surgidas después de diferentes golpes de estado. Desde finales del siglo XX la región asiste a otra oleada de violencia en la que los presidentes son despojados del poder por medio de los llamados "golpes blandos" de manos de movilizaciones de la ciudadanía y la pérdida de apoyo legislativo en sus respectivos Parlamentos.

¿Qué tienen en común estas revueltas?

El presidencialismo existente en los Gobiernos de América Latina, al estilo del modelo de Estados Unidos, provoca una concentración de todo el poder alrededor de una sola persona. El presidente, de alguna manera, se constituye en el heredero de los caudillos del siglo XIX, descendientes a su vez de la vieja figura de los virreyes existentes en la región. El problema se agrava por la persistencia durante años de las mismas personas en el poder. Son muchos los presidentes que reforman las constituciones de sus países para mantenerse en el poder. Si entendemos la democracia como alternancia y temporalidad en el ejercicio del poder, el presidencialismo tiene el peligro de introducir elementos de tensión de naturaleza antidemocrática.

  Otro punto en común es que ese presidencialismo y, en general, la clase política tienden a alejarse de las preferencias de los ciudadanos. El fenómeno ocurre en todo el arco político de los países de la región. Los representantes políticos no terminan de ser el medio que conduce o canaliza las demandas de la sociedad Constanza Mazzina 

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¿Qué salida tiene la crisis en Chile y la del resto de países?

Existe una desafección como nunca se había dado de la ciudadanía con sus gobernantes. La clase política se ha mantenido ajena durante los últimos años de las necesidades reales de los ciudadanos de la calle. Por otro lado, las sociedades de América Latina tienden al "patrón delegativo", los ciudadanos cuando depositan su voto entregan un cheque en blanco a sus gobernantes y no se ejerce la vigilancia o el control que una democracia madura requiere. En el caso concreto de Chile, Sebastián Piñera y el resto de políticos deberían empezar a dar señales de que se van a poner a trabajar para la ciudadanía, harta de observar como se va recortando su calidad de vida, mientras los representantes políticos mantienen unos privilegios completamente alejados de la realidad de la clase trabajadora.

¿El fenómeno de las protestas que canalizan el descontento ciudadano puede extenderse a otros países de la región?

Nos encontramos en un momento de la historia de América Latina en que el ciudadano ha encontrado en la calle una vía de expresión y de canalización de sus demandas. Lamentablemente estas vías de expresión pacíficas terminan asumiendo diferentes grados violencia. No es de extrañar que el fenómeno se extienda a otros países debido a la persistencia de enormes desigualdades sociales, frente a los enormes privilegios de sus gobernantes.

¿Por qué el foco de la crisis vuelve a apuntar a Latinoamérica, después de unos años de relativa tranquilidad?

Históricamente en América Latina existen ciclos de inestabilidad política, es una crisis del sistema presidencialista que se está extendiendo hacia una crisis del sistema democrático.

¿Existe algún interés por parte de movimientos cercanos al chavismo venezolano en desestabilizar algunas democracias de la región, como algunos han apuntado?

La OEA (Organización de Estados Americanos) ha denunciado la presencia de grupos castrochavistas en algunas de las revueltas de Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. Indudablemente existe un interés político en la desestabilización por parte de determinados regímenes de la esfera gubernamental cubana o venezolana, si bien tampoco se debe desviar el foco del problema esencial que constituyen las carencias que la clase política ha demostrado frente a su ciudadanía. 

Por Toni Bonilla para La Razón, España

Jueves, 28 de noviembre de 2019