Dólar tarjeta: el impuesto distorsivo que perjudica a todos (no solo a los que viajan)


Llegó el momento de reencontrarnos con un viejo miembro de la numerosa familia de impuestos distorsivos en Argentina. Según confirmó el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el impuesto al consumo en el extranjero se implementará de forma inminente y será de 30% del valor de la compra. Esto equivale a un tipo de cambio de $ 82 para los que realicen pagos con tarjetas en el extranjero o bien concreten pagos locales que se procesen afuera (Airbnb, Netflix, Spotify o Apple Store serían algunos ejemplos). Veamos, entonces, cuales son los impactos económicos de esta medida.

En primer lugar, la política busca un ingreso adicional al Fisco, así como reducir el rojo de la balanza turística (la diferencia entre la cantidad de dólares que salen y los que entran a nuestro país). En principio, no hay grandes dificultades de que la medida vaya en esa dirección en el corto plazo, aunque no debemos dejar de preguntarnos a qué costo y con qué implicancias en el mediano y largo plazo.

En tanto, si lo que se persigue es "una lógica distributiva" y "reactivar la industria turística local", objetivos expresados según palabras del propio Cafiero, la política seleccionada es definitivamente errónea. Existe un abanico de alternativas más eficientes para dichos fines, tal como una mejora en el esquema del Impuesto a las Ganancias, por mencionar sólo un ejemplo.

Subirá el costo de vacacionar en destinos nacionales en la misma medida en que éstos se hagan más atractivos.

En la práctica, el principal riesgo del dólar turista será el fomento del mercado ilegal de divisas. En una primera etapa, quien viaje al exterior se verá frente a la disyuntiva de pagar el dólar a $82 comprando con tarjeta versus adquirir dólares a $67 en el mercado paralelo (luego de alcanzar el tope de los U$S 200 por mes). Este fuerte incentivo en favor del dólar blue implica que su precio se corregirá hacia arriba, incrementándose aún más la brecha con el dólar oficial.

Como resultado, subirán las expectativas de devaluación en conjunto con los precios que se ajustan al tipo de cambio paralelo, tal como sucedía hasta finales del 2015. En definitiva, será indirectamente una mayor inflación y aún más distorsiones en los precios, señales elementales de la economía.

Por otra parte, ¿qué sucederá con el turismo? Sin ir más lejos, es esperable una suba del costo de vacacionar en destinos nacionales en la misma medida en que éstos se hagan más atractivos, que viajar al exterior. En otras palabras, más familias vacacionando en Las Toninas implicará una mayor demanda en establecimientos turísticos, lo que termina por reflejarse en mayores precios. Como consecuencia, se castigará a las familias que no planeaban viajar al extranjero desplazándolas incluso de los destinos nacionales, al ritmo que se encarezca el verano argentino.

Como en cualquier decisión, la implementación de una política requiere un profundo análisis de costos y beneficios. Para el dólar turista, aún no queda claro que los últimos sean mayores, aun comprendiendo la urgencia fiscal en la que se encuentra nuestra economía. Si el Gobierno de Alberto Fernández busca reactivar la economía, será imprescindible implementar políticas que tiendan a reducir las distorsiones, a la vez que centralizar la gestión económica desde una visión de equilibrio general.


Por Eric Grosembacher para El Economista

Lunes, 16 de diciembre de 2019
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