¿Es el orden institucional liberal demasiado para la naturaleza humana?
Gabriel Zanotti
Director Académico de Instituto Acton. Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso.

En el prefacio al libro III de Derecho, Legislación y Libertad, Hayek dijo: "...Me consideraré plenamente satisfecho si este ensayo logra llevar al ánimo del lector la idea de que, aunque el primer intento de establecer una comunidad de hombres libres haya fracasado, ello no significa que la libertad sea inviable, sino únicamente que, para plasmarla, se ha recurrido al empleo de métodos equivocados". (El subrayado es nuestro).

Estas palabras fueron escritas en 1976 para un público anglosajón y europeo.

Creo que fueron desatendidas no sólo por la ola optimista que invadió luego a muchos liberales de diversas corrientes, sino porque incluso en su contexto tenían un matiz optimista. Tal vez fueron interpretadas como que ahora conocíamos los medios NO equivocados: precisamente, las propuestas de orden institucional que hacía Hayek en este libro. Con lo cual muchos liberales cayeron en un institucionalismo constructivista. 

Esto es, que construyendo nuevamente un orden institucional liberal podíamos regresar a la libertad. Con lo cual se dejaba de lado un mensaje fundamental del mismo Hayek: la importancia de las tradiciones, de la evolución, esto es, el marco cultural.

Tal vez se olvidó demasiado pronto que Hayek había dicho, aunque con un "aunque" antes, que "... el primer intento de establecer una comunidad de hombres libres ha fracasado". Tal vez ahora, cuando hemos fracasado una vez más, cuando el mundo actual no es más que una caótica regresión a guerras civiles sólo impedidas por reinos hobbesianos, estemos en condiciones de no olvidarlo de vuelta.

 "... el primer intento de establecer una comunidad de hombres libres ha fracasado". El primero, el segundo y tal vez todos. 

¿Es el orden institucional liberal demasiado para la naturaleza humana? ¿No es utópico aspirar a la estabilidad de las repúblicas y del mercado? No si, como una vez ya dije, pensamos en la historia como la Historia de Caín. Entonces considerar al Estado de Derecho Occidental como una emanación del Judeo-cristianismo es coherente, porque el Judeo-cristianismo es la Historia de Abel. Pero aún así, ante los acontecimientos mundiales actuales, paralelos a la declinación cultural de las diversas iglesias cristianas, donde incluso el Catolicismo parece a punto de ser devorado por sus propias deformaciones, 

Una sociedad que respete al otro en tanto otro, y por ende sus libertades y su dignidad, ¿no es más que un sueño?

¿No es también utópico suponer que la Historia de Abel pueda resistir aunque sea unos metros a las infinitas distancias de Caín? ¿No es acaso más realista suponer que el más auténtico liberalismo clásico, como la generosidad de la cual hablaba Ortega, habita sólo en las miradas que pueden ver al otro en tanto otro, pero no más allá? Una sociedad que respete al otro en tanto otro, y por ende sus libertades y su dignidad, ¿no es más que un sueño? ¿Tenemos que resignarnos a una historia humana que no parece salir nunca de la crueldad de los imperios, de las ambiciones más terribles y diabólicas de poder?

No lo sé. Nunca más que nunca no lo sé. Habrá que seguir señalando, sí, al norte de una sociedad libre, pero, tal vez, con una nostalgia casi completa por su fracaso en la praxis. El liberalismo es un noble sueño. Nuestras voces se escucharán siempre lejanas en el mundo de los despiertos.

Tomado del blog del autor, escrito el 1 de diciembre de 2019

Jueves, 12 de diciembre de 2019