Las verdaderas causas de la desigualdad


Por Alfonso Sánchez Peñalver*

El pasado 24 de diciembre, en su habitual mensaje de navidad, su Majestad el rey Felipe VI dijo "es un hecho que en el mundo y también aquí, en paralelo al crecimiento y al desarrollo, la crisis económica ha agudizado los niveles de desigualdad". A mi entender es ésta una frase desafortunada puesto que da a entender que una crisis económica en si es causa de desigualdad económica. Para que ello fuera posible, la crisis económica debería afectar proporcionalmente más negativamente a aquellos de clases económicas inferiores.

La realidad es que una crisis económica afecta a todas las clases económicas de la sociedad y no necesariamente del modo descrito. Si medimos las pérdidas que han sufrido las distintas clases en euros, veremos que las familias de las clases más altas han perdido más riqueza en la crisis que las familias en las clases más bajas. Quizás se refiere su Majestad a que cómo las familias de las clases medias y bajas tienen menor riqueza que perder, lo que pierden representa un mayor porcentaje de su riqueza que las familias de la clase alta, pero esto de verdad no significa que se agudice la desigualdad entre las distintas clases sociales, puesto que la desigualdad se mide en valor absoluto, no porcentual, de la riqueza.

Creo oportuno, entonces, comentar cuales son las causas económicas que están contribuyendo a dicha desigualdad, así como analizar como una de ellas contribuyó a agravar la desigualdad económica durante la reciente crisis en España. Quiero considerar dos motivos económicos que llevan a incrementar la desigualdad de la riqueza entre los miembros de las distintas clases, puesto que vienen a colación del mensaje de su Majestad el rey. El primero es la falta de desarrollo y crecimiento en el capital humano que debe venir por parte de la educación, y el segundo es la política fiscal progresiva que pretende imponer una mayor carga sobre las clases económicas altas y una menor carga sobre las clases económicas bajas.

Consideremos el primer motivo. Su Majestad dijo en esa frase que la diferencia económica se ha agudizado en paralelo al crecimiento y desarrollo. Esto es un hecho constatado y tiene una explicación económica muy sencilla. Tenemos que entender que dicho crecimiento y desarrollo económico de los últimos 40 años es debido a la inversión de capital que ha llevado a que haya un desarrollo tecnológico sin precedentes, y ha permitido la globalización de la producción que ha reducido los costes de producción. Puesto que el crecimiento es debido por una mayor producción del capital, son los dueños de dicho capital quienes han recibido la mayor parte del rédito.

Está claro que la mayoría del capital de las empresas es propiedad de los miembros de las clases más altas. Las clases media y bajas son mayoritariamente trabajadores, y como su productividad no ha crecido tanto como la del capital han visto como su riqueza ha crecido menos que las de los propietarios del capital. El motivo por el que la productividad de los trabajadores no ha crecido al mismo ritmo que el capital hay que buscarlo en la educación que es lo que nos prepara para ser productivos en la sociedad. Si observamos atentamente los estándares escolares han cambiado ostensiblemente en los últimos 40 años y este cambio conlleva que los graduados del bachiller tengan conocimientos más pobres en las materias que son fundamentales en los puestos de trabajos más productivos en la actualidad, y por tanto mejor remunerados. Este problema se traslada a la universidad porque a la edad universitaria es mucho más complicado hacer aprender a los estudiantes la materia al nivel que necesitan, si las bases de las mismas no están bien asentadas en su etapa escolar.

Consideremos ahora cómo la política fiscal progresiva puede agudizar la desigualdad económica, algo que parece sorprendente puesto que su finalidad es precisamente lo contrario. Para aclarar los conceptos, una política fiscal es considerada progresiva cuando la carga fiscal es superior en aquellos que tienen más ingresos, y menor en aquellos que tienen menos ingresos. En España, así como en la mayoría de países, tenemos dos fuentes principales que hacen la política fiscal progresiva: en primer lugar, el impuesto de la renta de las personas físicas (IRPF) tiene una tabla progresiva de tipos; y, en segundo lugar, hay exenciones y ayudas gubernamentales a aquellas familias pobres o de ingresos bajos. Consideremos las exenciones y ayudas gubernamentales a las familias con menos ingresos. Es muy complicado que estas familias vuelvan a ser productivas en la sociedad pues dichas prestaciones gubernamentales presentan una barrera para que los miembros de dichas familias quieran volver a trabajar, puesto que si lo hicieran seguramente sus ingresos después de impuestos serían menores a los recibidos por el gobierno que están exentos de impuestos. Es más, estas prestaciones están consiguiendo que el número de familias que viven de ellas crezca todos los años, puesto que hay familias que se estructuran bien demográficamente, bien económicamente, o ambas, para vivir de las prestaciones gubernamentales sin tener que trabajar. Esto está haciendo que con el tiempo crezcan desproporcionadamente el número de familias en la clase económica más baja.

Algo similar pasa con la tabla progresiva de tipos del IRPF. Lamentablemente, la creación de distintos tramos también impone una barrera para que las distintas familias quieran ganar más ingresos. Esto pasa con una familia que está ganando una cantidad cercana al límite superior de un tramo, y el ganar más le supone ser gravado en un tramo superior y acabar teniendo unos ingresos después de impuestos menores que antes. El incentivo para ingresar más es destruido para muchas familias por estas tablas de tipos progresivas. Obviamente no para todas las familias, pero sí para muchas. Hay que añadir que aquellos que tienen más dinero tienen mayor facilidad para pagar profesionales fiscales que les ayuden a reducir la carga impositiva. Entonces cuanto más alto sea el tramo en los que caen los ingresos, y por tanto más alto el tipo impositivo, el contribuyente tiene un mayor incentivo en contratar profesionales fiscales que ayuden a reducir el total de la carga fiscal, y por lo tanto hacen que dichos porcentajes tan altos no tengan ninguna utilidad.

A muchos la explicación de este motivo les podrá parecer absurdo, puesto que la progresividad fiscal se supone que es algo sagrado. Me gustaría que empiecen a preguntarse por qué, entonces, los efectos de la crisis económica en la desigualdad económica en España fueron mucho mayores que en otros países. Si recordamos bien, una de las primeras medidas impositivas de Mariano Rajoy al llegar a ser presidente de la nación, fue una subida del IRPF que aumentó la progresividad de los tramos: desde un incremento del 0,75% a las bases inferiores, hasta un incremento del 7% a la base superior de 300.000 euros. He aquí una verdadera explicación del porqué la desigualdad económica se pudo acentuar durante la crisis en España. No por la crisis en si, sino por el incremento en la política fiscal progresiva del gobierno, entre otras medidas nefastas que han llevado a que la crisis en España haya sido más longeva que en la mayoría de los países desarrollados.


*Licenciado en ciencias empresariales, Máster en ciencias financieras por Boston College, y Doctor en Economía, con especializaciones en econometría y economía internacional, por Suffolk University. Desde 2003 desarrolla su carrera académica en Estados Unidos, habiendo dedicado cinco años en exclusiva a la investigación de los efectos de distintas políticas fiscales a nivel estatal, desarrollando bien modelos de equilibrio general computables, bien modelos econométricos. En la actualidad es profesor de econometría y matemática económica en University of South Florida. 

Jueves, 2 de enero de 2020