La llaman la ciudad de la "utopía socialista" pero nadie quiere vivir ahí


La prensa oficial de Corea del Norte dice que Samjiyon es la "ciudad epitome de la civilización moderna". O sea, el líder norcoreano Kim Jong cree que esa ciudad, considerada el proyecto constructivo más grande del país, es la mejor síntesis de un gobierno socialista. Allí podrían vivir cuatro mil familias, pero la realidad es que nadie se mudó a ese lugar considerado inhóspito y sin alma por otros ojos que no sean los del socialismo norcoreano.

Las pilastras del edificio gubernamental son un intento neoclasicista, pero sus dos plantas lo abandonan en monumentalidad frente a la inmensa escultura de Kim Jong II, que se levanta detras de la mesa de autoridades, a la izquierda de la imagen.

Oficialmente, Samjoyon es la utopía socialista. Construida sobre la nada misma, es una ciudad forzada entre seis avenidas cuadradas. Las casas con techos de colores intenta darle "onda" al paisaje que no perdió su rústica agresividad natural.

Departamentos con tejados rojos, azules y verdes unidos sin coherencia, sin planificación, sin considerar una línea única de diseño y arquitectura parecen "plantados" en las faldas del sagrado monte Baekdu. Realmente, una ciudad socialista, "encimada" una casa sobre otra, sin orden, sin individualidad.

Salvo, claro, por el gigante hotel y -infaltable- el monumento al líder, el coloso, el gigante. Ese gusto socialista por enaltecer a los que los esclavizan, adorar ídolos autoritario. Egos de bronce que "miran" como "su pueblo" vive desde lo alto de un pedestal.

El "epítome de la civilización moderna" no contempló -por ejemplo- espacios donde las personas puedan desarrollar vida social. No hay consideración al peatón porque se privilegiaron las anchísimas avenidas para que los desfiles puedan ser más ampulosos.Los conceptos urbanos modernos prefieren delimitar las zonas de trabajo y de ocio, darle personalidad a los espacios privilegiando el uso que de él hace el ciudadano. Nada de esto ocurre en la ciudad de Kim. Ni hablar de conceptos como "sustentabilidad", cuidado del suelo, aprovechamiento del recurso paisaje y otros tantos "ítem" que el dictador norcoreano parece desconocer.

Al fondo, una construcción de tejado piramidal hace las veces de entrada a la estación de esquí. | KCNA

Banal. "Pornográfica". Tampoco ostentosa, eso es lo raro para un dictador. Pero las 4000 familias que se mudarán a este pueblo de montaña vivirán en una ciudad "tirada como un juego de dados sobre un tablero".

La tentación de todo dictador

"La idea de crear una ciudad de la nada es algo muy tentador para arquitectos, urbanistas y dictadores. Ninguno de ellos (nosotros) es impermeable a sucumbir al deseo de crear un conjunto urbano y dejar su impronta", indica el arquitecto Armando Valenzuela, director del estudio ORV Arquitectos en el diario El País de España. "La historia de la arquitectura tiene buenos ejemplos de planificación urbana como Chandigarh (India), Brasília (Brasil), San Petersburgo (Rusia), La Plata (Argentina), Washington (EE.UU.) o, sin ir tan lejos, el barrio madrileño Ciudad Lineal, de Arturo Soria".

En cada una de estas intervenciones urbanas, explica Valenzuela, "puede leerse una intención de organización, desde un simple damero con un centro expansivo hasta un desarrollo lineal como la del proyecto de Soria que sirvió de ejemplo para las ciudades industriales soviéticas. Y desde luego, hay en todas ellas un control con la escala, es decir, un estudio del tamaño que tienen los edificios entre sí y en relación con las calles, los parques y plazas, un cuidado diseño de las barreras contra el viento, la protección contra el frío y la nieve, etcétera. Nada de eso se ve en Samjiyon".

Las pilastras del edificio gubernamental son un intento neoclasicista, pero sus dos plantas lo abanadonan en monumentalidad frente a la inmensa escultura de Kim Jong II, que se levanta detrñas de la mesa de autoridades, a la izquierda de la imagen. | KCNA

Para Valenzuela el conjunto más "ramplón y descontextualizado" de la ciudad es el centro oficial y de gobierno "formado por dos edificios simétricos que flanquean el acceso al monumento de Kim Jong Il (principal ejemplo de lo que es estar fuera de escala)". Y es "inmensamente pueril". No hay dictador del siglo XX (con la notable excepción de Mussolini) que no se inspire en el clasicismo para construir los edificios de gobierno. Pensemos, por ejemplo, en las construcciones de Albert Speer para el Berlín hitleriano, que tenían coherencia y una presencia urbana que las convertía en notables. El edificio de Samjiyon es, sin embargo, bajito y anodino".

Un centro pornográfico, de sumisión arquitectónica al líder

Valenzuela se apoya, para analizar el conjunto de edificios gubernamentales, en los conceptos "protoexistencialistas que Shopenhauer aplicaba al ser humano: ¿qué es?, ¿qué tiene? y ¿qué representa?".

El centro oficial es "la impronta de un régimen totalitario" que se erige "de manera pornográfica diferenciándose del resto de la arquitectura en forma, color y estilo". Las pilastras y las dos filas de ventanas verticales rematadas por una voluminosa cornisa son, en conjunto, un "pastiche de elementos". Su escasa altura (dos plantas) solo se justifica como "sumisión arquitectónica al megamonumento de King Jong II para su enaltecimiento intencionado". Se trata de "la peor arquitectura al servicio del poder".

En cuanto a lo que tiene -o no tiene- este edificio de falso clasicismo son "proporciones clásicas ni un orden jerárquico. Su centralidad se debe a la imposición de una simetría de tablero que se adorna de un cierto aire clásico para ocultar la falta de ideas proyectuales", explica Valenzuela.


Viernes, 6 de diciembre de 2019