¿Por qué es tan difícil diferenciar lo falso de lo verdadero?


Sesgos, falacias y otros desvíos cognitivos nos acechan por todos lados. Sin un estado de permanente alerta podemos caer con facilidad en este peligroso equívoco


Hay preguntas que casi nunca nos hacemos. El sentido común da por probadas muchas de nuestras creencias y eso nos permite transitar por la vida con una seguridad que tranquiliza, aunque no tenga fundamentos. Abundan las investigaciones que demuestran que las personas creen que saben cómo funciona un lavarropas o la cisterna de un inodoro, pero cuando se les pide que lo expliquen no pueden hacerlo. Lo creían sinceramente sin habérselo preguntado jamás. Formularnos ciertos interrogantes acerca de cosas que lucen obvias y autoevidentes nos saca del sueño narcótico de nuestra zona de confort. Es una experiencia a menudo amenazante, dolorosa, pero siempre necesaria.

La reflexión acerca de nuestros propios procesos mentales es infrecuente. Nos enfrenta a cosas acerca de las que creíamos no tener dudas pero de las que no tenemos pruebas. La metacognición es la base del escepticismo saludable y táctico. Pensar acerca de nuestro propio pensamiento es una forma de "higiene mental" reflexiva que nos protege de las falsas creencias y de las prácticas infundadas.

Tenemos una tendencia a buscar y encontrar patrones e improvisar teorías y narraciones. Al intentar dar sentido al mundo formulamos teorías y buscamos información que las confirme. Todo lo que sea ambiguo lo interpretamos a favor de nuestra teoría y desechamos lo que no encaja escondiéndolo -de nosotros mismos- en una zona de penumbra cognitiva. De se modo construimos una falsa sensación de conocimiento y seguridad que hace que nos moleste y nos enoje que alguien nos discuta o nos demuestre que estamos equivocados. Sesgo de confirmación, razonamiento motivado y muchos otros desvíos del pensamiento tienen como función impedir que la realidad nos saque de nuestra zona de confort.

¿Cómo pensamos? ¿Por qué podemos ver lo falso como verdadero?

"No todas las explicaciones que ofrezcan lo que se llama vagamente "satisfacción intelectual" son científicas". Mario Bunge

La forma más sofisticada del pensamiento humano es el pensamiento crítico, en particular cuando se aplica sobre nuestras propias creencias. Hacerlo supone poner en duda lo que suponíamos indudable, cuestionar lo que imaginábamos incuestionable, desnudar las bases endebles sobre las que suelen transitar nuestras propias creencias. En medicina esta práctica es una obligación, un compromiso para con nuestros pacientes y para con nuestro propio desempeño.

Sobran los motivos por los cuales podemos ver lo falso como verdadero. Sesgos, falacias y otros desvíos cognitivos nos acechan por todos lados. Sin un estado de permanente alerta podemos caer con facilidad en este peligroso equívoco. Hace muchas décadas que la ciencia ya no se define como un conocimiento cierto e indudable (episteme) sino como "opinión justificable" mediante pruebas. 

La certidumbre definitiva es el territorio del dogma, no el de la ciencia. Sin embargo hay malentendidos relacionados con las palabras, falsos sinónimos que simulan nombrar lo mismo pero que no lo hacen.

Verdad: El concepto de verdad es semántico, se refiere a las proposiciones no a los hechos. No existen hechos verdaderos o falsos, los hechos solo pueden ser reales o ficticios. Lo verdadero y lo falso es lo que se dice acerca de ellos (proposiciones).
Plausibilidad: 

El concepto de plausibilidad es gnoseológicoDescribe una idea que se sustenta en el conocimiento disponible, algo que podría ser y que merece ser puesto a prueba para confirmar la hipótesis o para refutarla.

Credibilidad: Es un concepto psicológico. Es el modo en que una persona recibe una afirmación, creyendo en ella. Nada dice de su grado de verdad, ni siquiera de su plausibilidad. De este modo no nos costará nada encontrar en la vida cotidiana ejemplos de afirmaciones que son perfectamente plausibles y muy creíbles, pero falsas. Estas confusiones facilitan que consideremos verdaderas ideas que no lo son y, más grave aún, que actuemos en consecuencia.

Pensar críticamente es una puesta en acción de un modo de reflexionar acerca de lo que intuitivamente consideramos una "verdad indiscutible". Es un despliegue sistemático y pormenorizado de un razonamiento que reclama pruebas e indaga en los orígenes de las creencias, desarticula paso a paso la historia de una afirmación que pocos se animan a poner en duda. Pone al sentido común bajo permanente sospecha.

"Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad. Por eso, hay tantos hombres capaces de comulgar con las ruedas del molino". Antonio Machado, "Juan de Mairena"

¿Por qué esto debería importarnos en medicina?

Los ejemplos abundan, algunos han resultado catastróficos y, lejos de ser una cuestión del pasado, afectan nuestra práctica todos los días. Las hipótesis fisiopatológicas resultan muy atractivas porque coinciden con nuestros esquemas mentales acerca del funcionamiento del cuerpo humano (plausibilidad), esto hace que tendamos a aceptarlas (credibilidad) incluso antes de que se pongan a prueba. Lo "razonable" no siempre es "racional". 

La realidad biológica es mucho más compleja que nuestros esquemas acerca de ella. Sin pretender hacer un análisis exhaustivo de la historia de estos equívocos podríamos mencionar algunos a modo de ejemplo solo para demostrar que no estamos hablando de un tema abstracto y alejado de la práctica sino de uno cotidiano.

* Recomendamos a los padres poner a los bebés a dormir boca abajo para prevenir la muerte súbita; pero ese consejo la incrementó.
 * Recomendamos tratar con fármacos las arritmias premonitorias de fibrilación ventricular en el infarto de miocardio; pero eso aumentó la mortalidad (murió más gente por este motivo que en la guerra de Vietnam).
* Recomendamos la terapia de remplazo hormonal en mujeres post-menopáusicas para reducir las comorbilidades de ese período "normal" de la vida, en especial las cardiovasculares; pero eso incrementó la mortalidad, la trombosis y el cáncer hormono-sensible.
* Recomendamos reducir el consumo de grasas (por su contenido calórico) para reducir la obesidad creciente; pero eso incrementó el consumo de carbohidratos refinados con lo que se multiplicaron de manera epidémica tanto la obesidad como la diabetes y la esteatosis hepática.
* Admitimos que la personalidad neurótica de las madres era la causa del autismo; pero eran los genes y las alteraciones estructurales del desarrollo cerebral.
* Acepamos que el stress crónico causaba úlcera gástrica; pero era el Helicobacter pylori.
* Nos pareció "aberrante" emplear beta bloqueantes en la insuficiencia cardíaca ya que su acción inotrópica negativa contradecía la fisiopatología conocida; pero resultaron extraordinarios, salvaron vidas y hoy son una indicación obligatoria en ese cuadro.
* Nos pareció razonable que el control intensivo de la glucemia en diabéticos era la mejor estrategia para reducir complicaciones; pero aumentaron, incluida la mortalidad.
* Creímos que el síndrome de fatiga crónica era una manifestación moderna de la histeria; pero se trataba de una encefalomielitis miálgica con grave alteración del umbral de sensibilidad central al dolor e incapacidad para oxidar glucosa como sustrato energético, trastornos graves de la inmunidad y alteraciones de la función mitocondrial.
* Se sigue repitiendo que aumentar el consumo de fibras resuelve la constipación cuando hay evidencia de que eso ocurre al reducirlo; o que su consumo protege del cáncer de colon cuando varias revisiones (incluida una de la Colaboración Cochrane) han demostrado que eso no se ha probado jamás.

Por  Daniel Flichtentrei  para IntraMed

Jueves, 19 de diciembre de 2019